LA POESIA Y LA PINTURA, 1626. Francesco Furini. Galería Palatina, Florencia. "La armonía es más fuerte que la luz"

Descripción de cuadros para Guillermo

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TEMPLO DE DEBOD (de Eduardo Chirinos)





Jóvenes parejas amándose a lo largo de las bancas,
muchachos escribiendo poemas y canciones,
esposos paseando en la tarde a sus pequeños.
(“Vamos, dejad la pelota y venid a tomaros una foto.”)
Hay parejas que han dejado atrás la juventud
y perros buscando dónde mear sin ser molestados.
A lo lejos se escucha una canción.
Algunos tararean distraídos la tonada, otros
disfrutan con placer de los últimos días del invierno.
Jardines de Ferraz, Parque del Oeste.
Muchos se inmolaron a favor de la República
y sufrieron bajo el humo del fusil y la metralla.
Porque aquí hubo una guerra, pero nunca ningún templo.
Sólo una pequeña colina
y un cálido rincón donde suelen amarse las parejas.  
 
Frederic-Louis Norden
El templo de Debod en 1737

1737. El sol calienta implacable las arenas de Nubia.
Una frágil balsa navega sobre el Nilo. De pronto
dardos y blasfemias le hostilizan y detienen.
Sólo el danés Norden consigue dibujar las tres puertas
           del Santuario
y casi es muerto por sacrílego.


Columnas de Debod, sagrado templo donde oraron los           
                asiros y los persas primero, 
macedonios y romanos después. 
Allí ofrecieron panes y frutos para Horus, toros y gacelas para
          Isis, vinos y perfumes para Ammón.
Cruentos dioses con cabezas de buitre, de buey o de cordero.

1970. El sol calienta implacable las costas de Valencia.
Altas grúas desembarcan los vestigios de Debod y los arruman
           en el puerto.
Estaba escrito. El Santuario ha de reposar en Occidente.


 Todavía se conserva.
Columnas y pilastras respetadas por el tiempo,
viejas inscripciones, el color rosado de la piedra.
Perros buscando algún rincón donde mear sin ser
        molestados.


CAPTADO EN PARIS -Montparnasse, 1935- (de Eduardo Chirinos)

SEÑOR, amable señor, dibuje usted la cara de mi novia,
pero quítele los ojos y procure obviar la boca. Me pertene-
cen, amable señor, y sé que si usted la dibujara sentiría como
si algo de ella se perdiera para siempre en la inmovilidad del
cuadro.

FLORES Y MOSCAS PARA BERTHE MORISOT (de Eduardo Chirinos)

Édouard Manet, Berthe Morisot, 1872.
óleo sobre lienzo, París, Musée d´Orsay


































 

                              [1]

una maleza de lino un cerco de agua un ave zambulléndose
en las olas quebrando el horizonte y lo demás color aquella
tarde una hortensia brotó entre marthe y jeanne-marie no
tuve más remedio que pintarla invocar sus hojas elípticas
y agudas su delicada corola que sostiene el mundo ahora
debo cerrar los ojos contar hasta diez y esperar el fogonazo
azul el fogonazo rojo ¿alguna vez has visto el fogonazo rojo?
una vez al borde mismo del sueño de los ojos negros o azules
de berthe morisot


                              [2]

entre el ojo y la imagen la pintura se deslíe rompe con
los dientes el cepo de su sombra cobra vida en el museo
pero aquí no hay ninguna sombra no hay ningún museo
sólo una hortensia marchita un ojo cansado de mirar
y un espejo te voy a contar una historia había una vez
una muchacha conozco a esa muchacha retuvo la sombra
de su amante cubrió con barro su perfil lo endureció con
fuego y se sentó a esperar ¿dónde has leído esa historia?
en plinio tal vez en atenágoras el amor es un fracaso que
busca eternizarse un cesto de frutas a punto de podrirse


                              [3]

una multitud camina indiferente por la calle así comienza
el espectáculo gotas de lluvia golpeando la ventana un juego
perverso de visillos las ramas espesas de un álamo temblón
cualquier obstáculo es bueno si estorba la mirada si vuelve
nuestros ojos del revés los antiguos maestros lo sabían
la belleza es un capricho incesante de la forma y la forma
dibuja su danza en el vacío ahora junta la puerta aléjate
unos pasos y mira el abanico andaluz ¿puedes ver mis ojos?


                              [4]

una rosa azul flota a la distancia hiere sin dolor la levedad
del aire me pregunta por su mano derecha por su moño
peinado con esmero por su cuerpo que arde y me destruye
por las noches no sé qué contestarle sus ojos me observan
detrás del abanico enturbian para siempre la mirada


                              [5]

entre edma y yo florece una multitud de ángeles ella no
los ve de día desgarran en silencio el cortinaje resbalan
por los pliegues del vestido manchan las paredes de un
marrón oscuro borran con sus alas el pomo de la puerta
ahítos de color babean como perros de noche lamen la
blancura de sus piernas propician un escándalo de verdes
un estrépito de rojos


                               [6]

una mosca vuela distraída por el techo proyecta su sombra
en la blanca superficie del retrato desaparece al segundo y
al segundo vuelve a significar otra cosa tal vez no significa
nada es hermosa como aquello que nos hiere como aquello
que no significa nada


                               [7]

dice eugenio en los ojos de berthe morisot una flecha
ignora para siempre el esplendor de su arco dice eduardo
en los ojos de berthe morisot un cuchillo corta el vuelo
de una mosca el crecimiento implacable de una flor


                                [8]

desplegar un paisaje inmune a la ceguera al humo que aturde
la pantalla y acaricia sin miedo los colores la tersura del rojo
la aspereza del verde la obscenidad del amarillo quien toque
mi cuerpo verá crecer una flor he pintado infinidad de flores
tras la niebla que brilla tras las moscas del deseo tras los ojos
que duelen al mirarme


                                [9]

aquella noche se rebelaron las palabras me dijeron no
somos responsables nos inquietan tus trampas mejor
el desconcierto la afonía del sentido estaba cansado
no sabía qué decirles un gorjeo inútil tal vez un estertor
de pájaros una mosca volaba por el techo los ángeles
lucían aburridos les pregunté por qué no se quedaban
es tarde me dijeron a ti te aguarda el final de este poema
los ojos negros o azules de berthe morisot


                               [10]

entre marthe y jeanne-marie crece una hortensia entre
eduardo y eugenio dos gladiolos entre edma y yo una rosa
azul que no se pinta que no florece



Para Catalina González y Juan Felipe Robledo



¿QUÉ ESTARÁ LEYENDO SUSY LATRON? ( de Eduardo Chirinos)


¿Qué puedo decir de Susy Latron? Desde
este ángulo veo solamente su pierna cruzada,
un libro (probablemente una revista del modas)
y un zapato de tacón alto. La falda se pliega
a las rodillas. El gesto es vagamente obsceno,
como el movimiento detenido de su pie y las
páginas (que ahora parecen un devocionario).
La mano delata esmeros de un manicurista;
la bien torneada pierna, ejercicios impropios
de señoras (Susy es una señora de su siglo).
Ella lee absorta su novela romántica (tal vez
poemas de Hugo o de Musset) y le importa
muy poco que la mire. Doy la vuelta. Y no,
no está leyendo. Tiene los ojos en un punto
muy lejano, más allá de las cruces, más allá
de un edificio que no estaba allí en el año 32.
Susy apenas tiene pechos. Sólo un collar de
perlas y un vestido sin mangas que favorece
los brazos. ¿Y el frío?, nadie ha preguntado
por el frío. Parece no importarle. El cabello
corto, la nariz recta, la boca con una levísima
sonrisa. ¿Qué estará leyendo Susy Latron?
A sus pies hay flores blancas. El musgo
cubre lentamente sus rodillas.


Del Poemario: "Mientras el lobo está" 
XII Premio de Poesía Generación del 27


Susy Latron  (Cementerio del Père-Lachaise, París)





































BREVE TRATADO DE ESTÉTICA (de Eduardo Chirinos)




Las tres edades del hombre
Tiziano





















Que más da si completó lo que Giorgone
le dejó inconcluso. “Las tres edades del
hombre” no puede ser obra de un artista
(aunque sólo uno consiga la inmortalidad).
Para comenzar los reparos: demasiada
luz, la línea delata corrección académica
o simplemente ganas de agradar al maestro.
La cabra del pecado pasta indiferente
al acontecimiento, los niños que sueñan
son demasiaso gordos y el viejo de rosa
parace una chica. Todo en esta pintura
trasmite distancia, pero no podemos
exigirle emoción: se trata de una alegoría
y Tiziano además era muy joven. Difícíl
no reírse del Eros trepándose al árbol
de la vida. Difícil no fijarse en la mirada
del pastor que pide a gritos un descanso.
Difícil no ruborizarse ante las manos
de la ninfa y su requerimiento de flautas.



(Del poemario: Mientras el lobo está
XII Premio de Poesía Generación del 27)

EL MUNDO DE CRISTINA - Andrew Wyeth - (de Eduardo Chirinos; Ramón Cote Bariabar; María Victoria Atencia)



Nota:
He aquí un pintor y tres poetas; un solo cuadro, pero tres distintas voces, tres poemas, tres versiones, tres maravillosas "Ekprhasis" de una misma fascinante pintura. Espero que os guste.

Santiago Elso Torralba



























EL MUNDO DE CHRISTINA   ( de Eduardo Chirinos)


Seguramente recuerdan la pintura.
Un paisaje rural pintado sobriamente,
en el borde superior una colina separa
el verde amarillento del azul atardecer;
a la izquierda el granero (hay cuervos
sobrevolando el granero), a la derecha
la lenta casa inalcanzable. Y Christina,
apoyada en la hierba, con su falda
rosa, el pelo ligeramente despeinado.
Así la dejó el pintor. Arrastrándose
en el aire, los brazos delgadísimos,
de espaldas a nosotros. La que yo
conocí tenía pelo negro, y era hermosa.
Una muchacha brillante y divertida,
ajena a la parálisis, al oscuro dominio
del miedo y la tristeza. ¿Qué sabemos
nosotros del mundo de Christina?
Un día se fue sin decir nada.
Tenía el pelo ligeramente despeinado.
Era otoño. Hacía un poco de viento.


                  *       *       *
 
EL MUNDO DE CRISTINA   (de Ramón Cote Baraibar)

Es poco lo que sabemos de ti: que tu provincia se reduce a una casa de madera y a un granero situados en lo alto de una colina, que en los veranos tienes por costumbre contemplarlos a tres pájaros de distancia, apoyando tus brazos sobre la tierra como un templo al que se le hubieran torcido las columnas de los extremos, que allí , entre los tallos de trigo, no te visitan ángeles sino cientos de saltamontes, que tienes polio y que te llamas Cristina.

Si estos datos parecen suficientes, entonces por qué nos equivocamos durante tantos años creyendo que el día en que nos dejaras ver el color de tus ojos revelaríamos tu misterio, en lugar de pensar que las contadas cosas que miras detenidamente leventando la cabeza como una corza en la colina, te bastan de sobra para vivir.


                  *     *      *



EL MUNDO DE CRISTINA   (de María Victoria Atencia)


                                                                            
                       Tuve también su edad, y tendida en la hierba
supe de un sol a plomo sobre el verde agostado,
de un ardiente silencio en el que me envolvía,
y de una brisa súbita –yerta quizá- de aviso,
hiriéndome las sienes.
                                                             Tuve su edad. Me he vuelto
descompuesta sin duda, sobre mí,
para mirar mi casa alzada en la ladera
–la polilla royendo mi enagua en los armarios-
sin que siquiera a un ramo de glicinias pudiese
detraerle una gota de su zumo.
                                                                                        Me he vuelto,
confundido mi nombre, para salvar mi casa,
aunque siga en un cuadro donde tan sólo espero
que irán a dar razón de mi nuca los ánsares.



EN UN BARRIO JUDÍO DE LITUANIA (de Eduardo Chirinos)

“Mala combinación de colores. El azul
no va con rojo encendido y las abuelas
no hierven verduras sobre el tejado verde.
Las vacas, tonto, posan sus pezuñas en el pasto
y ese circo (¿los judíos van al circo?)
con obesas caballistas, pero todo tan tierno:
el jaez de los caballos, el fuego esplendente de tu pelo
–antorchas en raudo movimiento–
y quite ese rosa que distrae al amarillo.
La pintura no es su fuerte, Chagall.
Dedíquese a otra cosa”.


(Del poemario "Canciones del herrero del arca", 1989)