LA POESIA Y LA PINTURA, 1626. Francesco Furini. Galería Palatina, Florencia. "La armonía es más fuerte que la luz"

Descripción de cuadros para Guillermo

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¿QUÉ VIO LA BRUJA DE GOYA EN SU VUELO? (de Juan Manuel Roca)




Cuando su fiel amigo,
Un diablo cojuelo,
La invitó a levantar
Uno a uno los tejados del reino,
No vio nada
Que no supiera ya su padre,
Un pintor sordo y temerario:
Judíos más allá
De los confines de la corte,
Un imperio cainita que reparte
Quijadas de asnos entre hermanos,
Un carnaval
De desvaríos y disfraces.
¿Acaso vio la remesa de enanos
Llegados al reino
Desde Polonia e Italia
Y, sin burla alguna,
Desde los Países Bajos?
De esos feudos llegó
Un bufón tan pequeño
Que traía noticias del subsuelo.
¿Pudo ver el mercado de lazarillos
Que fingían visiones
Y ocultaban sucesos?
¿Vio venir al caudillo
Como a un viejo flautista
Que conduce la turba al precipicio?
Quizá escuchara los trucos
De Quevedo y Velázquez
Para hacerle esguinces a la muerte.
O tal vez,
Los primeros trazos del pintor
Al fijar en el lienzo
El retrato de su amigo,
Poeta de frente amplia
Y de labios mezquinos.
¿Vio el comercio
De grilletes de hierro
En un siglo de oro?
Cuando la corte enviaba enanos
De regalo a la nobleza
Como quien ordena una caravana
De espejos deformes,
La “linda maestra”
Llevaba en ancas de su escoba
Una bruja novicia
Que ocultaba su cara.
Podemos dudar de la existencia
De un dios de la guerra
Concebido a imagen y semejanza
De un regimiento de enanos
Como Mari Bárbola,
Barbarroja, Bonamí o Pertusato.
Solo un dios benigno aceptaría
Tan horrible semejanza,
Pero la clerigalla,
Frailes y trotaconventos,
Hacedores de espejos ciegos
Y doctores del Santo Oficio,
No podrían creer tantas bondades.
Goya y Velázquez,
El perdulario Quevedo
Y el anónimo Lázaro de Tormes,
Vieron el reverso de la historia.
Ellos atraparon sin recelo
Una galería de espantos:
Los jorobados
Que parecen llevar un morral
De piel en sus espaldas,
Los títeres sin cabeza,
Los deshechos y contrahechos,
Los cojos y los fusilados.
¿Por qué la bruja novicia
Que acompaña a la hechicera
Esconde su rostro
En la giba de la maestra?
Podríamos pensar,
Siendo una mujer desconocida
Nacida en una casta de rapaces,
Que se cubra para no ver
Desde el aire nocturno
Los poblados de la razón
Y su cosecha de monstruos
O los reyes vestidos de púrpura
Que ordenan iniciar
El baile teratológico
De la “tiniebla viviente”.

EN LAS MÁS GRANDES ESCENAS DE GOYA... (de Lawrence Ferlinghetti)















 


En las más grandes escenas de Goya nos parece que vemos
                                              los pueblos del mundo
     exactamente en el momento en que
                      por primera vez alcanzaron el título de
                                                               "humanidad sufriente"
Se retuercen en la página
                             con un verdadera furia
                                             de adversidad
Amontonados
                 gimiendo con bebés y bayonetas
                                                bajo cielos de cemento
en un paisaje abstracto de palos secos
                estatuas dobladas alas de murciélagos y picos
                                     horcas resbalosas
                cadáveres y gallos carnívoros
y todos los rugientes monstruos finales
                     de la
                              "imaginación del desastre"
       son tan sangrientamente reales
                                 es como si todavía existieran realmente
Y existen
                  Sólo el paisaje ha cambiado
Todavía están alineados en las carreteras
                  plagadas de legionarios
                                                 falsos molinos de viento y gallos dementes
Son la misma gente
                                         sólo que más lejos del hogar
en autopistas de cincuenta carriles
                           en un continente de concreto
                                        intercalado de blandos anuncios
         representando imbéciles ilusiones de felicidad
La escena tiene menos cureñas
                                 pero más ciudadanos inválidos
                                                    en automóviles pintados
           y llevan placas extrañas
y motores 
                que devoran Norteamérica

CARTA A MIS HIJOS SOBRE LOS FUSILAMIENTOS DE GOYA ( de Jorge de Sena)


No sé, hijos míos, qué mundo será el vuestro.
Es posible, porque todo es posible, que sea
el que deseo para vosotros. Un  mundo sencillo,
donde toda la dificultad que tengan las cosas sea
la que sobreviene de no haber nada que no sea simple y natural.
Un mundo en el que todo esté permitido,
conforme a vuestro gusto, a vuestro anhelo, a vuestro placer
y a vuestro respeto por los otros, al de los otros por vosotros.
Y es posible que no sea esto, que ni siquiera esto
sea lo que os interese para vivir. Todo es posible,
incluso aunque luchemos por lo que debemos luchar,
por cuanto nos parezca la libertad y la justicia,
o más que cualquiera de ellas una fiel
dedicación a la honra de estar vivo.
Un día sabréis que más allá de la humanidad
es incontable el número de quienes así pensaron,
amaron en su semejante cuanto había en él de único,
de insólito, de libre, de diferente,
y fueron sacrificados, torturados, apaleados,
hipócritamente entregados a la secular  justicia
para que los liquidase “con suma piedad y sin efusión de sangre”.
por ser fieles a un dios, a un pensamiento,
a una patria, a una esperanza, o tan sólo
al hambre incontestable que les roía las entrañas,
fueron destripados, desollados, quemados, gaseados,
y sus cuerpos amontonados tan anónimamente como habían vivido,
o sus cenizas dispersas para que ni memoria quedase de ellos.
A veces, por ser de una raza, otras
por pertenecer a una clase, expiaron todos
los errores que no habían cometido o que no tenían conciencia
de haber cometido. Pero también ocurrió
y ocurre que no les mataron.
Hubo siempre infinitas maneras de prevalecer,
aniquilando mansamente, delicadamente,
por caminos tan inescrutables como se dice que son los de Dios.
Estos fusilamientos, este heroísmo, este horror,
es una cosa entre mil que ocurrió en España
hace más de un siglo y que por violenta e injusta
ofendió el corazón de un pintor llamado Goya,
que tenía un corazón enorme, lleno de furia
y de amor. Pero esto no es nada, hijos míos.
Tan sólo un episodio, un episodio breve
en esta cadena de la que sois un eslabón (o no seríais)
de hierro y de sudor y de sangre y algo de semen
de camino al mundo que sueño para vosotros.
Creedme, ningún mundo, nada ni nadie
vale más que una vida o la alegría de tenerla.
Y esto es lo que más importa: esa alegría.
Creedme, la dignidad de la que tanto os hablarán
no es sino esa alegría que viene
de estar vivo a sabiendas de que nunca
nadie está menos vivo o sufre o muere
para que uno solo de vosotros resista un poco más
a la muerte que es de todos y vendrá.
Que todo esto la sabréis serenamente,
sin culpar a nadie, sin terror, sin ambición,
y sobre todo sin desapego o indiferencia,
lo espero ardientemente. Tanta sangre,
tanto dolor, tanta angustia, un día
(incluso aunque el tedio de un mundo feliz os persiga)
no han de ser en vano. Confieso que
a menudo, pensando en el horror de tantos siglos
de opresión y crueldad, dudo por momentos
y una amargura me devasta inconsolable.
¿Será o no en vano? Pero, aunque lo sea,
¿quién resucitará a esos millones, quién restituirá,
no sólo la vida, sino todo cuanto les fue robado?
Ningún Juicio Final, hijos míos, podrá darles
aquel instante que no vivieron, aquel objeto
que no disfrutaron, aquel gesto
de amor, qué hubieran hecho “mañana”.
Y por eso, el mismo mundo que creemos
debemos tratarlo con cuidado, como cosa
no nuestra, que nos es cedida
para que la guardemos respetuosamente
en memoria de la sangre que corre por nuestras venas,
de nuestra carne que fue otra, del amor
que otros no amaron porque se lo robaron.



 

 

EL CUADRO (de Víctor Jiménez)


(Gaspar Melchor de Jovellanos,
por Francisco de Goya)


Como un lento, oscuro, inmenso
mar que anega el corazón,
crece mi desolación
hoy, más cuanto más lo pienso.
Tan débil, tan indefenso
me hallo ante la soledad,
la responsabilidad,
los ataques, las intrigas…
Y carcomidas mis vigas
por la pobreza y la edad.
Y la sombra me aniquila.
No me queda ni la lumbre
del amor ni mi costumbre
de vida dulce y tranquila.
Sólo la luna vigila
el enjambre de mis sienes.
¿Y me dices tú que vienes
a pintarme? Goya, amigo,
si aún te vale este mendigo
de la dicha, aquí me tienes.

Deja, Gaspar, encendida
la luz de la inteligencia.
Ignora toda presencia.
Acomódate y olvida
cuanto no sea tu vida.
Y ahora al fin, amigo fiel,
que, para siempre, la hiel
más honda de tu amargura
se funda con mi pintura
en la llama del pincel.

LA LEOCADIA -Goya- (de Ramón Cote Baraibar)




La Leocadia, 1818-1823
Francisco de Goya
Madrid, Museo del Prado



No se sabe quién está más demente
esta noche de octubre en la Quinta del Sordo:

si la muerte que como un cuervo
poco a poco se acerca por la oscura
barandilla de cobre

o esa mujer tocada por la corrosión
del luto, quien al borde de la cama
donde un hombre cuenta con sus dedos
los últimos latidos de su corazón,

por amor ha decidido ofrecer su cuerpo
para que la muerte a su llegada
la confunda
con la verdadera presa que venía persiguiendo.


LOS FUSILAMIENTOS (de Ildefonso-Manuel Gil)

Los fusilamientos de la Moncloa
Francisco Goya
Museo del Prado


























En aquella ocasión pintaste un grito,
un grito levantándose desde el profundo abismo
hasta tu mano diestra estremecida.

Esa camisa blanca,desgarrada,
esas manos que crecen en la sombra.
ese farol luciérnaga horrorosa
que bebe carmesíes en la tierra,
ese hombre que gime
con atónitos ojos deslumbrados
por la mirada última del mundo
o el otro ya caído que se abraza a la tierra
como con ansia de nacer de nuevo,
y esa fría muralla inexpugnable
de violentas espaldas obstinadas
forman el grito inolvidable, inmenso,
que del odio subió a tu mano diestra.

Después de haberlo visto
nada lo arrancará de la memoria.
Ni los claros de luna,
ni la rosada y virgen luz del alba.
ni primavera en flor, ni lento otoño,
ni árbol ni mar, ni pájaro ni rosa
ni ojos azules en amor mirados
pueden borrar la imagen de esos cuerpos
calmando su profunda sed de vida
en los regueros rojos que de dentro les nacen.

Nada podrá librar al mundo de esa angustia,
de esa agonía lenta de los hombres
en rebeldía inútil
contra el destino del seguro paso,
que inevitable rítmica andadura
acortando las horas,acercándose.

No sé si con zarpazos o temblores
quedó inscrito en tu cuadro este mensaje
que yo digo en palabras llanamente:

"Pasad de largo, si pasad de largo.
No miréis esos muertos
cuyos labios inmóviles os gritan su desprecio.
La vida es vuestra prisa,
vuestro pequeño mundo donde todas las cosas tienen su sitio fijo".

La muerte que aquí alienta
no es esa esbelta dama que conoce
la familiar tibieza de las sábanas.
Esta es la muerte vil de los caminos
cuyos pasos se acercan uno a uno,
hembra mala de noches sin aurora,
nodriza del espanto
hija y madre del crimen.

No la miréis. Para descanso vuestro
he pintado la fina alegoría
de las verdes praderas en declive
donde el amor acampa y el donaire.
A vuestros ojos fáciles he dejado primores,
milagrosas cinturas, tornasoladas tardes
de un arrebol igual que las mejillas
de la muchacha dulcemente amada.
Cómplice malicioso de la risa
he pintado el vacío de unos rostros
que las monedas de oro hermoseaban.
Llevad allí vuestra mirada húmeda.
Aquí sólo deseo que se fijen
los ojos habituados a la muerte:
miradas secas de horizontes anchos
como las tierras de mi nacimiento.

Quiero que me comprendan
los que cuentan el tiempo por latidos
y han pasado despiertos sin temores,
el confín turbio de las pesadillas.

Habitantes de agónicos trasmundos
donde el sueño y la vida se confunden.
ellos son mis hermanos, para ellos
va escrito mi mensaje en este cuadro.

"ENTERRAR Y CALLAR"- Goya - (de Miguel Otero Silva)



      

                                                                                           















                                                                                                                                                
                                                             Goya

Si han muerto entre centellas fementidas
inmolados por cráteres de acero,
ahogados por un río de caballos,
aplastados por saurios maquinales,
degollados por láminas de forja,
triturados por hélices conscientes,
quemados por un fuego dirigido,
¿enterrar y callar?
            
Si han caído de espaldas en el fango
con un hoyo violeta en la garganta,
si buitres de madera y aluminio
desde el más alto azul les dieron muerte,
si el aire que bebieron sus pulmones
fue un resuello de nube ponzoñosa,
si así murieron sin haber vivido,
¿enterrar y callar?
            
Si las voces de mando los mandaron
deliberadamente hacia el abismo,
si humedeció sus áridos cadáveres
el llanto encubridor de los hisopos,
si su sangre de jóvenes, su sangre
fue tan sólo guarismo de un contrato,
si las brujas cabalgan en sus huesos,
¿enterrar y callar?
            
Enterrar y gritar.

SOLILOQUIO DE UN MAMELUCO - Reflexiones ante un cuadro de Goya- (de Fernando Anaya)



El dos de mayo de 1808 en Madrid o La carga de los mamelucos, 1814
Museo del Prado
Franciso de Goya




Nosotros
sucesores del miedo
prole que la denuncia reunió
nacimos para el claustro de una síntesis

condenados a íntimas empuñaduras y a pupilas dispersas

transportamos
una misión malentendida

tan irremediablemente solos
tan lúcidamente distantes

en el ritual de la mayor tristeza
el ciclo
de una tragedia antigua
se cae de nuestros colgantes omóplatos

y mi puño que el miedo instruye
domina la procesión de tus muertos
desde el sabor de la punzada enferma de sí

la blasfemia está agotada de ser enseñanza

y hay una muchedumbre espantando su ceguera
y un doloroso ánimo por testificar lo que sois

un nudo de cuellos aún recientes
que el espléndido peso de la cólera
desfigua

y nuestros músculos que no terminan de hundirse
en al fijación enboscada de su envío...

Desciéndeme te lo suplico
de este cetro de la infamia

quiero llorar por fin.





A GOYA (de Rubén Darío)


Retrato de Francisco de Goya, 1826
Museo del Prado
Vicente López Portaña

Poderoso visionario,
raro ingenio temerario,
por ti enciendo mi incensario.

Por ti, cuya gran paleta,
caprichosa, brusca, inquieta,
debe amar todo poeta;

por tus lóbregas visiones,
tus blancas irradiaciones,
tus negros y bermellones;

por tus colores dantescos,
por tus majos pintorescos,
y las glorias de tus frescos.

Porque entra en tu gran tesoro
el diestro que mata al toro,
la niña de rizos de oro,

y con el bravo torero,
el infante, el caballero,
la mantilla y el pandero.

Tu loca mano dibuja
la silueta de la bruja
que en la sombra se arrebuja,

y aprende una abracadabra
del diablo patas de cabra
que hace una mueca macabra.

Musa soberbia y confusa,
ángel, espectro, medusa.
Tal aparece tu musa.

Tu pincel asombra, hechiza,
ya en sus claros electriza,
ya en sus sombras sinfoniza;

con las manolas amables,
los reyes, los miserables,
o los cristos lamentables.

En tu claroscuro brilla
la luz muerta y amarilla
de la horrenda pesadilla,

o hace encender tu pincel
los rojos labios de miel
o la sangre del clavel.

Tienen ojos asesinos
en sus semblantes divinos
tus ángeles femeninos.

Tu caprichosa alegría
mezclaba la luz del día
con la noche oscura y fría:

Así es de ver y admirar
tu misteriosa y sin par
pintura crepuscular.

De lo que da testimonio:
por tus frescos, San Antonio;
por tus brujas, el demonio.
 



Ermita de San Antonio

Buen Viaje



A LA MAJA DESNUDA (de Rafael Sánchez-Mazas)




















Tú tienes frío hasta los huesos, joya,
y he de echarte una manta palentina;
si dejamos de ver canela fina,
por otra parte la moral me apoya.

Entre ventana, puerta y claraboya,
Cayetana, Fulgencia o Serafina,
se te ha puesto la carne de gallina,
por obra y gracia del señor de Goya.

Tiritas, castigada sin brasero;
en los montes la nieve de enero
y en tus muslos la nieve y las violetas.

Cuando puedes pegarte un buen verano
veneciano, en un óleo de Ticiano,
sin perder lo que valgas en pesetas.

LOS FUSILAMIENTOS - Homenaje a Goya- (de Victoriano Crémer)


Los fusilamientos del tres de mayo, 1814
Museo del Prado
Goya


























En el jardín germinan los cadáveres.
Ángel González


Detrás de los fusiles, ay, detrás de los fusiles
se esconden.
                          Los senegaleses  -Francia de la grandeza-
arrastran los machetes de la selva
y cierran los ojos para espantar los miedos
y acallar las explosiones.
                                               Desde la sombra,
en sombras convertidos.
                                               En cualquier caso,
son españoles los que mueren.
                                                           Contra la tierra
o rechinando arenas y alambradas.
Descamisados. Pueblo. Fantoches que no ceden
frente a los senegaleses sin rostro
bajo los morriones. -Napoleón, oh , Francia-.


                       *  *  *

Mueren de nuevo. Siempre mueren
los mismos y son los mismos  los que matan:
Pueblo alumbrado y senegaleses.
                                                                Goya
descubre el cuadro cuajado de estertores
y le embadurna de color: el amarillo
de la náusea y el blanco
de la camisa. De rodillas.
                                              El pueblo,
desesperadamente de rodillas, muere.
Sobre los cuerpos derribados, sangre
del color de la sangre.
                                          El tonsurado
acaso reza por lso senegaleses.
En  tanto, el pueblo grita, los brazos
alzados, como si midiera 
las proporciones de la rabia.
“Merde” o mierda en castellano.


                     *  *  *

En las aguas calientes de la noche
navegan los palacios.
Ni una flor en el monte.
Sangre y pueblo.
                                Y Goya embadurnando
el gran cartel mural de España.