LA POESIA Y LA PINTURA, 1626. Francesco Furini. Galería Palatina, Florencia. "La armonía es más fuerte que la luz"

Descripción de cuadros para Guillermo

DIANA SORPRENDIDA POR UN FAUNO - Apunte sobre un cuadro de Van Dyck- (de Abelardo Linares)



Diana y una ninfa sorprendidas por un sátiro. Van Dyck, (1622-1627), Museo del Prado, Madrid


El pastoso verdor de la floresta
hace la luz más rubia y en la fuente
el azul resplandece. Vela el aire
una gasa sutil que difumina
perfiles y contornos, devolviéndoles
esa irrealidad de todo sueño.
Su celeste hermosura rescatada
de toda imperfección.        
                                                        Y cristalina 
la carne se columbra, esplendorosa,
en escorzo imprevisto. Todo asombro
para este semidiós de pies de chivo
extático y ardiente, ya atrapado
en su mirar que es llama, llama él mismo,
incontenible, audaz, vertiginosa.

La realidad pujante se desvela
en suavísimos tonos, y él, atento
tan sólo a su deseo, a la belleza
que contempla feliz, ni aún acierta
a ocultarse entre ramas.
                                                       Ya se inicia
la fuga de la diosa, y sólo un gesto,
que intenta ser de miedo y casi es gozo,
delata su sorpresa. Inutílmente
quieren velar sus manos, con un torpe
además impaciente, su belleza,
Que mientras más se cubre, más descubre.



MANSEDUMBRE DE OBRA (de Ramón Gaya)


Acude entero el ser, y, más severa,
también acude el alma, si el trazado,
ni justo ni preciso, ha tropezado,
de pronto, con la carne verdadera.

Pintar no es acertar a la ligera,
ni es tapar, sofocar, dejar cegado
ese abismo que ha sido encomendado
a la sed y al silencio de la espera.

Lo pintado no es nada: es una cita
–sin nosotros, sin lienzo, sin pintura–
entre un algo escondido y lo aparente.

Si todo, puntual, se precipita,
la mano del pintor –su mano impura–
no se afana, se aquieta mansamente.





¿QUÉ VIO LA BRUJA DE GOYA EN SU VUELO? (de Juan Manuel Roca)




Cuando su fiel amigo,
Un diablo cojuelo,
La invitó a levantar
Uno a uno los tejados del reino,
No vio nada
Que no supiera ya su padre,
Un pintor sordo y temerario:
Judíos más allá
De los confines de la corte,
Un imperio cainita que reparte
Quijadas de asnos entre hermanos,
Un carnaval
De desvaríos y disfraces.
¿Acaso vio la remesa de enanos
Llegados al reino
Desde Polonia e Italia
Y, sin burla alguna,
Desde los Países Bajos?
De esos feudos llegó
Un bufón tan pequeño
Que traía noticias del subsuelo.
¿Pudo ver el mercado de lazarillos
Que fingían visiones
Y ocultaban sucesos?
¿Vio venir al caudillo
Como a un viejo flautista
Que conduce la turba al precipicio?
Quizá escuchara los trucos
De Quevedo y Velázquez
Para hacerle esguinces a la muerte.
O tal vez,
Los primeros trazos del pintor
Al fijar en el lienzo
El retrato de su amigo,
Poeta de frente amplia
Y de labios mezquinos.
¿Vio el comercio
De grilletes de hierro
En un siglo de oro?
Cuando la corte enviaba enanos
De regalo a la nobleza
Como quien ordena una caravana
De espejos deformes,
La “linda maestra”
Llevaba en ancas de su escoba
Una bruja novicia
Que ocultaba su cara.
Podemos dudar de la existencia
De un dios de la guerra
Concebido a imagen y semejanza
De un regimiento de enanos
Como Mari Bárbola,
Barbarroja, Bonamí o Pertusato.
Solo un dios benigno aceptaría
Tan horrible semejanza,
Pero la clerigalla,
Frailes y trotaconventos,
Hacedores de espejos ciegos
Y doctores del Santo Oficio,
No podrían creer tantas bondades.
Goya y Velázquez,
El perdulario Quevedo
Y el anónimo Lázaro de Tormes,
Vieron el reverso de la historia.
Ellos atraparon sin recelo
Una galería de espantos:
Los jorobados
Que parecen llevar un morral
De piel en sus espaldas,
Los títeres sin cabeza,
Los deshechos y contrahechos,
Los cojos y los fusilados.
¿Por qué la bruja novicia
Que acompaña a la hechicera
Esconde su rostro
En la giba de la maestra?
Podríamos pensar,
Siendo una mujer desconocida
Nacida en una casta de rapaces,
Que se cubra para no ver
Desde el aire nocturno
Los poblados de la razón
Y su cosecha de monstruos
O los reyes vestidos de púrpura
Que ordenan iniciar
El baile teratológico
De la “tiniebla viviente”.

SANTO DE PALO (de Pedro Salinas)




¿Quién escogió aquel árbol, de entre todos?
¿Qué mirada, en silencio, dijo: ¡Ése!
¿Qué hacha le libró de la conforme
servidumbre selvática,
de la insensible pena de ser bosque?

Ahora a sus pies
arden las llamas, llamas menudas día y noche;
por cada llama alguien quiere una cosa.
de aquellos mismos campos donde estuvo,
vienen
sus hermanos menores, exquisitas
criaturas, las flores; se le apiñan
allí junto, en los búcaros.
Un hálito que brota de sus cálices,
un frescor que traducen de los cielos,
le dicen delicada-
mente que abril ya llueve.
“Nosotros, pecadores,
sí, por nosotros reza, pecadores”
Trascendida madera,
si ahora le devolvieran a su suelo,
allí entre sus hermanos arraigados,
que empiezan a echar hoja,
a él, sin raíces, y su tronco,
de oro, todo y colores,
de humanidad, su tronco disfrazado,
sus familiares de antes, vegetales,
con voces de extrañeza le hablarían.

"¿Quién eres tú? ¿Dónde tus ramas, dónde
las hojas que solías?
¿No sientes ya que el viento te hace música?
¿De dónde te sacaron la mirada
y su tristeza? ¿Dónde están tus nidos?
¿Los pájaros, te quieren?
¿Vienen en ti a vivirse, todavía?"
"Nosotros, pecadores,
sí, por nosotros reza, pecadores."

"Soy santo. Mis raíces
son la vida y la muerte de un hombre de hace siglos.
Soy su carne, sin carne.
Ni mi cuerpo ni el suyo
de pecado supieron; así, iguales.
Mi cielo no es el vuestro, está más alto.
Hombres, mujeres, vienen, se me hinojan,
hablan bajo; yo entiendo y no los oigo.
Alzan a mí miradas tan profundas
que las siento con algo que no es mío,
que no es vuestro, es de él.
Separado nos han, hermanos vegetales,
ya de tanto rezarme, ya de tanto
quererme. Vuestro hermano aún soy en las entrañas
sordas de la materia primitiva.
De vosotros me siento
cuando el calor de agosto, entre mis fibras
me chasca la pintura. Pero alguien
entre vetas y nudos,
como los vuestros, que en ceniza acaban,
me ha encendido,
arder que no termina, luz de inmortalidad:
me ha puesto un alma.
Susurros suplicantes
allí, a mis pies, el aire de los rezos,
ese es mi viento.
Y las almas, ahora, son mis pájaros".



ELEGÍA A JAVIER WINTHUYSSEN, PINTOR Y JARDINERO (de Adriano del Valle)


Javier Winthuysen Losada (Sevilla, 1874 - 1956)










Enjardinado con la luz del alba,
fauno de fuentes, domador de ríos,
oso floricultor con piel de pétalos
que apacentara flores en rebaños,

se nos subió a pintar, así San Lucas,
a la región de la que no se vuelve.
Si él hace buenas migas con los ángeles,
algunos de ellos le dará sus alas

diciéndole, en su lengua de arco iris,
"Toma, Javier; no quiero que te canses".
Y alegre volará con sus colores

e irá a pintar el solio de los Santos.
Murió cuando crecía para estatua
o, noblemente anciano, para roble.






Jardín de Monforte. Valencia

DEL ENTIERRO DE LAS MENINAS Y OTROS ASUNTOS (de Juan Manuel Roca)





                                     I.

No es de suyo permitido asistir a un entierro a los bufones.
Ni Mari Bárbola ni Nicolás Pertusato, enanos de la corte,
Ni siquiera la infanta Margarita María asisten
Al entierro de las Meninas, damas de honor dignas
Del más blanco Alcázar. El pintor ha muerto antes
Que las Meninas, aunque allí lo veamos, con su pincel
Y su paleta, de seguro pintando el cuadro donde
Ocurre el universo. El perro Fides, el fiel
Can que soporta las patadas menudas del enano,
Quizá ladre a su sombra en la eternidad. José Nieto, aposentador
De la Reina, ya se fue de la puerta, andando en puntillas
Por senderos de bruma, por los fríos salones del Escorial.
El espejo, descongelado, ha engullido
Los torsos, las manchas tutelares de los soberanos.
Don Diego sopla un aliento humano a la infanta, a las Meninas
Y bufones, y hasta el perro tiene algo de triste humanidad.
No así los reyes, flotantes en el cristal como si fueran
Más reflejo que mirada, más eco del espejo que del mundo
No es de suyo permitido asistir a un entierro a los bufones.


                                II.

Pero es de ley que asistan a su propio entierro los bufones.
Lejos del lienzo, lejos de Velásquez, lejos del viejo Imperio,
Su Beatífica excrecencia llama, de nuevo, a sus payasos.
La noche es vieja desdentada, madrastra de un país
Que no conoce el sueño. Un cartel los llama por su paga:
Botones de hojalata, flores tardías, lentes ahumados
Para no ver las carnes del Rey que va desnudo por las calles.
Una luna frugal para su hastío: la bufonería, los poetastros
Lamen su pan, alquilan las cabezas para comprarse un sombrero.
Es de ley que asistan a su entierro los bufones
Cuando cruza la tarde, desangrando rosas.
Más enanos que Mari Bárbola, mucho más que Pertusato,
Los cortesanos, donde uno mire, los huecos cortesanos,
Reyes sin trono, torres sin almenas, ruecas sin hilo.
Por allí cruza la tarde, desangrando rosas.

                          

CUADROS (de Adam Zagajewski)



Han quedado pocos cuadros en las paredes 
de la casa de la calle Krakowska. (¿Por qué 
calle Krakowska en Cracovia? ¿Es que la ciudad 
no estaba segura de cómo volver a sí misma?).

Ahora todo esto ya no importa: 
los nombres de las calles, tu patriotismo local
hacia Kazimierz, tus leales fotografías 
de viejos edificios, de puertas raspadas.

Ahora ni tan sólo aquella casa existe. 
En las telas hay caras humanas, cuerpos de mujeres,
grises y rosados, amarillas manchas del mundo. 
Dibujos y esbozos de desnudos, estudios del enjecimiento,

naturalezas muertas; algunas, polvorientas 
y muertas doblemente; otras, frescas 
como las frutas en el mercado, brillantes 
con la luz recordada de junio.

En verano la luz cae directamente 
sobre los objetos, y en invierno, perezosa, 
se esconde en los armarios duerme en el horno, 
como los minerales en las virinas de un museo.

Magnífico conversador, devoto de Caravaggio, 
desapareciste después de meses de enfermedad, 
hubo sufrimiento y valentía en tu morir. 
Han quedado los cuadros y la amistad,

unas telas que no entienden 
su abandono, el crepúsculo,
y una amistad que, evidentemente, 
aún dura, pero que se ha quedado viuda.


CUADRO (de Bengt Emil Johnson)



Alguien que está en un rastrojo.
Dice algo.

Una cerca.

Detrás de él la zanja que cavó, aunque
no se ve.

El rastrojo termina.
Él ha dicho algo.
Está diciendo algo.
Va a decir algo,

mientras exista la imagen,
mientras se recuerde la imagen.

Lo dicho no importa nada.



LA CENA DE EMAÚS -LA MULATA- ( de Maria Tecla Portela Carreiro)

 
















 La cena de Emaús. La mulata
Diego Velázquez, hacia 1618-1622
National Gallery de Dublín, Irlanda

Si yo pudiera saber
qúe ancestros tiznaron
la piel de tu color,
en qué lugar, por ti soñado,
se dobló el turbante de tus pliegues,
chiquilla,
de tu  escofieta,
en qué Cena te ausentas hoy,
y en qué mundo,
mulata... 

Tal vez supiese también 
con qué palma, o con qué esparto,
se entretejió el enigma de tu esportilla,
qué vituallas escondiste, celosa,
en la albura de tu lienzo,
y qué aliño majas, mulata,
en tu mortero...

Y sabría 
con el mosto de qué lagares,
con el óleo de qué almazara
preparas tus condimentos...
Y para Quién, mulata,
para qué Cena.



A UNA PINTURA CONFUSA DE LA GLORIA (de Fray Diego Tadeo González)


Una rara visión que representa
un conjunto de varias confusiones,
en color de azafrán y de pimienta,
donde a costa de muchas atenciones
solo nota la vista más atenta
manos, patas, cabezas, pies y alones,
¿por qué motivo se ha de llamar gloria?
¿No era mejor llamarlo pepitoria?



DIEGO VELÁZQUEZ (de Blas de Otero)



Enséñame a escribir la verdad,
pintor de la verdad.

 
Ponme la luz de España entre renglones,
la impalpable luz que tiembla
en tus telas.

 
Dirígeme los ojos hacia abajo:
gente humillada y despreciada
de reyes, conde-duques e inocencios.

Que mi palabra golpee
con el martillo de la realidad.

Y línea a línea, hile
el ritmo de los días venturosos
de mi patria.

ÉCFRASIS DE FRA ANGÉLICO (de Encarnación Sánchez Arenas)



Fra Angelico, 1441, convento de San Marcos, Florencia.


¡Eres adorado!
Santa Catalina
en aquella esquina,

y al lado derecho
San Pedro venera,

siendo de provecho
nuestra paridera.

Amor de santera
reza Palestina
¡la paz peregrina!

Y en místico rezo
de orden dominico

es el aderezo
de este villancico

con buey y borrico.
Mística doctrina
que nos encamina.

AL CUADRO Y RETRATO DE SU MAJESTAD QUE HIZO PEDRO PABLO DE RUBENS, PINTOR EXCELENTÍSIMO (de Lope de Vega)


Copia de la obra perdida de Rubens según Velázquez, Retrato alegórico de Felipe IV, h. 1645. Florencia, Uffizi




 
Durmiendo estaba, si dormir podía,
el instrumento del poder divino;
Naturaleza hermosa
a sombra de su misma fantasía,
la nieve celestial bañada en rosa,
cansada de pintar; la generosa
tabla sobre la hierba,
que las reliquias del pincel reserva;
confusas las colores,
como suele entre varios resplandores
al ocaso del sol mirarse el cielo,
sin arte el puro velo,
vestido de topacios y jacintos,
cuanto varios y hermosos indistintos,
descansaban ociosos 
los pinceles, que duermen pocas veces,
de dar habitadores vagarosos
en ciudades de nubes a los vientos,
y ejércitos de flores y de peces
a los dos abrazados elementos;
aunque viendo en las puntas las colores,
las limpiaban solícitas las flores,
quedando de tocar a los pinceles
en púrpura teñidos los claveles; 
la maravilla en oro,
en blanco esmalte con mayor decoro 
los átomos de nieve, los jazmines,
y el breve y casto honor de los jardines,
desde que nace cana
la azucena en cristal, la rosa en grana,
cuando el flamenco ilustre,
de Italia envidia y de su patria lustre;
cuando el nuevo Ticiano,
si no mejor pincel y diestra mano,
porque vive y le vemos
-que los ingenios en su ciencia extremos
no tienen para ver la eterna Fama
y del laurel la victoriosa rama,
sin envidia crecida, 
mayor contrario que su propia vida-;
cuando Rubens, con paz de los pintores,
cubierto de las flores
que la selva discípula imitaba,
mientras Naturaleza descansaba,
aunque su eterno autor, siempre despierto, 
los pinceles le hurtó; si bien es cierto
que si se los pidiera se los diera
para que su poder sustituyera.
Las aves, que entretanto
cómplices fueron, suspendiendo el canto;
las fuentes que la plata detuvieron,
unas cantaron y otras se rieron
del hurto generoso;
la Envidia solo en sátiro celoso
convertida intentaba
que el agua, que en las piedras se quejaba,
y el viento, que en los árboles hería, 
hiciesen una bárbara armonía
porque Naturaleza despertase
y el hurto de las manos le quitase.
Mas ya el varón ilustre sobre el lino
diseñaba el retrato del divino
Felipe, y las colores aplicaba
cuando naturaleza despertaba,
y no hallando pinceles ni colores,
examinó las flores.
Ellas, como culpadas,
porque de ellas estaban matizadas,
dijeron que fieles
limpiaron solamente los pinceles
para estar más hermosas. 
Naturaleza entonces a las rosas
dijo que por castigo les daría
belleza que durase sólo un día.
Más informada de la Envidia fiera
que Rubens de imitarla con deseo,
era de sus pinceles Prometeo,
dejando la segunda Primavera,
buscarla intenta por diversas vías;
pero como tardase doce días,
cuando en la sala entró donde pintaba,
halló que el cuadro, que acabado estaba,
representaba una famosa historia,
de Felipe blasón, de Rubens gloria.
En un caballo le miró tan vivo,
tan fuerte, tan fogoso, tan altivo,
que al tiempo que las manos levantaba
por no romper el lienzo no bufaba.
Estaba el joven dulcemente bravo
con el fuerte bastón poniendo un clavo
a la rueda veloz de la Fortuna,
con que ya no podrá temer ninguna.
Y como suele sol por alto monte
del Pegaso Belerofonte,
en su mismo esplendor amanecía,
el antípoda adusto le seguía
con la fuerte celada a largo paso,
que a la espalda del sol sirvió de ocaso,
la obligación católica delante
del Jupiter de España semejante
a Carlos, su divino bisabuelo,
rayos nacidos en el mismo cielo;
a un monstruo hersiarca disparaba,
que de las propias nubes se formaba.
La Fe sobre los hombros le ponía
el peso, que contento recibía
de dos alados niños ayudado,
que alivian a los reyes el cuidado.
Viendo Naturaleza el gran portento,
la majestad del cuadro, el fundamento,
el arte y la moral filosofía,
y a Felipe, que casi hablar quería,
dijo: "Por mucho estudio que pusiera,
no es posible que yo mejor le hiciera;
Felipe es Alejandro, tenga Apeles,
que yo doy por bien hurtados mis pinceles".


BAILARINA OYENDO TOCAR ÓRGANO EN UNA CATEDRAL GÓTICA -JOAN MIRÓ- (de Jesús Hilario Tundidor)



De pronto el viento, el aire, la humedad y la vida
en un río sin cauces, sin riberas ni chopos
caen
desde el órgano múltiple y toda
la ternura ojival allí penetra.

Ciegas arquerías, toral mirada múltiple
aleteo de Dios, estrellas
que aún perduran, como palomas cuya
soledad no es la muerte. Pero
¿dónde la danza, el paso
que extiende el pie desde un rojo remoto
que fluye? ¿Dónde el delicado pezón que se abre
a un ritmo, el movimiento, su eternidad
perecedera? ¿Qué exedras, qué ámbitos
infinitos del templo, lo corcovo
del contrapunto y alma y quién diría?
¿Dónde tú, poseedora
de la hermosura, brevísima cintura,
magia o tobillo a quien indefinida
mente asiste la realidad?                                                         
La realidad que nace,
que se escucha nacer y hacerse forma,
línea delgada que organiza el sueño.
Y así se oye un color: azul
mediterráneo canta
el mar, un rojo limpio, blancos... Inocente
universo, vulnerado vacío,
intimidad en cuya hondura el órgano
dilata la frontera
del ser y cálido
en su ardor allí ilumina.

De pronto el viento, el aire, la humedad, y la vida
llegan.
Joan Miró contemplaba y ahora existen. 
 Bailarina oyendo tocar órgano en un catedral gótica
Joan Miró


TROMPE L´OEIL (de Jaime Gil de Biedma)




                   A la pintura de Paco Todó


Indiscutiblemente no es un mundo
para vivir en él.


Esas antenas,
cuyas complicaciones, sobre el papel, adquieren
una excesiva deliberación,
y lo mismo esos barcos como cisternas madres
amamantando a los remolcadores,
son la flora y la fauna de un reino manual,
de una experiencia literal
mejor organizada que la nuestra.


Aunque la vaguedad quede en el fondo
- la dulce vaguedad del sentimiento,
que decía Espronceda -, suavizando
nuestra visión del tándem y la azada,
de todos cuantos útiles importa conocer.

(Como aquellos paisajes, en la Geografía
Elemental de Efetedé,
con ríos y montañas abriéndose hacia el mar,
mientras el tren, en primer término,
enfila el viaducto junto a la carretera,
por donde rueda solitariamente
un automóvil Ford, Modelo T.)


Que la satisfacción de la nostalgia
por el reino ordenado, grande y misterioso
de la tercera realidad
no sólo está en el vino y en las categorías:
también hacen soñar estas imágenes
con un mundo mejor.


Las lecciones de cosas siempre han sido románticas
- posiblemente porque interpretamos
los detalles al pie de la letra
y el conjunto en sentido figurado.