LA POESIA Y LA PINTURA, 1626. Francesco Furini. Galería Palatina, Florencia. "La armonía es más fuerte que la luz"

Descripción de cuadros para Guillermo

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Cansa ver la ciudad, esas fachadas... (de Carlos Pujol)



Vista de Delf
Johannes Vermeer
Royal Pictura Gallery Mauritshuis



Cansa ver la ciudad, esas fachadas
de colores ingenuos, los canales,
todo visto mil veces día a día,
repitiendo el engaño
del tiempo que se va.
La puerta de Schiedam y su reloj,
y la puerta de Rotterdam
con sus torres gemelas,
la vida amurallada que protege
en vano de pretextos tentadores.
Hay una alegoría en esta imagen
de quietud que se mira en un espejo
que finge no existir.

EL GEÓGRAFO SOY YO, Y CON LA MIRADA (de Carlos Pujol)


El geógrafo 1669
Museo Städel,Fráncfort del Meno
Vermeer




El geógrafo soy yo, y con la mirada
perdida abrazo lejanías. Uso
compás para medir lo que en mi mente
es incomensaurable.
Delante de mis mapas y en mi cuarto
miro el vació y veo
el sinfín de los mares y las tierras
que en la distancia puedo dibujar;
como se reconstruye
el perfil minucioso y el azul
de la imaginación.















(del poemario "La pared amarilla")

ENFRENTE, EL MAR PINTADO, LOS ESCOLLOS (de Carlos Pujol)



Enfrente, el mar pintado, los escollos
y jirones de playa. La visión
deshabitada de un naufragio antiguo.
El paisaje nos mira
y ve en nosotros más que los espejos.



LA DAMITA QUE BEBE, SU GALÁN... (de Carlos Pujol)


 
Dama bebiendo con un caballero, 1660
Johannes Vermeer
 La damita que bebe, su galán
de pie,  como esperando
ver el efecto que le causa el vino.
Parece un visitante,
no se ha quitado aún capa y sombrero.
O se despide, y ella acopia fuerzas
para decirles adiós. ¿Un episodio
de seducción o compra de favores?
Entre los dos hay una intimidad,
no sabemos cuál es.
Es turbador ese montón de indicios
ambiguos, divergentes,
vemos la vida en todos sus detalles
y nos quedamos sin saber qué pasa.
No hay más explicación.








NI YO MISMO SABRÍA... (de Carlos Pujol)


Muchacha dormida, 1657
Vermeer van Delf
Ni yo mismo sabría 
decir qué es lo que pasa en este cuadro. 
Una historia  se agota en su misterio,  
hasta que se confunde
en rompecabezas muy dudoso, 
con piezas que no existen.  
Hay que dar algo más que esté a las claras 
y que por eso mismo 
se convierta en enigma.
A esa joven que duerme 
delante de la mesa, 
¿la ha vencido el cansancio o la embriaguez? 
¿O se abandona a la desolación 
de cuitas amorosas?
(pinté en la oscuridad 
un Cupido y su máscara).
Tras de la adivinanza está la excusa 
que figurase el sueño 
intangible y vugar:
la puerta a medio abrir, 
y al fondo la pared y su luz ambigua.