LA POESIA Y LA PINTURA, 1626. Francesco Furini. Galería Palatina, Florencia. "La armonía es más fuerte que la luz"

Descripción de cuadros para Guillermo

TIZIANO. ÚLTIMO AUTORRETRATO ( de Luis Antonio de Villena)



 
Sabía que en sus últimos años Botticelli
–de tan hermosa vida, y tanto la añoraba-
quemó lienzos con mujeres desnudas,
cartones con faunos encendidos, mozas alargadas,
mucho proclive al cuerpo, vigores de la nueva carne,
porque consideró que cuanto había hecho
era todo pagano. Y viendo el fin de sus días,
el áspero serrín en que concluye todo,
abominó de la pompa, de cuanto lujo ardiera
en el festín opulento y vivo de las vanidades.
Y se miró Tiziano en un espejo
(bien rebasados los setenta y cinco años)
y dijo: Yo también lo quemaría todo.
Amo aún el cuerpo y su belleza
pero apenas me miro ¿qué importa ya la llama?
Estoy cansado y viejo,
la lucha pertinaz me ha dejado sus señas,
la boca está seca y en el ojo hay desprecio.
¡Dios mío! Yo sé que nada queda,
que fue nada tanto turbio cortejo de placeres,
y que Tú nos has dicho que tampoco es la Fama
la reina presentida, pues el mundo es caduco…
¡He sufrido tanto, Señor, tan de continuo
he sentido que no alcanzaba el punto deseado,
debí tanto luchar y someterme,
salvar restos de oro donde sólo hubo barro,
abaratarme tanto, engañarme en el ruido,
paliar mi dolor con la luz y fulgor de la carne!
Hay tanta sequedad en este rostro,
tanto vacío ardor adherido a la pie,
has hecho tan bien tu obra en mí, Señor terno,
que ¿por qué habría de quemar lo que no es ya nada?
Quemado estoy por el tiempo acre,
desgastado por el híspido contacto con la vida,
Autorretrato.
Tiziano (Museo del Prado)

y sólo anhelo descansar, apaciguarme,
sólo cesar en una paz muy larga, sin sonido.
Si tus ángeles vinieran a salvarme, Dios,
si ellos me arrebataran y me dieran consuelo,
ería tan feliz que nada importaría cuanto he hecho
en su espera; y si al vacío ha de seguir vacío,
también mi obra es nada y la quietud anhelo.
No he de quemar lo último que he hecho
ni tanta carme rubia en honor de la vida.
 Soñé. Soñé con esa dicha y veo ahora el absurdo.
Exista lo que exista, venga lo que viniera
tras las postrimerías, no hay razón a pintar.
 Es engaño. Un dulce engaño a los sentidos.
 Pero tampoco importa afanarse en su contra.
La nada es el final, y en mí mismo la veo.
Estos huesos que palpo, estos ojos abrasados y ciegos,
la piel de tres milenios y las manos quebradas,
 este resto orgulloso de lo que fuera un dios
está diciendo: ¡Todo, todo lo arde el tiempo!
 Nada soy, nada quiero o espero. Dame tan solo, Dios,
largo descanso, lejos de este orbe tan cruel y tan bello.


(de "La belleza Impura" Ed: Visor)