LA POESIA Y LA PINTURA, 1626. Francesco Furini. Galería Palatina, Florencia. "La armonía es más fuerte que la luz"

Descripción de cuadros para Guillermo

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CUADROS DE CASPAR D. FRIEDRICH (de Aurora Saura)




 






















Apenas 
una figura humana 
anónima,
embebida
en la amenaza del mar 
o en los abismos 
de montañas sin límite.

Lo demás es la niebla, 
las voces de la luna,
el incierto color de la mañana 
y del ocaso, 
los árboles desnudos.

Lo demás es silencio, 
es el adiós, la pérdida.


 


LÍNEA CUATRO (de Santiago Elso Torralba)

Monje frente al mar, 1809
Caspar David Friedrich
Berlín Alte Nationalgalerie























Ya quisiera yo,
mi muy amado monje frente al mar de Friedrich,
verte aquí, en este otro lado fuera de tu lienzo,
zarandeado, no por el vaivén de lo sublime,
sino a merced de, por ejemplo,
el traqueteo de la línea cuatro interurbana,
mi pequeño templo de diaria meditación.

En tu niebla, donde todo es impreciso
y huele sólo a yodo y a salitre,
también sabría yo ser contemplativo
y amar  a la entera humanidad.
Pero en la cuatro,
entre brumosos rostros taciturnos
que ni un saludo te dirigen, ni una mirada,
tan noble mandamiento te ha de parecer más complicado.

No, mejor amar tan sólo a unos pocos
seres con nombre y apellido,
y no sentirse obligado a más con otros,
sino al respeto.

Visto desde el cuadro,
el autobús avanza entre una lluvia que lo azota,
peor pintada que en el óleo, aunque más real.
En él, compartimos viaje algunos, pero no destino;
igual espacio, pero diferentes mundos.
Si un lazo de hermandad nos une a todos,
un aislamiento nos separa,
ya que, aun dignos de la misma conmiseración,
unos se apean antes, otros lo harán después, 
sin que a nadie le interese quiénes son ni a dónde van.
Si hubiera un accidente, seríamos salvados,
no en bloque, sino escogidos por las pinzas del azar.
¿Cuántos cederán, entonces, sus asientos
si, ni ahora, en un trayecto sin peligro,
parece hacerlo nadie?

Claro, claro, mejor tu playa, monje,
donde el agua siempre permanece quieta
y la gente es una abstracción.
Imposible detener aquí esta marea humana
que no para de subir y de anegar la línea cuatro.
Cuanto más y más apretujados,
más lejanos nos sentimos, más incomprensibles somos,
semejantes sólo en el mismo malhumor.

¡Vayan hasta el fondo, se lo ruego!,
para que pueda respirar un poco
este pobre fraile dominico.

PAISAJE DE LAS MONTAÑAS DE SILESIA (de José Luis Puerto)


                                              

Abandonamos la mirada
Hacia la inmensidad. 
Paisaje de las montañas de Silesia
Caspar David Fredrich
Un valle y otro valle se suceden
Velados por la niebla 
Que, en sus lechos, es sábana y sudario
Ahora que todo es muerte en el invierno
Y que todo se encuentra recogido
En el cauce que espera germinar
Cuando el momento de lo oscuro pase
Y llegue el de la luz, que es salvación.
Ocupa el horizonte
La montaña elevada, majestad
Sobre el espacio que se nos ofrece
Y que desciende a lo profundo, donde
Habita lo enterrado que es promesa.
Ante la inmensidad
Nos detenemos.
La muerte de los árboles se muestra
En el desnudo limpio de las ramas
Y acude ante nosotros el despojo,
La corteza terrestre en sus arrugas
Que es materia indefensa
Por nadie poseída sino expuesta
A la desolación de estar ahí siempre
Y ser quietud sin tiempo y sin memoria.
Quisiéramos mirar a los adentros
Y ver nuestros abismos, nuestra sombra,
El momento sin nombre de lo oscuro,
El vértigo, el despojo que nos puebla,
Las arrugas del tiempo en nuestra sangre
Y esa desolación
De estar para la muerte.

MONJE A LA ORILLA DEL MAR (de Jesús Hilario Tundidor)

Monje a la orilla del mar
Caspar David Friedrich

























Solo de oscuridad. La extendida
materia, caído el sol, en éxtasis
de novilunio. Los infinitos
cielos de la noche, sus inoíbles
pobladores... Solo de oscuridad,
también de lumbre y rayo.
Así se ocupa tu callado abismo.

Si cópula de un sueño, inabarcable
desaliento que en el saber construye
la realidad. El pensar que edifica
actuando su torpe papel trágico
en el viejo teatro de la contemplación.
Es la hora: ¡Despierta! Escucha todo
lo que es vivir y sus alrededores
y que jamás te ciegue la esperanza
de la verdad que no alcanzaste nunca.

Es ya la hora, has dicho: callejuelas
que no se ven, caminos que no tienen
espacio y las olas en paz.. Tu dentro
se perpetra en la hondura, ni arenas hay
ni grietas hay, sólo tormenta ¿Es nada
lo creado? ¿Una desolación? Actúa
tu palabra sin ruido: horada, hunde
el establecimiento de los jueces
pues que nada protege de la muerte.

Calla tú, mente mía, emoción mía.
Calla, entusiasmo, intimidad, oh, brumas.
Más allá está la niebla y el silencio
por los harapos tristes del lenguaje.
Son aproximaciones, cercanías,
un sutil merodeo que establece
la soledad: los claustros de la sombra,
el monasterio pertinaz del alma
junto a sus laberintos, la miseria
de lo existente... Es la hora. Y no hay nadie.

Lo que nunca soy yo. Lo que no sé.
La curva analogía del asombro.
¿Y aún estás esperando? ¿Celaje
el conocer, despoblado desierto
la verdad? Fría la playa duda
si espuma son las olas, si son aire.
Si es audaz la falacia de los sueños,
la seducción de la alabanza. Tiempo es
de alcanzar ya lo humilde: Tú sí eres tú
puesto que Dios no existe. No existe.
Pero sus manos musicales tocan
el arpa que es el mar, su fértil noche
que provoca la luz del universo.




(del poemario "Las llaves del reino"  Editorial: Hiperión )



HABLA EL CAMINANTE EN UN MAR DE NUBES (Santiago Elso Torralba)

(de una tela de Caspar David Friedrich)


No por rencor le doy la espalda al mundo
y lo ignoro. Me trajo aquí una sed
de espacios sin final. Venid y ved
el mar de blancas nubes donde hundo

mi cayado, venid y al cuadro entrad.
No hay vida aquí, pero tampoco muerte,
destino o movimiento, tiempo o suerte;
no hay hoy ni ayer, sino una inmensidad

sin término ni curso ni comienzo.
Aun dando un paso al frente no caeréis
en el nuboso abismo; os perderéis
en el revés oscuro de este lienzo

como mucho. Y acaso alguna mano
del museo se pose en vuestro hombro
reclamándoos; tanto es el asombro
de estar aquí, que llamará en vano.

Cruzad ese cordón de terciopelo;
por la escondida senda pincelada
subid al promontorio, y sienta cada
uno, bajo sus pies, el vasto cielo.



Poema inédito
Cuadro: "Caminante en un mar de nubes", de Caspar David Friedrich.