LA POESIA Y LA PINTURA, 1626. Francesco Furini. Galería Palatina, Florencia. "La armonía es más fuerte que la luz"

Descripción de cuadros para Guillermo

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LA GIGANTA (de Charles Baudelaire)




La géante, 1929
René  Magritte
Colonia, Museum  Ludwig
 Cuando Naturaleza con su vigor intacto,
concebía a diario cachorros monstruosos,
junto a una gran giganta quisiera haber morado,
como al pie de una reina un gato voluptuoso.

Y ver cómo al unísono florecen su alma y cuerpo
y crecen entre juegos libres y pavorosos;
descubrir si una umbría llama alberga su pecho
por las húmedas nieblas que nadan en sus ojos;

recorrer a placer esas formas magníficas;
trepar por la ladera de su inmensa rodilla,
y a veces, en verano, cuando el sol aplastante

le obliga sobre el campo a tenderse cansada,
indolente a la sombra de sus pechos tumbarme,
como aldea apacible al pie de una montaña.




A RENÉ MAGRITTE ( de Juan Eduardo Cirlot)




Las mujeres con pechos de papel
alumbran la armonía de los prados.
A las ventanas vienen los venados
bajo un cielo de páginas de miel.

Detrás de esa cortina hay un doncel
con los ojos azules y vendados
pero en las blancas vendas hay pintados
tres ojos negros donde está Luzbel.

La pierna adolescente de la bella
abre sus abanicos de cristales
mientras un aerolito resplandece.

La carne es un espejo y una estrella.
El hombre la contempla con puñales
pero la rosa corre mientras crece.




PORQUE PIENSA, CREE EL HOMBRE QUE ES DISTINTO DE LAS OTRAS COSAS (de Santiago Elso Torralba)


La reproducción prohibida (Retratro de Edward James )
Museum Boymans-van Beuningen. Rotterdam.
René Magritte




¿Has visto dos espejos cara a cara?
No tiene fin el fondo, cada cosa
se duplica, se vuelve numerosa,
no es una ya; lo singular declara
que él es plural y múltiple, y no para
cada imagen de hacerse tan copiosa
que nos parece entonces que rebosa
el mundo de apariencias. Quien buscara
en este abismo algún original,
no lo hallará, y si todo se repite
es porque juega el Ser al escondite
fugándose hacia el fondo del cristal.
Incluso ese de ahí, que ve su propia
nuca; no entiiende que él es una copia.

MAGRITTE (de Carlo Bordini)

La hoja ya contiene en sí al árbol
el perfil del hombre contiene su propia tarde
La nube contiene en sí al horizonte
y la memoria es una herida
en la sien de una estatua olímpica.
La manzana se levanta sobre un cuello inexistente,
cabeza vegetal
y el título es siempre necesario,
siempre necesario.
Mientras la nube entra en nuestra intimidad,
y el mundo vegetal se mezcla con el animal,
la ropa se mezcla con el cuerpo
las funciones con el medio (el pájaro con el cielo)
una manzana escucha invadente
y nosotros, con nuestras tres lunas,
miramos los panes que desfilan en el cielo,
y por la ventana, inquietantes,
nos miran deshechos
cincuenta de nuestros yos
horrible
vendemia de muerte.
Mientras un pájaro de piedra
vuela
en un cielo pintado
de nuestras caras
adiós sol,
triste sobre el traje negro.
Traducción de Martha Canfield


La hoja ya contiene en sí al árbol
el perfil del hombre contiene su propia tarde
La nube contiene en sí al horizonte
y la memoria es una herida
en la sien de una estatua olímpica. 
La manzana se levanta sobre un cuello inexistente,
cabeza vegetal 
y el título es siempre necesario,
siempre necesario.
Mientras la nube entra en nuestra intimidad, 
y el mundo vegetal se mezcla con el animal, 
la ropa se mezcla con el cuerpo 
las funciones con el medio (el pájaro con el cielo) 
una manzana escucha invadente
y nosotros, con nuestras tres lunas,
miramos los panes que desfilan en el cielo, 
y por la ventana, inquietantes,
nos miran deshechos
cincuenta de nuestros yos
horrible
vendemia de muerte.
Mientras un pájaro de piedra
vuela
en un cielo pintado
de nuestras caras
adiós sol,
triste sobre el traje negro.

EL FALSO ESPEJO -El milagro de tu pupila- (de Santiago Elso Torralba)


El falso espejo
René Magritte























La luna ignora que es tranquila y clara,
y ni siquiera sabe que es la luna;
la arena que es la arena.

J.L. Borges



¡Contempla el cielo! Como si flotara,
más leve, más ligera va la luna
hacia tu íntima pupila, que una
brizna meciéndose en el agua clara. 

Y piensa que la luna, que desfila
enorme y blanca, tiene ya una dueña
que la encierra: la oscura, la pequeña
y rara luna que es una pupila,

ese círculo escaso que captura
la forma, los contornos y colores
de los líquidos, cuerpos y vapores,
la endeble sombra y la materia dura

del pie, la mano, el hombro, el fino y terso
cuello amante, del árbol y la piedra,
de un muro inerte y de su viva hiedra,
de todo lo que ofrece el universo.

Se arremolina el mundo en su insaciable
negro centro que todo lo devora,
y en ella caen igual la inmensa aurora,
el monte ensangrentado por un sable

de luz, que la menuda y dócil rosa
que tinta algún jardín con su color.
En ella es una rama no menor
que un bosque entero con su numerosa

agitación, y alcanzarán un mismo,
un único destino hoja y fronda,
pues todo, enorme o párvulo, se ahonda
y se sumerge en el voraz abismo

sin fondo ni confín que es tu pupila.
Todo le pertenece: el amarillo,
el blanco y el azul, tamaño, brillo
y ser de cada objeto que vigila.

Un caudaloso río de despojos,
un fuego de sustancias ardorosas,
un corrimiento, un vendaval de cosas
desgobernadas entran por tus ojos;

y allí, esas cosas, hallan a su orfebre:
tú, que unes cada una a su perfecto
nombre y les das su singular aspecto,
su molde, su razón, su afán, su fiebre.

No es en la tarde en donde el sol declina,
no es en la fuente en donde el agua mana,
no es en el aire en donde el ave gana
altura, sino en ti y en tu retina.

El mundo es tu mirada; así resulta
que tuyos son el mar, la flor, la roca,
la clara luz y aquello que ella toca,
y la sombra con todo lo que oculta.

En tu interior, el mundo sabe que es
el mundo, pues de selvas y de arenas,
de luna están tus dos pupilas llenas,
que son espejos para cuanto ves.

Tus ojos son de agua y son de fuego,
tus ojos son de tierra y son de viento,
ha recalado en ti cada elemento
para poder mirarse y no estar ciego.

Y no eres tú el que mira las estrellas,
el cielo, las mareas o la hierba;
cada cosa, a través de ti, se observa
y se contempla. No eres tú. Son ellas.




(del poemario inédito "Descripcion de cuadros para Guillermo")


LAS BELLAS REALIDADES (de Santiago Elso Torralba)

Las bellas realidades
René Magritte

 -Un suelo; y sobre el suelo, alguna mesa;
y encima de la mesa, una manzana.
Así es el mundo -dijo alguien- . De esa

manera, y no como te dé la gana,
hay que pintarlo. Dije: -Quite, quite,
prefiero lo que pinta el gran Magritte.

Nada; y sobre la nada, una gigante
manzana verde; y sobre esta fruta,
una sencilla, limpia y diminuta
mesa con su mantel que están delante

de un mar grisáceo. Así, con el tamaño
y posición expuestos del revés,
se nos revela lo que Todo es,
será y ha sido siempre: algo extraño.