LA POESIA Y LA PINTURA, 1626. Francesco Furini. Galería Palatina, Florencia. "La armonía es más fuerte que la luz"

Descripción de cuadros para Guillermo

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SAN SEBASTIÁN (de Mario Luzi)


Flechas.
                  Sentía a pesar
                                                de aquel dolor agudo del costado,
                                                                                           flechas
                                                 zumbar aún, lanzarse
una tras otra

Antonello da Messina, 1476. Gemäldegalerie, Dresde
                           vibrando sobre el blanco
y el blanco era su pecho.
Ya cerca
                  se desviaba
alguna,
               se desviaban
muchas, una tras otra
hacia qué otro destino...
Él está en el centro
del sufrimiento, puesto
allí, ombligo
él mismo del mal,
de la tortura.
                            ¿A mí por qué, por qué
esta acrimonia
del enemigo
                         en contra de mi carne?
Monótono demonio.
Pero hormiguea -se da cuenta-
el mundo de pesares,
su suplicio no es suyo,
es de la especie que se mueve
y chapotea
                      en la luciente tina.
Oh no lo mortifica,
más bien lo reconforta
la comunión promiscua.
Casi no lleva más tormento
                            ni gloria
el dardo último que lo traspasa.


RETRATO: «CABEZA DE HOMBRE» DE ANTONELLO DA MESSINA (de Álvaro Cunqueiro)


Retrato de un hombre. Antonello da Messina, 1476 Museo Cívico de Turín.


Alguien dijo que su mirada es desdeñosa.
Indiferente sonríe a las generaciones que pasan
y juzga, sin mostrarlo,
y sin que podamos sospechar que a lo mejor lleva
peso de muertes en su conciencia.
El hombre, un no sé qué de lujurioso,
una fina crueldad, un espiarte
de aquí hasta el fondo de la sangre y de los jardines
del pensamiento, y del sueño. Búrlase
de los siglos y de los ángeles, y de todo
lo que no dura, porque él es eterno.




EL CONDOTIERO ( de Antonio de Zayas)





Arden los ojos de la faz lampiña
tostada por el sol del Condotiero
era insaciable instinto carnicero
que no igualan las aves rapiña.


Tesón denuncia en la sangrienta riña
de su labio carmín frunce fiero,
y en su nombre no más, infausto agüero
en el vasto confín de la campiña.


Pecho de gladiador, cuello de atleta,
licenciosas costumbres de asesino,
y dúctil corazón de artista grande,


nada la da pavor, nada le inquieta,
y entre los dados y el amor y el vino
saca el puñal e impávido lo blande.


 Il Condottiere. 
Antonello da Messina, 1475. 
Museo del Louvre, París.

ANTONELLO DA MESSINA, “LA CRUCIFIXIÓN” (de Miguel D'ors)



Crucifixión, 1475
National Gallery
Antonello da Mesina










Sobre el dolor nunca se equivocaron
los antiguos maestros. Por ejemplo,
esta Crucifixión: Jesús ha muerto. Pende
frío y abandonado –a sus pies ya tan sólo
su madre y el amigo más querido-,
de la cruz todavía.
                                    Y sin embargo,
qué extraña paz, qué luminoso orden
en la mañana.
                            Un gozo misterioso
invade el alma como
un acorde perfecto.
                                       (Antonello sabía
que allí murieron todos los pecados
de la Historia, que una
Humanidad distinta estaba amaneciendo
en aquel cuerpo roto. Que empezaba la Vida.)