LA POESIA Y LA PINTURA, 1626. Francesco Furini. Galería Palatina, Florencia. "La armonía es más fuerte que la luz"

Descripción de cuadros para Guillermo

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HACIA OTRA VIDA (de Luis Antonio de Villena)




Era una baranda junto a la tumba de Viana:
No los campos de la pelea o de la muerte antigua vimos, no.
Instados por la lápida del héroe, decidimos cambiar la vida.
¿Queda vida? ¿A estas cuadrículas, leyes, prohibiciones,
reglas, trabajo, oscuridad, desaliento, normas, llamaría César la Vida?
Galopaban caballos blancos en una tierra sin tiempo. 
Una mujer hermosa cantaba lascivas canciones a un complaciente obispo. 
Alguien había abolido las obras de Justiano
y había nombrado a la emperatreiz Teodora, Reina Universal del Mundo. 
Una viaja rezaba ente piedras visigodas, 
yo le dije: si el Hombre fuese perfecto, perfecta sería su Norma. 
Mas somos sanguinarios, osados, absurdos. Nuestra Norma así, 
engaña una perfección que no posee...
El estupro no es bueno, pero acaso sea más saludable. 
La violencia no es buena, pero acaso sea más limpia.
La crueldad asusta, pero también trae caricias y dulzura no obligadas. 
Los salvajes -le dije a la vieja orante- 
son más nobles que los civilizados. No es Rousseau ni su mito.
Hablo del rudo real, del ladrón, del opiómano, de la meretriz:
Son más puros en lo prohibido. 
Los guardas son más hórridos que la delincuencia. 
Entre imperfecciones, elijamos la que  se sabe a sí misma. 
Junto a la iglesia de Viana, el pie sobre la tumba:
Todo o nada. Quizá fuese orgullo, problablemente -grité- 
buscaba otra vida, nos enseñaba un camino, 
a nosotros, descendiente en un mundo abolido, al pánico borde 
de la nada, educados en libertad ciebérnetica: Vivos cadáveres...
Llegó el condottiero y al bajarse del coche -atardecía- 
exclamó: Cuando no existe el delincuente no existe libertad.
Sin torceduras no hay vida. 
Sin transgresión, sin violación llamas a lo difunto vivir. 
La vida es cruel. Necesita serlo. 
Sólo en otra galaxia sin heridas será limpia la Vida: 
sin golpes, sin sangre, sin caridad, sin amor: Música. 
Ahora la imperfección es necesaria. 
Es nuesta sola garantía. 
Arrancó el condottiero su deportivo rojo. Rugió. Huyó de Viana. 
Campos de Viana. Mirábamos el futuro. 
Pedíamos desorden, creación, tumulto, variedad, exceso...
Nos daban leyes fijas. Palabra cuadradas. Piedra inmóvil.
(Hablaba Aludra). 
Quien estaba junto a mí, se arrodilló, 
cerca del barandal, a unos metros de la lápida humide, 
y rogó en voz alta: Manda a tus ángeles, Señor, 
venga la predicha apocatarsis, 
y arda todo cuanto ya está seco.
Fuego sobre los ríos. Montañas heridas. 
Ciudades de abismo. 
Destrúyelo todo, Señor, como prometiste en la Revelación. 
Luego vendrá la Vida. 
Y si no hay perfección, si no llegara, 
volverá, al memos, el terrible y humano Reino de la Orgía.
El Orden es siempre peor. Porque es frío y mata el Futuro.



REBELIÓN DE ARTISTAS NEOCLÁSICOS (de Luis Antonio de Villena)



Jeunes filles au bord de la mer - Pierre Puvis de Chavannes - Musée d'Orsay


Ya mayor, el profesor Sendón estudiaba 
- encerrado en un despacho del Museo - 
ese liezo silencioso de Puvis de Chavannes 
con tres muchachas claras y un mar quieto... 
El profesor - sólo un foco sobre el cuadro - 
se quedó dormido. En una mesa adjunta 
su cuaderno de notas - entre croquis - decía: 
¿Quién podría saber mirar de espaldas? 

                            * * *

Tres horas después - lo dijo el reloj - 
Gustavo Sendón abrió mucho los ojos 
y vió como salía, muy despacio, del cuadro 
la más cercana chica, la que está recostada, 
y mira al espectador con raro tedio 
o frágil sensación de la melancolía...
Desnuda y abundantísima melena roja, 
con una gran tela blanca (modelo de academia) 
enroscada a las piernas fuertes y carne suave, 
hizo la doncella al profesor un gesto, 
en señal de acogida o de paz profunda, 
y sentándose en la mesa, le habló, sin ruido. 

                             * * *


Amigo, qué seco estás de corazón, qué cansado... 
Nada. ¡Alma, bendito dios de la palabras blancas! 
El territorio suyo no coincidirá con el país 
de la ley, ni la gente toda con el vuelo del ibis... 
Estás - lo sé - a punto de borrar tus líneas. 
Has tejido tanto las fibras que el tapiz 
- lo comprendo - ha perdido, en grumos, la figura. 
¡Hablaste en exceso de los gandes moribundos, 
y miras tú mismo ilustre la agonía! 
Amigo: El miedo va a librarte muy pronto del miedo...
Y aunque tu enorme túmulo complejo de razones 
aún no se acerque al recinto verdadero 
- porque el recinto es un vieje, lejano y largo - 
debes saber que al perdonarte te perdonan 
y al gozarte, gozan. Y en la abundancia cordial 
abundan en ti todos. Y aunque no lo creas, 
ni viendo este sol sin sol y esta playa 
sin ruido ni viento, lúcida de muchas caracolas, 
debes saber que instante es ese, ese 
que tan efímero parece devorar su mismo cuerpo...
¡Ah, si un Ángel de la Eternidad pudiese verte!  

                               * * *

Yo - me dijo el prefeso Sendón, 
mostrándome la reporducción del Puvis - 
he vivido y vivo en un borde de muerte. 
Agonizante, quizá por eso (como a pobres orates) 
acaso por la ruina de mi sensibilidad, 
aquella mujer - lo que fuese - lo habló. 
De espaldas no venos las monedas. 
Pero, fíjese, sí es posible escuchar su sonido...


“AVES NOCTURNAS” (de Luis Antonio de Villena)




Nighthawk
(Edward Hopper)






















No es la noche la vital fanfarria del estrépito
ni el espumoso vino que cobra o regala juventud…
La noche es la morada del solitario,
la siempre ancha casa de las estrellas errantes…
Aunque he gozado de horas de disipación y de belleza,
nunca sentí la noche, tan rica y tan profunda,
como en esos días de entresemana
en que salgo solo, raramente feliz,
y observo semidesiertas calles otoñales,
hermosos y puros árboles pelados,
frío soplando en los vientos del norte,
gente (muy poca) con las manos guarecidas
en guantes y bolsillos, bufandas, gabanes…
Bares vacíos o prácticamente vacíos,
donde inmóviles figuras bajo el foco de luz,
se miran quietas en el espejo frontal de la barra
o contemplan la copa a medio terminar
como si fuera una pose o una actitud eternas…
La soledad habla con cada uno hondo
y, a ratos, quizás una sonrisa te recuerda otra vida.
No es mentira. Mas es tan honda esta verdad
de noche y soledad extrema, de música callada
y soliloquios íntimos
donde, recorriendo la inmensa ciudad,
oscura y vacía, eres más real y más tú
que nunca…
(Pensaba Edward Hopper: París allá. Remoto, infencundo,
perdido. No era su mundo.
Su reino fue consuetudinario, trivial. Vidas y abismo.
Lo que todos saben y ninguno lo dijo.)




PARET Y ALCÁZAR ( de Luis Antonio de Villena)




Autorretrato, 1775 
Luis paret y Alcazar
 exiliado en
Puerto Rico (1775-78)


Se hizo hacer un amplísimo sombrero de paja.
Tan ancho, que parecía casi un quitasol.
(Los soles de Puerto Rico, las palmeras. 1775).
Pero aquel hombre menudo, vivaz,
contínuo buscador de moluscos raros,
no podía evitar el trato con la seda y el raso,
pasear los dedos, en la iglesia, por un marco dorado
retorcido como rosa de los vientos y tan frágil...
¡Caramba! había visitado los monumentos portentosos
de Roma. En algún mimento -ocio raudo-
tocó en Versalles las sedas evanescentes del lujo,
que es sólido y escapista como el aura....
Pintaba con el refinamiento que usan los ricos
y los nobles. Casacas brillosas, rocallas galantes,
las cenas aparatosas del rey en Aranjuez
con músicos y cortesanos y altos dogos daneses....
Dicen que ayudó sin reparo a los vicios de su protector,
el peculiar infante Don Luis (hermano de rey)
aficionado a los placeres y a la belleza toda
y que no habia hecho apenas uso de los cargos eclesiásticos.
¿En qué le ayudó nuestro pintor,
nuestro melancólico perseguidor de bellezas
al poderoso hermano de Carlos III?
¿Gozaron ambos de muchachas plebeyas,
que nunca hubieran dicho que no a la inusual largueza regia?
¿Buscó el artista a los chicos de Curtidores
para escenas de lascivia divina -figuradas- orillas del Orontes?
Hubo juventud de cuerpos,
que en su suavidad preciosa
no precisan untos de bálsamo
ni la benignidad de la canela o similares...
Para el elegante pintor,
para él que comprendía la belleza más allá de la belleza
y el lujo, como una múltiple fuente,
más allá del mero lujo,
hiciera lo que hiciera el infante Don Luis
(que lo había querido y protegido)
eso fue el final.
El rey lo llevó al precipicio y lo djó caer,
sin crueldad (es probable), también sin remilgos.
Volvió a Bilbao y finalmente a Madrid,
su ciudad. Pero no pudo más que sobrevivir.
Y aseguramos que hay cuadros muy bellos,
refinadas líneas, huidores horizontes, el brillo del raso
color de perla. Es probable que los bonapartistas,
al huir, se llevaran más de uno... ¡Tan elegantes ellos!
él, para entonces, ya había muerto.
Sin salud, sin gloria, sin dinero.
Ahora lo vuelvo a ver, con el joven Campeche,
recorriendo las blancas playas de la isla perdida.
Con los ligeros pantalones de seda
el ancho blusón venteado en tisú de Venecia... Las sandalias.
Y el gran sombrero, ese gigantesco sombrero de paja
que parecía parasol ambulante...
¡Un príncipe del reino del arte
malvivió bajo el chaparrón de la vida!
Debió ser un duque, el maestro de un gran taller
de artistas, el lujoso bailarín que bajo arañas
de Murano respira el esplendor de la vida
como un dorado crepúsculo;
fue a la postre (aunque ahora lo queramos rescatar)
un pobre hombre humillado, melancólico y perdido...
(¡Ese soñador autorretrato entre el rado y los bustos,
entre mapas y engofrados de mar...!)
¿Seré yo como él, yo que le veo
elegante paseador al viento? ¿Seré como él?
¿Mi destino será su destino?
¿Desdicha por desdicha, mala traza
que siempre te aparta el fuego y le horizonte que no llega?
¿Mi destino su destino?
¡No dejes caer así mi vida!


Autorretrato, h. 1780
Museo del Prado
Luis Paret  y Alcázar

EL PASO DE LA LAGUNA ESTIGIA (de Luis Antonio de Villena)

El paso de la laguna Estigia
Joachin Patinir























A un lado del bosque -por la orilla-
veía extraños fuegos y gritos espantosos.
(Digo bien: Veía gritos, porque nada oía).
Era el aire melancólico y sombrío.
y lo cruzaban pájaros de color ceniza.
No puedo decir que sufriera exactamente,
era una sucesión de agobio, pesadumbre, angustia,
como queriendo llorar y sintiéndote solo.
Al otro lado del agua (un agua esmeraldina,
profunda, portentosa) se distinguía apenas
otro bosque, y una ignota claridad desconocida.
A la vera del agua (sin rumor, pero móvil)
había un viejo desnudo, con crespa barba blanca.
Le dije: ¿Cuál es la verdad, dime;
qué debí haber hecho? ¿Retirarme de todo,
vivir remoto al mundo, en la paz de las sierras?
¿O arder en las batallas y zozobras,
intrigar, morder ansia, escalar arduamente,
herir al semejante con ponzoña enconada?
¿O simplemente entregarme a la carne,
hundirme entre los cuerpos día a día
mientras seca la lengua siente un vacío instante?
¿Qué debí haber hecho? ¿El poder, la soledad,
el amor, el triunfo? ¿A cuál dedicarse?
Y el viejo no se inmutó aunque yo temblase.
Respondió: Cualquier cosa que hicieras, es lo mismo.
No hay verdad aquí. Nada es verdad segura.
Si buscaste el sosiego -sólo eso- y es mucho...
Esta es la única verdad, siguió. Y me mostró
una barca. Esta de ahora es la sola verdad
de cuanto existe. Y me tendió un vaso de agua clara.
Toma, añadió. Me cogió la mano. Y sentí un blando
frío en los pies, al mojarme, subiéndome a su barca.
Al fondo, un raro sol, como violeta y rojo,
que no daba calor, parecía la sangre cuando mana.



(del libro: La muerte únicamente)



EL CIRUELO BLANCO Y EL CIRUELO ROJO (de Luis Antonio de Villena)

               












                                                                                   Museo Atami

Fue afortunado, en verdad, Ogata Korin.
Gozó del esplendor de la juventud en
los barrios de licencia, frecuentó el paladar
sagrado del deseo. Ordenó sus kimonos
en la seda más fina; pintó un fondo
de oro para lirios azules. Refinado y altivo,
no olvidó sin embargo (artista como era) la melancolía
fugaz del tiempo que transcurre.
En su madurez, con audaz virtuosisimo,
se dedicó sobre todo a la búsqueda estilística.
Creó lacas y biombos. Le hizo célebre
la perfección, el refinamiento de su
arte -lirios, ciruelos, dioses- decorativo.
Debió morir fascinado en la belleza,
rodeado por una seda extraña, tranquilo.
Fue afortunado, en verdad, Ogata Korin;
su vida fue un culto a la efímera
sensación de la belleza. Al placer y al arte.
Y la vida le concedió sentir, ser traspasado
por el dardo febril de la hiperestesia.
Le llamaron excéntrico, dandy o esteta.
Pero no pidió más. Sensación por sensación.
Vivir, sentir, gozar. Sin más problemas.



(del poemario “Hymnica” Ed: Hiperión)




MUJERES DE ZULOAGA O DE SOLANA (de Luis Antonio de Villena)


Doña  Rosita Jiménez
(Zuloaga)


¿Cuántos años tenían las viejas de negro?
Algunas –muchas- viejas  a los cincuenta,
eternamente ya de negro o de alivio luto...
Viejas aldeanas con moño y delantal,
mujeres y abuelas de permanente negro
porque a una muerte se sucedía otra,
y las desgracias y la vida unían los lutos
–tres años cada uno- y al fin era mejor
vestir siempre de negro y zapatillas negras
pues la vida, a la postre, era negra
como aquella España de mi niñez llena de mujeres
de negro, abejarucos de tristeza, lechuzas
sabias de la desolación resignada,
madres y abuelas eternamente habituadas
a perder, entre Cristos y decencia.
Todo era negro. Negro el color de la vida.
Ancianas brujas de la España negra,
viudas eternas, madres de hijos lejanos o muertos,
reumáticas manos de esperanza y desconsuelo.
Rubén –que nos quiso tanto- dijo
que en el alma española crece una oscura rosa.
La rosa del enorme daño que nos hicieron.
La rosa del demonio o la rosa del cura....



(del poemario "Las herejías privadas". Ed: Tusquets)

TIZIANO. ÚLTIMO AUTORRETRATO ( de Luis Antonio de Villena)



 
Sabía que en sus últimos años Botticelli
–de tan hermosa vida, y tanto la añoraba-
quemó lienzos con mujeres desnudas,
cartones con faunos encendidos, mozas alargadas,
mucho proclive al cuerpo, vigores de la nueva carne,
porque consideró que cuanto había hecho
era todo pagano. Y viendo el fin de sus días,
el áspero serrín en que concluye todo,
abominó de la pompa, de cuanto lujo ardiera
en el festín opulento y vivo de las vanidades.
Y se miró Tiziano en un espejo
(bien rebasados los setenta y cinco años)
y dijo: Yo también lo quemaría todo.
Amo aún el cuerpo y su belleza
pero apenas me miro ¿qué importa ya la llama?
Estoy cansado y viejo,
la lucha pertinaz me ha dejado sus señas,
la boca está seca y en el ojo hay desprecio.
¡Dios mío! Yo sé que nada queda,
que fue nada tanto turbio cortejo de placeres,
y que Tú nos has dicho que tampoco es la Fama
la reina presentida, pues el mundo es caduco…
¡He sufrido tanto, Señor, tan de continuo
he sentido que no alcanzaba el punto deseado,
debí tanto luchar y someterme,
salvar restos de oro donde sólo hubo barro,
abaratarme tanto, engañarme en el ruido,
paliar mi dolor con la luz y fulgor de la carne!
Hay tanta sequedad en este rostro,
tanto vacío ardor adherido a la pie,
has hecho tan bien tu obra en mí, Señor terno,
que ¿por qué habría de quemar lo que no es ya nada?
Quemado estoy por el tiempo acre,
desgastado por el híspido contacto con la vida,
Autorretrato.
Tiziano (Museo del Prado)

y sólo anhelo descansar, apaciguarme,
sólo cesar en una paz muy larga, sin sonido.
Si tus ángeles vinieran a salvarme, Dios,
si ellos me arrebataran y me dieran consuelo,
ería tan feliz que nada importaría cuanto he hecho
en su espera; y si al vacío ha de seguir vacío,
también mi obra es nada y la quietud anhelo.
No he de quemar lo último que he hecho
ni tanta carme rubia en honor de la vida.
 Soñé. Soñé con esa dicha y veo ahora el absurdo.
Exista lo que exista, venga lo que viniera
tras las postrimerías, no hay razón a pintar.
 Es engaño. Un dulce engaño a los sentidos.
 Pero tampoco importa afanarse en su contra.
La nada es el final, y en mí mismo la veo.
Estos huesos que palpo, estos ojos abrasados y ciegos,
la piel de tres milenios y las manos quebradas,
 este resto orgulloso de lo que fuera un dios
está diciendo: ¡Todo, todo lo arde el tiempo!
 Nada soy, nada quiero o espero. Dame tan solo, Dios,
largo descanso, lejos de este orbe tan cruel y tan bello.


(de "La belleza Impura" Ed: Visor)


GIOVANNI ANTONIO BAZZI, "IL SODOMA" (de Luis Antonio de Villena)


Sólo la calle me hace falta.
En cualquier acera hallo la Biblia.
San Sebastian.
(Giovanni Antonio Bazzi o Giovanni Antonio de' Bazzi
e incluso Giovanni Antonio Razzi,
más conocido por el apodo de El Sodoma )
El ángel que detiene la mano
de Abraham, o el San Juan joven
que predica en el desierto:
Jordán sus labios y palmeras tiernas.
Lo que pinto, por eso, semeja
otra cosa. Pero es la calle sólo,
la realidad absoluta de este reino.

Todo lo demás es decorado,
simplemente pretexto. Lo que yo
amo, sobre todo, es la vida, el mundo,
la juventud irrepetible, el momento
de la gracia, cruel y transitorio.
Poco me importa que ciertos familiares
no me saluden. O que de mí se diga
que bebo muchas tardes con mozos
de cuerda y pajes que se bañan
en el Tíber. ¡Amo tanto la realidad,
amigo mío, que todos creen que son
fábulas lo que pinto! Sebastián
muriente, o la Troya desolada
de la que huye el crinado Eneas.
Pero no hay nada de eso. Ojos
vistos al azar, cuerpos que amo
en una tarde. Cinturas breves
que arden como la ciudad aquella.
Soy un ladrón de realidad,
y creo bien que todo arte es rapto.
Por eso importa más el vivir,
finalmente. Y de una u otra manera,
el artista, señor, es delincuente.


(de la antología Un paganismo nuevo . Ed. Olifante)