LA POESIA Y LA PINTURA, 1626. Francesco Furini. Galería Palatina, Florencia. "La armonía es más fuerte que la luz"

Descripción de cuadros para Guillermo

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GIOVANNI ARNOLFINI Y SU ESPOSA – De Jan Van Eyck- (de Hebert Abimorad)



cabe tanto
en este pequeño mundo
en esta inmensidad
de colores radiantes
las manos invitan a entrar
toda escena seductora
esconde algo
dudo antes de atravesar el umbral
de la habitación confortable
donde la luz ilumina y unifica
suavidad en la prendas de vestir
quiero entrar me detengo
es una trampa
el brillo del metal pulido
la talla de ebanistería
¿qué se esconde?
en esos objetos corrientes
la cualidad mística atrapa
ellos se aman
una mano en alto indica
un juramento sin sacerdotes
boda con testigos
ocultos en el espejo de la puerta
sin atreverse a entrar
el artista da testimonio
de su presencia en la habitación
cae en la trampa
escribiendo con escritura florida
Jan Van Eyck estuvo aquí
y añade la fecha
una vela encendida en el candelabro
un perrito representa la fidelidad
los frutos sobre el arca
el alféizar
rosarios de cristal cuelgan de la pared
los dos personajes están descalzos
unas zapatillas a la izquierda  
en el pirmer plano
otras en el centro al fondo
símbolos camuflados
ellos no escaparán
son la trampa de la habitación.

LA FAMILIA DEL PRESIDENTE (de Hebert Abimorad)




La familia del presidente, 1967
Fernando Botero
La familia del presidente aburrida
un general siempre listo
un cura que perdona todo
un amante para el público
con su tapado de visón
y su carterita para esconder
las llaves de su querido presidente
una esposa y una abuela triste
una niña que juega a la guerra
la serpiente alerta
el gato disimula
pasa tanta cosa en la casa del presidente
un volcán en erupción
que se parece más al humo
de un habano
todo debe ser perfecto
y armónico
el presidente ufano posa
con su familia modelo
es la familia católica
de un país católico
con beatos católicos.






(del poemario "Conversaciones". Ediciones Trilce, 2000)

EL GRITO DE EDWARD MUNCH (de Hebert Abimorad)

una pasarela, tres figuras y dos barcos
la primera figura adelantada

sus ojos y su boca
son órbitas sin contenido
que pueden ver y sorprenderse
pero qué ve
¿es un grito de horror?
¿es un grito de sorpresa?
es el grito
es el yo primitivo
o eres la transformación de sorpresa en horror
no es lamento
titubea una luz en el remolino de los barcos
dos sombras azuladas
preguntan por ti
para llevarte a algún lugar
al lugar de los barcos
allá a lo lejos
es otra luz
un remolino reluciente
te espera

descubriste sus intenciones
y ellos se acercan y tu cuerpo bambolea
y tus manos aprietan tu cara
qué horror
ausencia de exclamación

la humanidad ante tus ojos
una mujer contempla a lo lejos
pero no interviene
consternación
no te ayudará
se queda tiesa
fuera del cuadro

y ellos se aproximan
por la pasarela
sólo te separa el azul
que lentamente se oscurece
queriendo conquistar el verde

y a tu espalda la luz reluciente
roja de tu salvación
corre
libérate de tu rigidez
de tu cuerpo oscuro
moribundo
de tu rostro pálido alterado
tu soledad no infunde piedad
tú lo provocaste
y ellos se acercan
zambúllete en el verde
salva el resto

el del sombrero parece más decidido
le lleva un paso a su compañera

tres barandas te separan

no me mires
si es que me miras
estoy fuera de ti
no te puedo ayudar
estoy fuera
del lienzo

de adónde viene la pasarela
en la que tres figuras
son un destino

¿adónde va la pasarela?
¿al final qué encontrarás?

a lo lejos
la esperanza es rojiza
a lo lejos los barcos
esperan
pero ellos allí
siempre allí
obstaculizando el camino
obstaculizando la mirada

quieres cabalgar sobre un caballo
desbocado
y huir
pero no puedes
el terror paraliza
eres un S que quiere escapar
del lienzo
con dos brazos
y dos manos que soportan el peso
de una mirada que ya no es
tu cabeza es una sola imagen
que quieres triturar

son todos los gritos acumulados
es tu grito
gritas
tus ojos quieren ver
descubrir algún indicio de mentira
están vacíos
ondulaciones de colores
por doquier
tu cuerpo ondula
tu grito es la pesadilla
de todos
tu palidez
es la palidez de nuestras conciencias
vaga el mar
el anaranjado soleado a lo lejos
no oye el grito
no oye nuestro grito.