La Poesía y la Pintura. 1626. Francesco Furini. Galería Palatina, Florencia. "La armonía es más fuerte que la luz"

SILENO -José de Ribera- (de Rafael Rosado)


Sileno ebrio, 1826
Museo de Capodimonte, Napoles
José de Ribera




























La glotonería de tu lengua
se derrite en astucias.´
Polula el sátiro adamado;
los lunares son flores.
Sobre la panza ostentas
el gorro frigio:
Escapulario de agitadores.

Ese furtivo hilo de saliva
recrea el juguete de tus carnes;
nos muestra la generosidad del deseo.
Una copa repleta de risueñas bocas.
Azúcar.
La mueca anula al monosílabo;
Trenza los labios.


UNA ACLARACIÓN (de Carlos Navarro Repiso)


Saben muy bien los lectores
que la Prensa en general
imprime muchos errores.

Refiriéndose al retrato
de cierto escritor noblote,
dióle un diario un mal rato,
diciendo que "era el retrote
del eximio literato".

Notó la equivocación
el que así mortificaban
y, con gran indignación,
pidió a los que le ferraban
una rectificación.

Pronto apareció una nota,
advirtiendo a todo el mundo
-que no entendió una jota-:
"Reterta es un error profundo;
quisimos decir: retrota."

En fin , que puesto en un brete,
triunfador, felice y pío,
aclaró el periodiquete:
"Lo de retorte fue un lío.
Debimos poner: ¡Retrete!".

"ENTERRAR Y CALLAR"- Goya - (de Miguel Otero Silva)



      

                                                                                           















                                                                                                                                                
                                                             Goya

Si han muerto entre centellas fementidas
inmolados por cráteres de acero,
ahogados por un río de caballos,
aplastados por saurios maquinales,
degollados por láminas de forja,
triturados por hélices conscientes,
quemados por un fuego dirigido,
¿enterrar y callar?
            
Si han caído de espaldas en el fango
con un hoyo violeta en la garganta,
si buitres de madera y aluminio
desde el más alto azul les dieron muerte,
si el aire que bebieron sus pulmones
fue un resuello de nube ponzoñosa,
si así murieron sin haber vivido,
¿enterrar y callar?
            
Si las voces de mando los mandaron
deliberadamente hacia el abismo,
si humedeció sus áridos cadáveres
el llanto encubridor de los hisopos,
si su sangre de jóvenes, su sangre
fue tan sólo guarismo de un contrato,
si las brujas cabalgan en sus huesos,
¿enterrar y callar?
            
Enterrar y gritar.

REFLEXIONES DEL PINTOR JAMES ENSOR (de José Pérez Olivares)


La entrada de Cristo en Bruselas, 1888-1889
Musée Royal des Beaux-Arts, Amberes
James Ensor






El vulgo sólo distingue desorden, caos, incorrección
J.F

Para los niños nómadas
he pintado la entrada de Cristo en Bruselas.
Para los indiferentes, los Obispos y las coristas
he pintado la entrada de Cristo en Bruselas.
Para los desesperados
que van rastreando un cuerpo debajo de la lluvia,
para taumaturgos y suicidas
he pintado la entrada de Cristo en Bruselas.
Pudiera parecer absurdo pintar a Cristo
rodado por esa gentuza;
pudiera ser banal
poner mi arte en función de tanta mediocridad.
Sin que nadie lo supiera tomé el pincel y los colores
y pinté esas máscaras chillonas,
apreté un tubo de carmín y apareción una legua;
hice un trazo al azar
                                         y surgió, vehemente, un grito.

Todo el día
y la noche que sigue a ese día,
y la madrugada siguiente
pinté y pinté sin cesar
                                           la entrada de Cristo en Bruselas.
Aquellos rostros asustan;
hay en ellos tanto miedo, tant fealdad;
hay tanta demencia en este cuadro,
y en el centro está Él
y la ciudad de Bruselas al fondo.
En realidad no hay rostros, sino máscaras;
tampoco existe ciudad
                                             sino un infierno de colores.

No sé quién vendrá a contemplar esta obra.
La gente, al verla, se escandalizará
y apartará su vista de allí
como se aparta la vistra de algo indecente.
En realidad, es una pintura indecente
para un mundo indecente.
Y todo cuanto he representado
no es más que pura indecencia.
Por eso lo titulé
                               "Cristo entrado en Bruselas".
Donde está el horror, ahí debe estar Cristo.
Donde está la sobervia, debe estar Cristo.
donde está la indecendia, Cristo también.

Estoy llamando a Cristo con mi cuadro.
Esoy diciéndole: "Señor, este fue el mundo que tú creaste a imagen y semejanza".

Antes de que la muchedumbre derribe mi puerta
y me aprratre como un fardo
y me abofetee y escupa
por pintar tu rostro entre asesinos y prostitutas,
he de terminar, por fin, tu mirada triunfal en Bruselas.




LA GRAN OLA (de José Pérez Olivares)


La gran ola de Kanagawa, entre 1830-1833
Museo Metropolitano de Arte, Nueva York
Katsushika Hokusai

























Supongamos que la Gran Ola cobra vida en el viejo grabado de Hokusai, y desciende con toda su fueza sobre las islas y los mares de Japón. Es una ola gigantesca arrastrándolo todo, una ola rugiente nacida, de súbito, en un extraño meridiano envuelto en los efluvios del calor y las estaciones muertas.
Supongamos que esa ola es la última noticia del siglo. Surgió en la mano del artista y ahora es un poderoso remolino de agua, una tromba a la altura de un rascacielos neoyorkino.
Cuando termino de escribir este poema, la Gran Ola estará arribando seguramente a la tibias aguas del Caribe, precedida de vientos que azotarán el litoral y la bahía. Su espuma amenazante mojará los pies de los niños, saltará los peldaños que conducen a mi casa, se deslizará por debajo de la puerta rumbo a las grises habitaciones donde yo deambulo conversando con mi sombra a la caída de la tarde.
La última imagen que tendré será la de mis papeles flotando con pereza encima de una ola.


REFLEXIONES A PROPÓSITO DEL 183.º CUMPLEAÑOS DE J.M.W. TURNER (de Gael Turnbull)


The Burning of the Houses of Lords and Commons,1835.
Philadelphia Museum of Art
J.M.W. Turner


























Un explosivo fue ocultado debajo de los cimientos y detonó...

El sol ha desaparecido dejando una parte de sí adherida a
    diversos fragmentos de vapor. Un soberano de oro viene
    bien como sustituto.

El cielo ha sido arrancado del horizonte. El azul está pagando
    el precio partiéndose en fisuras radiales de índigo. Hay que
    clavarlos de algún modo con remaches de carmín.

Luego regresa a casa, disfruta de un vaso de jerez y obsérvalo
     de nuevo.

Mañana comenzará la reconstrución de los cielos. Mientras
     tanto, esta noche, la demolición no está exenta de
     atracciones.

Los accidentes también pueden ser muy fecundos.

Sin olvidar el clima. Un tema de conversación muy conveniente.
     La humedad ha penetrado más profundamente de lo que
     habíamos supuesto. La luz misma está deformada. Incluso las
     nubes se ven afectadas por el moho.

Nuestro texto para la ocasión es: "...predicar la liberación de
    los cautivos y la recuperación de la vista a los ciegos, liberar 
    a aquellos que están heridos...".

Los colores apresados en la luz del día.



LA ÚLTIMA CENA. ESCUELA VENECIANA, SIGLO XVI (de Hans Magnus Enzensberger)



Cena en casa del señor Levi, 1573
Galería de la Academia de Venecia
 Paolo Veronés







 




I

Al terminar mi Última Cena,
trece metros por cinco y medio,
monstruosa tarea, pero bastante bien pagada,
surgieron las preguntas de siempre:
¿Qué significan todos estos extranjeros
con sus alabardas? Visten
como herejes, o como alemanes.
¿Le parece normal
pintar a san Lucas
con un palillo de dientes en la mano?
¿Quién le metió en la cabeza la idea
de sentar moros, borrachos y payasos
a la mesa de Nuestro Señor?
¿Hemos de soportar a un perro
olfateando, a un enano con una cotorra
y a un mameluco sangrando por la nariz?
Señores míos, dije, he inventado
todo esto para mi propio placer.
Pero los siete jueces de la Santa Inquisición,
dejando ondear al viento sus túnicas de seda roja,
murmuraron: No nos convence.


II


Sí, he pintado cuadros mejores,
pero ese cielo muestra colores
que no encontraréis en ningún cielo
que no haya sido pintado por mí;
me complacen estos cocineros
con sus largos cuchillos de carnicero,
y estos hombres vestidos con capuchas
adornadas de piel, con penachos
de plumas de garza,
con turbantes tachonados de diademas
y perlas; y qué decir
de la gente embozada
subida a los techos más distantes
de mis palacios de fachada de alabastro,
recostadas en los parapetos a una altura de vértigo.
No sé lo que buscan. Pero no os miran a vosotros,
ni tampoco a los santos.


III

Os lo he dicho una y otra vez:
No hay arte sin placer.
Esto es cierto hasta en las interminables crucifixiones,
los diluvios y las matanzas de inocentes
que me pedís que ejecute,
no puedo imaginar por qué.
De modo que cuando los suspiros de los críticos,
las sutilezas de los inquisidores
y las pesquisas de los escribas
fueron demasiado para mí,
rebauticé mi
Última Cena
y decidí llamarla

Una cena en casa del Señor Levi.

IV

Espera y verás quién tiene la última palabra.
Toma mi
Santa Ana con la Virgen y el Niño, por ejemplo.
No es un tema muy divertido.
Pero debajo del trono,
en el piso de mármol bellamente decorado
de un rosado arenoso, negro y malaquita,
coloqué, a modo de gracia redentora,
una tortuga de ojos vidriosos,
patas elegantes y un escudo
de carey casi translúcido.
Maravillosa idea.
Resplandecía bajo el sol como una enorme peineta
de concha perfectamente arqueada,
color topacio.


V

Pero en cuanto la vi arrastrándose,
pensé en mis enemigos.
Los galeristas balbuceando,
los profesores de arte silbando,
y los pedantes eructando.
Antes de que los parásitos tuvieran oportunidad
de explicármela,
tomé mi pincel
y sepulté a mi criatura
bajo unas discretas losas
de mármol negro, verde y rosado.
 Santa Ana no es mi obra más famosa,
pero tal vez sea la mejor.
Nadie más que yo sabe por qué.



LA REPRODUCCIÓN PROHIBIDA (de Santiago Elso Torralba)


La reproducción prohibida (Retratro de Edward James )
Museum Boymans-van Beuningen. Rotterdam.
René Magritte




En dos espejos puestos cara a cara,
no tiene fin el fondo, cada cosa
prolifera, se vuelve numerosa,
no es una ya; lo singular declara
que él es plural y múltiple, y no para
cada imagen de hacerse tan copiosa
que nos parece entonces que rebosa
el mundo de apariencias. Quien buscara
en este abismo algún original,
no lo hallará, y si todo se repite
es porque juega el Ser al escondite
fugándose hacia el fondo del cristal.
¡Qué pobre el hombre al ver su nuca propia:
no piensa que él también será una copia!

PINTORES (de Ignacy Krasicki)


Hubo en cierta  ocasión dos retratistas:
Pedro era bueno y pobre; Juan era malo y rico;
Hambre pasaba Pedro, aunque era un gran pintor.
Mas Juan, pésimo artista, un gran lucro obtenía.
¿Por qué tan desigual tuvieron el destino?
Pedro era fiel a los rostros que pintaba;
Juan belleza a los rostros añadía.


REMBRANDT EN UNA VENTANA DE AMSTERDAM (de Felipe Juaristi)


Quiere Rembrandt pintar el infinito
traer el infinito             a los ojos
                                        a los dedos      a los oídos
                                                                  a los vientos
denso                            blando profundo
es el infinito
mira por la ventana
pasa elegante una mujer
joven todavía               agua                 fuego.
piensa Rembrandt que es nieve
no hay palomas en el cielo                nubes cubren la ciudad
blanca       huidiza es la felicidad
pasa lento un hombre de edad madura
un carro                        transporta      el cansancio.
tiempo                           tiempo             tiempo.
piensa Rembrandt que es la noche
negra lluvia                  negra mar       negra fachada de la ciudad
Muerte                           Muerte             Muerte
pasa un regimiento de soldados
ronda diaria                 alegre               ruidosa
bosque con todos los colores desplegados
pájaros enseñando orgullosos sus plumas
los mira                         tras los cristales,
mas se han ido ya en silencio
el jinete polaco           el infante español ligeros
son crueles los ojos del soldado
duros                            sin brillo
aprisa                           aprisa                aprisa
tras el infinito siempre
Rembrandt no puede cerrar las ventanas
la vida pasa por delante
chicos y chicas jugando,
herejes encadenados hacia el muelle nuevo    exilio,
mujeres adineradas charlan               amantes de Dios
burgueses hacia la Bolsa          amantes de la geografía oriental
Spinoza                         Spinoza             Spinoza
geómetra de sentimientos                     esteta de las pasiones
mide el infinito             con paso incierto
quiere pintarlo             quiere tenerlo
quiere traer el infinito a la luz
pero sólo aparece su propia imagen de pintor
la cara del infinito
tiene pequeños los ojos






SOLILOQUIO DE UN MAMELUCO - Reflexiones ante un cuadro de Goya- (de Fernando Anaya)



El dos de mayo de 1808 en Madrid o La carga de los mamelucos, 1814
Museo del Prado
Franciso de Goya




Nosotros
sucesores del miedo
prole que la denuncia reunió
nacimos para el claustro de una síntesis

condenados a íntimas empuñaduras y a pupilas dispersas

transportamos
una misión malentendida

tan irremediablemente solos
tan lúcidamente distantes

en el ritual de la mayor tristeza
el ciclo
de una tragedia antigua
se cae de nuestros colgantes omóplatos

y mi puño que el miedo instruye
domina la procesión de tus muertos
desde el sabor de la punzada enferma de sí

la blasfemia está agotada de ser enseñanza

y hay una muchedumbre espantando su ceguera
y un doloroso ánimo por testificar lo que sois

un nudo de cuellos aún recientes
que el espléndido peso de la cólera
desfigua

y nuestros músculos que no terminan de hundirse
en al fijación enboscada de su envío...

Desciéndeme te lo suplico
de este cetro de la infamia

quiero llorar por fin.





SONETO Y RETRATO DE LA MUJER AMADA (de Jacabo Rauskin)



Antes de encaminarme a la blancura
de tu blusa, de un lirio, de otras flores,
cuando nada sabía de colores,
de falsa perspectiva, de pintura ;

antes de verte a ti dejar la oscura 
noche encendida en dulces miradores
y de entender por qué unos resplandores
iluminan el trazo que hoy me apura,

algo de ti sabía que entreveo
ahora, en este instante, cuando pienso
al pie del verso que mi pluma pinta,

al pie de un cuadro que en mi verso veo:
goza la luz bañándote en lo inmenso
y en tu figura al sol, hecha de tinta.



GIOVANNI ARNOLFINI Y SU ESPOSA – De Jan Van Eyck- (de Hebert Abimorad)



cabe tanto
en este pequeño mundo
en esta inmensidad
de colores radiantes
las manos invitan a entrar
toda escena seductora
esconde algo
dudo antes de atravesar el umbral
de la habitación confortable
donde la luz ilumina y unifica
suavidad en la prendas de vestir
quiero entrar me detengo
es una trampa
el brillo del metal pulido
la talla de ebanistería
¿qué se esconde?
en esos objetos corrientes
la cualidad mística atrapa
ellos se aman
una mano en alto indica
un juramento sin sacerdotes
boda con testigos
ocultos en el espejo de la puerta
sin atreverse a entrar
el artista da testimonio
de su presencia en la habitación
cae en la trampa
escribiendo con escritura florida
Jan Van Eyck estuvo aquí
y añade la fecha
una vela encendida en el candelabro
un perrito representa la fidelidad
los frutos sobre el arca
el alféizar
rosarios de cristal cuelgan de la pared
los dos personajes están descalzos
unas zapatillas a la izquierda  
en el pirmer plano
otras en el centro al fondo
símbolos camuflados
ellos no escaparán
son la trampa de la habitación.

EN LA CAPILLA SIXTINA (de Kazimierz Przerwa-Tetmajer)


Esta pared brama entera como un buey herido.
Ese Cristo de ahí, con brazos de cíclope, es como un relámpago;
y aquella calavera llena de dolor y miedo.
Este ataque de maldiciones, de desesperación, de rabia y de temor.

La pintura hecha piedra; el pincel un cincel; una fuerza
en lo alto parece un puño que destruye.
Unas sordas pupilas miran bajo unos párpados petrificados.
Quizá lo arrojó un volcán y no es obra del hombre.


NASTAGIO DEGLI ONESTI (de Ovidio García Valdes)












Botticelli

Una escena de caza 
en que el amante 
azuza hacia la amada los mastines, 
abre en canal su espalda 
y arrojando a las bestias 
las vísceras sangrentes 
da de nuevo comienzo, como un sueño
-ella expía y consiente y 
habita el mismo sueño-, a la persecución.




LUCRECIA CRIVELLI (de Antonio de Zayas)



La bella ferroniere, hacia 1490
Museo del Louvre
Leonardo da Vinci




Cual si fuese una toca, su cabeza
cubre en dos bandas dividido el pelo
y sus ojos vivísimos, recelo
dicen mirando con viril firmeza.

Las líneas de su rostro, la dureza
emulan del cincel de Donatello,
y un corpiño de obscuro terciopelo
su busto encuadra de gentil belleza.

Una fina cadena rutilante
lleva del cuello escultural pendiente
del firme seno a terminar delante;

y diadema de la sien luciente,
engarza un hilo de oro un diamante
astro en el cielo de su tersa frente.


ANDREA MANTEGNA (de Raúl Gómez Jattin)


Los pinceles y los óleos encuentra desordenados
y tirados sobre el viejo piso de madera
Ve el lienzo que trabaja desde hace varios días
manchado de aceite de cocina y mugre
Sabe quién ha cometido el infame atropello
y maldice a la esposa que le deparó la vida
Allá estará entre ollas y calderos en la cocina
con su genio alevoso y grosero esperando
que llegue la tarde para abusar bruscamente
de eso que él respeta tanto que es su cuerpo
No tardará en venir hasta el estudio
donde él ahora limpia el cuadro averiado
a gritarle que se apure y lo termine pronto
que no hay una moneda para la comida
¿Qué puede hacer Andrea sino terminar el cuadro
y llevarlo al ventero de la esquina cercana
a cambiarlo por frutas panes y jamones?

TRACIA (de P. Mustapää)


La estatua de Eco frente a la estatua de Pan en el templo de Dionisio:


Ruinosas, las murallas de la ciudad
se levantaron de nuevo con sus almenas, cuernos, torres;
abandonando su bastón
el anciano volvió a las tierras de la infancia,
alegrándose, jugando;
y la vaina de la semilla volvió
a la perfumada flor
y la flor al capullo.
Y yo, Eco, volví apresuradamente
a los bosques de Tracia,
y tú, Pan;
y deteniéndome bajo los álamos
levanté la mano
hacia un monte cubierto de un manto de hierbas,
hacia el arroyo más fresco-
y oí los sonidos antiguos.
Y acompañándome tú, Pan,
soplabas en tu flauta.

Y Elpis habló: ¡Esperanza!
Yo repetí: ¡Esperanza!
Y seguí repitiéndolo.
Y la arboleda resonó con ¡Esperanza, Esperanza!,
las nubes de la noche se dispersaron,
Selene desapareció en la mañana,
huyendo con su rebaño de toros.
¡Esperanza, pues! Los olivos se llenaron
de hojas argénteas,
y las viñas de Tracia
de flores.

Mañana, dijo la doncella.
Mañana, repetí y seguí repitiéndolo.
Una sombra opaca caía de su guirnalda
cubriendo
sus suaves hombros.
Nunca, entonces, nunca, muchacho-
y también adiviné la razón:
nunca, entonces- y lo sabía: hoy, ahora,
aquí.
En el suave verano, Pan,
gocé de alegría.

Deprisa, dijo el pájaro, un pájaro de alas escarlatas.
Deprisa, repetí, aún más deprisa.
Deprisa, dijo el pájaro de alas escarlatas.
Y yo: deprisa.
Oh plumón, oh pluma resplandeciente:
rozó el follaje del árbol y tembló-
Y el valle era una agitación de angustia, dolor, furor
y batir de alas,
y lo vi, al halcón -dando vueltas sobre el nido- ¡los pájaros!
Corta es, Pan, la felicidad.

Y una orden del solitario: Marchaos.
Eso lo repetí, aunque dudando.
Alboroto en el camino, un ritmo distante
que yo también repetí con temor.
Aullido de lobos, una bandada de cuervos, viento en la noche
y una avalacha de lanzas,
alboroto en el camino, un ritmo distante,
un alboroto distante,
lo repetí con ira
y lamentándome, Pan.

Así es que volvamos, Pan.
Como los árboles jóvenes
crecían susurrando y volvieron al polvo,
a las cercacías del musgo,
como abandonando su juguete
se levantó el niño,
se dirigió con paso enérgico
el hombre a su campo,
¡y depositaron al anciano en la tierra!
La ciudad ascendió
murmurando alegría, el entusiasmo
se oyó en la plaza y se debilitó y se hizo uno
con la arena otra vez desierta, ventosa.
Se encendieron en flor los prados
y se apagaron los prados,
siempre repetiéndose, Pan.
Habló Némesis: Vanidad-
Oh palabra final
y la más amarga.
Que yo repetí también, Pan.
Tres veces doblaron las campanas. Y lamentándose
y con ceniza en sus cabellos,
el cortejo regresó de la arboleda recordando al hijo de Calíope:
La belleza que cantó en su lira,
para los bosques, para Tracia.
Ahora en el templo, de pie, aquí ante ti,
de vez en cuando lo repíto -




EL ENTIERRO DEL CONDE ORGAZ (de José María Gómez Gómez)


































Quisiera estar ahí entre las figuras
que resumen Toledo y sus arcanos,
rostros que son incendios sobrehumanos,
ropas que son delgadas veladuras.

Quisiera estar ahí, entre las oscuras
almas de los hidalgos castellanos,
sostener el cadáver con las manos
y volar como incienso a las alturas.

El tiempo enseña que es vano mi empeño,
que soy sombra y el arte sólo un sueño,
un ilusorio fuego y sus despojos.

Tal vez. Pero al mirar el cuadro infiero
que algo transcendental y verdadero
me llama desde el fondo de esos ojos.


ILUSO POR SUFRAGIO (de Jordi Virallonga)



Marco Aurelio,
hijo ilustre de la ciudad de Roma,
se está mojando,
mientras yo me refugio en el hotel
para beber un whisky y me pregunto
cómo hubiera luchado,
qué estrategia habría que emplear
contra el libre y nada estoico
proud citizen of the United States
y otros héroes que ostentan cada día
uniformes con plaquitas y sombreros.


Qué hace, emperador,
tu estatua ecuestre sin placa ni inscripción
en este lugar que no ganaste
para mayor gloria de Roma,
cómo hubieras combatido
contra quienes iban a luchar tan sólo
por inscribir su nombre en una cruz
entre flores e himnos diez mil años.


Llueve sobre la Universidad de Brown,
Rhode Island,
tú cabalgas la línea de tus tropas,
sin tiempo, longitud ni batalla,
tensas las riendas y al mirar atrás,
de pie sobre el estribo, compruebas
que tenías razón, que tan efímero
como quien recuerda es lo recordado.

Pero en esta tierra, Marco Aurelio,
aseguran que eres Richard Burton
y tus meditaciones les parecen
guiones de películas abstractas.
Resumiendo, que perdí por mayoría,
que tú ya no eres tú y yo he tenido
que pagar una ronda de cervezas
y comerme, una a una, tus palabras.

SAN PIETRO - "ANTINOO" (de José María Álvarez)


La sensualidad de la belleza
Lytton Strachey

¡Bella y amada muerte! Joya de los mágnificos
que solo en la tinieblas resplandece
Herry Vaughan


Para Margaret  Thatcher





Aunque aún nos conmuevan ciertos hechos
de aquel Imperio, y hasta en nuestras costumbres
y a veces hasta en nuestra piel perviva
como un brillo de la gloria de Adriano,
                                                                 qué tenue
sin embargo esa emoción, qué fría comparándola
con la que nos produce
algo que los tiempos hubieran olvidado
de no ser por el amor que ordenó al Arte
cantarlo. Y desde que Adriano consagrara
la intensidad de su pasión en blanco mármol,
la belleza de Antinoo, ese joven amado,
atravesando épocas con la limpieza de una flecha
aún nos turba, aún goza la frescura, la
palpitante vida de aquel día,
posee y exalta nuestros sentidos, emociona
hasta los huesos lo que de mejor hay en
nosotros.
                 Belleza que como el opio
abrigas al desolado espíritu, abriéndole
vastos océanos de sensaciones purísimas,
intensas simas de vértigo. Tú, que como el amor
devuelves la juventud a los sentidos.
Refugio del paseante solitario,
misteriosa belleza, embriagadora como el vino.
Tú que destinas a ser Dios a quien hubiera muerto,
sin ti, desconocido. Y ahora reina
para siempre, deslumbrante, ardiente
como la pasión que despertó, como los ojos de Adriano
cuando lo desearon.


ENCUENTRO CON VERMEER EN DELFT (de Jorge de Sena)


Fui deambulando por las calles,
cruzando unos canales, siguiendo la orilla de otros,
en dirección a la plaza principal,
a los esparcidos bultos que emergían de la quietud
(como en la vista de la ciudad con el petit pan de mur jaume)
pregunto dónde vivió Vermeer.

Nadie lo sabía. Y  fui de calle en calle
hasta llegar a una pequeña tienda
que vendía sencillos recuerdos de la ciudad
(azulejos pequeños, porcelanas, etc., para turistas).

Sonrió, me llevó a otra puerta
que daba a una gran plaza, y me enseño
la placa en al fachada de la casa.

Vista de Delf, 1658-1660
Mauritshuis, La Haya
Vermeer