LA POESIA Y LA PINTURA, 1626. Francesco Furini. Galería Palatina, Florencia. "La armonía es más fuerte que la luz"

Descripción de cuadros para Guillermo

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ESTATUA MUTILADA (de José Hierro)



Mujer de un funcionario romano,
recorriste la tierra
-sombra suya- de Gades a Palmira.
Soles distintos te adoraron,
maduraron tu piel, fueron dejando
seco tu corazón.

Cómo sería tu cabeza, tu mano,
lo que fue carne tibia, vestidura del alma
y luego piedra silenciosa...
Ahora la mano ya no está en la piedra.
Y la cabeza fue limada, desfigurada y corroída
por el agua que la albergó durante siglos.
¿Cómo serías? Imagino que el escultor,
sumiso a los clientes, las rutinas,
los tópicos vigentes en la Roma de los Césares,
copió de ti la apariencia banal.
¿Serías verdaderamente
-no quedan rasgos que dejen comprobarlo-
matrona dura que mandaba sus hijos a la guerra,
que prefería muertos valerosos,
soledad y desolación,
antes que amor, calor y compañía de cobardes?
¿O tu rostro impasible
revelaría otra verdad?

Ahora no tienes ojos,
ni siquiera de piedra,
para que en ellos se refleje y cante el mar,
el mismo que rompía en tus ojos humanos
y te vestía de llamas azules.

(A la orilla del mar ocurriría aquel amor).
Un legionario, un soñador, un triste,
a la orilla del mar... Y le decías: “Ráptame,
llévame contigo, da a mi vida
sentido y esperanza, olvido y horizonte,
dale vida a mi vida”. (Él fingiría indiferencia
cuando subías con ofrendas al templo.
Y te abrazaba, enloquecía, te daba vida y muerte
cuando estaba con él a solas.)

El día que marchaste, dócil al lado de tu esposo,
a otro sol y otra tierra del Imperio,
lloró desconsolado el que era fuerza tuya.
Te hizo un collar de lágrimas.
(Esto debió de suceder en la Imperial Tarraco.)

Ahora no tienes ojos,
ni siquiera de piedra.
El mar y el tiempo los borraron.
(Dentro del mar se pudriría aquel amor.)
Sólo te queda la impasibilidad con que te imaginaron
para edificación y pasmo de los hombres.

Jamás podrá la piedra
albergar un soplo de vida.
Y entonces, dónde ha ido tanta vida,
dónde está tanta vida que la piedra no puede contener,
no puede imaginar y transmitir.
Tanta vida que fue la salvadora
del olvido y la nada, ¿habrá muerto contigo?

Cómo puede morir lo que fue vida.
Quién puede asesinar la vida.
Quién puede congelar en estatua una vida.
Qué hay en común entre este bulto
-pliegues rígidos y elegantes,
rostro esfumado, manos mutiladas-
y aquella estatua de ola tibia,
aquel pequeño sol poniente,
aquel viento de carne pálida,
aquella arena palpitante,
aquel prodigio de rumores:
lo que tú fuiste un día,
lo que eres para siempre en un punto del tiempo y del espacio,
en el que escarbo inútilmente
con el afán de un perro hambriento.



JOAN MIRÓ (de José Hierro)



 
Autorretrato 1919




















Autorretrato 1
 


Aquí se instala, entre los astros oxidados, frente al
               aro de miel que esconde en su  zumbido un
               pájaro desangrado en la noche, mito a mito.
La estrella azul ladraba al perro negro.
El pájaro amarillo ladraba a la luna roja.
Sube el viento por la escala sin término y arriba lo
               acechaba el ópalo transformado en Julieta, en
acanto, en campana, en más pájaro.
Sube el viento enrollado en las flautas.
El viento no subía por la escala: soplaba sobre el
               tiempo, barría el mundo, lo restituía a su origen
              de papel blanco, de papel mudo, hostil, amigo.
Y él navegaba por la niñez corsaria, rescatando sus fábulas. 

Y así un día y otro día, un seno y otro seno, un
              azul y otro círculo, y otro pájaro, y otra estrella y un
              silencio.
El corazón, en su pez materno, regresaba al punto
              cero desde el que desplegar las alas infinitas.





LA LECCIÓN DE ANATOMÍA DE REBRANDT-TULP (de José Hierro)

La lección de anatomía del Doctor Tulp
(Rembrandt)




Los tiempos cambian, Rembrandt. No es preciso
romper el coco: no hay que ser violento.
Cójase a un vivo, al que sin previo aviso
se le inyecta en las venas un pigmento.
El contraste, ni raudo ni remiso,
llega hasta el arrabal del pensamiento.
(Los voyeurs, observando la pantalla
aplauden si el paciente se desmaya.)