LA POESIA Y LA PINTURA, 1626. Francesco Furini. Galería Palatina, Florencia. "La armonía es más fuerte que la luz"

Descripción de cuadros para Guillermo

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CÁRCELES -Carcere VII, Giovanni Battista Piranesi- (de Héctor Freire)

Carcere VII
Giovanni Battista Piranesi

Exacta como un sueño,
la misteriosa escenografía de Piranesi:
derrotados muros entre ruinas de prisiones
y borrosos arcos.

-¿Un sueño dentro del sueño?-

De pronto, la mirada brillante
de una mujer inesperada se asoma
por entre esa imprecisa materia
derrumbada,
y reconstruye un espacio de espejos rotos
donde todo rostro de muerte se refleja
como salvado del tenaz estrago de los años.

¿Quizás Piranesi haya querido construir
a través de sus cárceles "una teoría visual del insomnio",
y en el intento se quedó dormido
y prisionero para siempre?

PINTURA (de Héctor Freire)



El gato
Hokusai

En su zoología de intimidad, el gato de Hokusai
destaca el impudor que pretende evitar,
la infinitud de aquello que los humanos ignoramos.
Quizás por eso, su ocio nos resulta demasiado trabajoso.
En ese “vacío pictórico” - inservible a efectos descriptivos-
se ajusta el contenido de su imagen:
una humilde silueta recortada que elimina cuanto sobra.
Por un instante ese signo de mesura
nos hace olvidar la violencia del mundo.

LA APARIENCIA DEL DEVENIR -Melocotonero en flor, Vincent Van Gogh- (de Héctor Freire)


Melocotonero en flor
Vincent Van Gogh








































La belleza de ese árbol, aislado por el efecto de la luz
tiene algo de ruina de piedra, de fósil florecido:
dicho paisaje estimula una relación con el tiempo,
crea una mirada y resta ambigüedad a la vista.
En la humildad de ese “acto”, la emergencia de lo visible
es condensación de lo que huye,
un instante en devenir interno.
“La política” de la luz radica en la sensualidad de los detalles,
actúa lo inaparente silenciado. Y presenta su paradojal evidencia:
nadie recuerda que es ella la que nos hace ver.


FALSOS HAIKUS -Ondulaciones en el agua, M.C.Escher- (de Héctor Freire)



Ondulaciones en el agua
M.C.Escher
 
I


El espejo de agua formado
en lo cóncavo de la piedra
desmiente a la piedra.
¡Qué lectura, la del sol
en el ojo de agua!
Un leve parpadeo basta
para licuar el mundo.


II


La luz
se vuelve una hoja
en el crepúsculo.
Sombra en el agua
que tejió su mirada.





(del poemario "Satori".  Ediciones en danza)

JAULA DE SU HORIZONTE -Padre y niño contemplando la sombra de un día, Roberto Aizemberg- (de Héctor Freire)


 

Padre y niño contemplando la sombra de un día
Roberto Aizemberg

Al amanecer, lo lejano del paisaje
desnuda en el agua su espuma de jazmines,
y desoculta del presente lo efímero del día:
en su sombra de luz certera
lo que descansa debajo de la superficie
es una pequeña música para los ojos.
Sin embargo, en cada instante de ese espacio
limitado por el marco no mirado
todo madura, ubicuo e interno.
¿Son pájaros o peces los que franquean esas aguas
y luego caen en un ámbito que ni dura ni pasa,
como un roce en un cuerpo sin memoria?
Newton fijó en esa caída una ley física,
pero nosotros sólo oímos cómo se rompe el silencio,
y engendra en su despliegue pequeños soles
que rápidamente se consumen.
En lo más claro de ese paisaje inmaterial,
el color es tiempo que dibuja un cielo protector.
Parece un espejo que duerme sobre las nubes:
un objeto de aire que no produce sombra
y donde lo humano flota sin raíces.




(del poemario "Satori". Ediciones en danza)









NATURALEZA MUERTA (Héctor Freire)



Nada hace prever en el color de las frutas
su muerte próxima.
Sueñan al borde la mesa
donde se agitan suavemente
en la ramas más altas y flexibles.
Instauran la armonía de los cuerpos blandos:
-lo bello suele estar cerca de lo corrupto-

Unidas por un hilo de luz,
esas frutas no son más reales
de lo que pueden serlo en una pintura.
En esta “naturaleza muerta”,
una luminosa cortina amarilla se deja caer
más allá de la espesura de los años.
Al amanecer los simulados árboles
se volverán a mostrar tras las sombras de las hojas.
Y sin embargo, en esta canasta con frutas
pintada en 1596, por el violento y fugitivo Caravaggio,
un claro resplandor se seguirá esparciendo:
el silencio de una escena única
que precipita su dilatada eternidad
sobre el dibujo animado del horizonte.

“Su valor radica en el hecho de estar aquí y no allí”.

Ahora, el sol proyecta su dedo de sombra
sobre el lienzo y rompe la permanencia
con que se disfraza: es una luz íntima
y este instante es perpetuo.



de la antología “La poesía del siglo XX en Argentina”, Ed: Visor
Cuadro: “Canasta con frutas”, de Caravaggio