Blog elaborado por Santiago Elso Torralba: santielso2@yahoo.es y poesía-pintura.blogspot.com
LA POESIA Y LA PINTURA, 1626. Francesco Furini. Galería Palatina, Florencia. "La armonía es más fuerte que la luz"
Descripción de cuadros para Guillermo
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¿Qué soledad aflige ... (de José Corredor-Matheos)
Ante el cuadro de Edward Hopper, Habitación de hotel
¿Qué soledad aflige
a la mujer del cuadro?
Tiene aún las maletas
por abrir,
como las tengo yo.
No acaba de volver
de sitio alguno,
y no parece estar
a punto de marcharse.
Como está estamos todos:
ignorantes,
colgados en un tiempo
y un espacio
que no pueden ser nuestros.
No hay soledad que pueda
compartirse,
y esto es lo que la aflige
y nos aflige.
Saber que estamos solos,
y que no estamos solos,
y es más profunda así
la soledad
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Edward Hopper,
José Corredor-Matheos
“AVES NOCTURNAS” (de Luis Antonio de Villena)
No es la noche la vital fanfarria del estrépito
ni el espumoso vino que cobra o regala juventud…
La noche es la morada del solitario,
la siempre ancha casa de las estrellas errantes…
Aunque he gozado de horas de disipación y de belleza,
nunca sentí la noche, tan rica y tan profunda,
como en esos días de entresemana
en que salgo solo, raramente feliz,
y observo semidesiertas calles otoñales,
hermosos y puros árboles pelados,
frío soplando en los vientos del norte,
gente (muy poca) con las manos guarecidas
en guantes y bolsillos, bufandas, gabanes…
Bares vacíos o prácticamente vacíos,
donde inmóviles figuras bajo el foco de luz,
se miran quietas en el espejo frontal de la barra
o contemplan la copa a medio terminar
como si fuera una pose o una actitud eternas…
La soledad habla con cada uno hondo
y, a ratos, quizás una sonrisa te recuerda otra vida.
No es mentira. Mas es tan honda esta verdad
de noche y soledad extrema, de música callada
y soliloquios íntimos
donde, recorriendo la inmensa ciudad,
oscura y vacía, eres más real y más tú
que nunca…
(Pensaba Edward Hopper: París allá. Remoto, infencundo,
perdido. No era su mundo.
Su reino fue consuetudinario, trivial. Vidas y abismo.
Lo que todos saben y ninguno lo dijo.)
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| Nighthawk (Edward Hopper) |
No es la noche la vital fanfarria del estrépito
ni el espumoso vino que cobra o regala juventud…
La noche es la morada del solitario,
la siempre ancha casa de las estrellas errantes…
Aunque he gozado de horas de disipación y de belleza,
nunca sentí la noche, tan rica y tan profunda,
como en esos días de entresemana
en que salgo solo, raramente feliz,
y observo semidesiertas calles otoñales,
hermosos y puros árboles pelados,
frío soplando en los vientos del norte,
gente (muy poca) con las manos guarecidas
en guantes y bolsillos, bufandas, gabanes…
Bares vacíos o prácticamente vacíos,
donde inmóviles figuras bajo el foco de luz,
se miran quietas en el espejo frontal de la barra
o contemplan la copa a medio terminar
como si fuera una pose o una actitud eternas…
La soledad habla con cada uno hondo
y, a ratos, quizás una sonrisa te recuerda otra vida.
No es mentira. Mas es tan honda esta verdad
de noche y soledad extrema, de música callada
y soliloquios íntimos
donde, recorriendo la inmensa ciudad,
oscura y vacía, eres más real y más tú
que nunca…
(Pensaba Edward Hopper: París allá. Remoto, infencundo,
perdido. No era su mundo.
Su reino fue consuetudinario, trivial. Vidas y abismo.
Lo que todos saben y ninguno lo dijo.)
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Luis Antonio de Villena
HOPPER -Habitaciones junto al mar- (de Ángela Serna)
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| Habitaciones junto al mar, 1951 Yale University Art Gallery, New Haven, USA Edward Hopper |
Esa luz, que inunda el vacío y deja ver el aire
entre los pliegues del silencio y de la ausencia,
llena la alcoba de rumores, de recuerdos,
de tantas horas pasadas junto a ti.
Abierta al mar, que espera impaciente tu llegada,
solo tú sabes que, más allá de la puerta abierta,
nadie, sino el mar, dará cobijo a las lágrimas vertidas
la última noche.
Solo tú serás capaz de cerrar la puerta sin violencia,
sin rabia, para que la ausencia presentida
sea al fin presencia serena. Algo así
como palabras de elefante aguardando que la piel,
transformada en papel, acoja la verdad de nuestra historia.
Solo junto al mar encontraremos el lugar propicio para la palabra.
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Angela Serna,
Edward Hopper
HABITACIÓN AL MAR (de Santiago Elso Torralba)
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Habitación al mar, 1951
Yale University Art Gallery
Edward Hopper |
¿Pero qué lugar es este, señor Hopper,
qué refugio, qué frontera, qué dos mundos
enfrentados, por qué nos trajo aquí?
Qué desolación tan grande, señor Hopper,
esta habitación al mar
que con sus manos, que con sus botes de colores
ha pintado alrededor de nuestros pies.
Diga, ¿de pura lástima omitió ponernos?,
¿de pura compasión no quiso retratar
nuestra mirada absorta en el vacío?
¿Fue por piedad que puso un día luminoso?
Y esa cómoda, el sofá, ese cuadro,
¿fue para hacer más tolerable nuestro tedio?
En verdad, señor pintor, no es usted tan compasivo.
¿Qué puerta se abrirá sin que aparezca
la vasta latitud del mar; qué ventana
no dará a su calma sin mesura?
Por más que derribemos los muros
de esta casa, faro, último recinto,
nada encontraremos que no sea
su azul indiferencia, su abrumador silencio.
No lo quiero, Señor Hopper,
renuncio a este lugar, a este espacio soleado,
a su quietud, a su espera resignada.
¿No es usted artista, no es un demiurgo?
Pues cree, invente, mienta,
pinte algo que no existe o que no está.
Ponga usted un puerto, un buque ultramarino,
un petrolero en lontananza,
para que podamos decir:
aún escucho de noche sus sirenas.
Ponga alguna costa, una gaviota,
algún bañista, las velas de un pesquero,
la estela de una nave, alguna arena
con las huellas de unos pasos,
para que podamos pensar:
no estuve solo.
Ponga un capitán en el bauprés
frente a una salva de cañones;
una tormenta, un arrecife,
frente a una salva de cañones;
una tormenta, un arrecife,
algún naufragio, al tripulante que nos cuenta
arrepentido la infame muerte del albatros;
ponga la balada del viejo marinero,
para que podamos sentir
que nuestro encierro no es en vano.
Ponga, haga el favor, sobre las olas
una botella de cristal con un mensaje dentro,
para que podamos creer, siquiera,
que alguien nos buscaba.
Ponga un viento de infortunio, se lo ruego,
un velero que desgarre este lienzo con su quilla.
(del poemario inédito "Descripción de cuadros para Guillermo")
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Santiago Elso Torralba
MAS TARDE (de Louis Edward Sissman)
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| Sol en una habitación vacía, 1963 Colección privada Edward Hopper |
En donde confluyen los interiores
de sus primeros años
pasaron compañías de mudanzas
con sus camiones de atrezo
y se llevaron los objetos del pasado
-camas, alfombras, lámparas, gente,
documentos, cómodas -
dejando atrás un monumento tangible
de su vida y de cómo la vivió:
Un árbol verde sopla fuera
internándose en la habitación
por la ventana doble, formando rectángulos
de color crema
sobre la pared con la ventana y la pared
con el nicho y sobre
el suelo de madera desnudo, el sol matutino
habita el vacío
con luz americana.
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Louis Edward Sissman
NIGHT WINDOWS -Edward Hopper- (de Ramón Cote Baraibar)
A medianoche,
una luz encendida en lo alto
de un edificio
es un imperio.
La orfandad de ese involuntario
faro
es una solitaria prueba de la vida.
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| Night windows Edward Hopper |
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Ramón Cote Baraibar
DOS HOPPERS (de John Updike)

A la más pequeña, menos joven
"Muchacha con la máquina de coser"
nos la muestra, pálido perfil oscurecido por su pelo,
trabajando ante un muro naranja mientras el cielo
en columnas de puro azul
se mantiene a la espera tras la ventana.
Está sola y en silencio. La protagonista
de "Habitación de hotel", casi desnuda, mira fijamente
una carta desdoblada sobre sus rodillas descubiertas.
Sus ojos y su rostro están en penumbra. El día
y su ruido sordo de tráfico invisible se mantiene fuera
de la habitación con paredes amarillas, en la que
un bureau nos bloquea el camino y el equipaje
espera a ser pronto deshecho cerca de un sillón
verde desgastado por el sol: felpa de los años treinta.
Hemos estado aquí antes. La luz oblicua,
la mujer sola y atrapada entre los planos
de la pintura. Algún misterioso testigo nos ha invitado
a respirar junto a ellas. La chica que cose,
la carta. Hopper dice: "yo soy Vermeer".
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Vermeer
EARLY SUNDAY MORNING (de Hilario Barrero)
Única criatura, la claridad
extiende sus raíces en la línea
horizonte de la calle vacía,
bautizando al color por su apellido:
azules infantiles, verdes lluviosos,
ocres enamorados, húmedos blancos
que son frontera con la sábana tibia,
el olor a café, la primera caricia,
y el roce de la muerte que, temprana,
teje precipitada la túnica del barro.
Dando razón de luz al carbón de la sombra,
el sol va señalando a la fachada
su destino de noche aún distante.
Dormidas las persianas, amarillo
despierto de septiembre, un visillo
entretiene su frágil esqueleto
en el lento columpio de la brisa,
mientras Mrs. McLaughlin siente un escalofrío,
protegida por Gato (y una buena ginebra)
y comienza a leer la última edición
del New York Times, cuando tan sólo son
las siete menos cuarto, en la recién
creada mañana del domingo.
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| Early Sunday Morning Edward Hopper |
Única criatura, la claridad
extiende sus raíces en la línea
horizonte de la calle vacía,
bautizando al color por su apellido:
azules infantiles, verdes lluviosos,
ocres enamorados, húmedos blancos
que son frontera con la sábana tibia,
el olor a café, la primera caricia,
y el roce de la muerte que, temprana,
teje precipitada la túnica del barro.
Dando razón de luz al carbón de la sombra,
el sol va señalando a la fachada
su destino de noche aún distante.
Dormidas las persianas, amarillo
despierto de septiembre, un visillo
entretiene su frágil esqueleto
en el lento columpio de la brisa,
mientras Mrs. McLaughlin siente un escalofrío,
protegida por Gato (y una buena ginebra)
y comienza a leer la última edición
del New York Times, cuando tan sólo son
las siete menos cuarto, en la recién
creada mañana del domingo.
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Hilario Barrero
HABITACIÓN DE HOTEL 1931 (de Irene Sánchez Carrón)
Una mujer ha entrado en el viejo hotel
y va hacia el mostrador.
Una mujer se quita el abrigo gris,
el sombrero, el vestido y los recuerdos.
Una mujer retira la áspera colcha
de la cama de hotel.
Una mujer sin rostro, casi desnuda,
está sentada al borde de su vida.
Una mujer se esconde dentro del miedo
y, tras leer la carta,
mide su soledad interminable.
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| Habitación de hotel .1931 (Edward Hopper) |
Una mujer ha entrado en el viejo hotel
y va hacia el mostrador.
Una mujer se quita el abrigo gris,
el sombrero, el vestido y los recuerdos.
Una mujer retira la áspera colcha
de la cama de hotel.
Una mujer sin rostro, casi desnuda,
está sentada al borde de su vida.
Una mujer se esconde dentro del miedo
y, tras leer la carta,
mide su soledad interminable.
(del poemario “Escenas principales de un actor secundario” Premio de poesía Adonais 1999)
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Irene Sánchez Carrón
AVES NOCTURNAS (de Anne Carson)
"Quería huir contigo esta noche
pero eres una mujer difícil
las normas que hay en tí...
Pasado y futuro giran a nuestro alrededor
ahora sabemos más ahora menos
en el instituto de las sombras.
En una calle negra como viudas
con nada que confesar
nuestras distancias nos hallaron
Las normas que hay en tí...
mujer tan difícil
quería huir contigo esta noche.
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Edward Hopper
HABITACIÓN EN BROOKLIN (de Anne Carson)
Este
lento
día
se mueve
Por el cuarto
oigo
sus ejes
volverse
Un deslumbre gradual
en
el
techo
me da esa
atrevida
emoción
amarilloazulada
mientras las horas
fluyen
por el ancho
camino
de mi atardecer
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| Room In Brooklyn (Edward Hopper) |
Este
lento
día
se mueve
Por el cuarto
oigo
sus ejes
volverse
Un deslumbre gradual
en
el
techo
me da esa
atrevida
emoción
amarilloazulada
mientras las horas
fluyen
por el ancho
camino
de mi atardecer
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Anne Carson,
Edward Hopper
EDWARD HOPPER Y LA CASA JUNTO A LA VIA DEL TREN (de Edward Hirsch)
Aquí fuera en el centro exacto del día,
esta casa desgalichada y rara tiene la expresión
del que sufre una mirada fija, del que contiene
el aliento bajo el agua, mudo y expectante;
esta casa se avergüenza
de sí misma, de sus mansardas fantasiosas
y su porche pseudogótico, se avergüenza
de sus hombros y sus manazas torpes.
Pero el hombre del caballete es implacable.
Es tan brutal como el sol, y cree
que la casa tuvo que hacer algo espantoso
a los que en otro tiempo la habitaron
para estar ahora tan atrozmente vacía,
tuvo que hacerle algo al cielo
para que también el cielo esté desierto
y no diga nada. Por ningún lado
crecen árboles ni arbustos: la casa
tuvo que hacerle algo a la tierra.
Lo único presente es una sóla vía
que va recta a lo lejos. No pasa el tren.
Ahora el forastero viene por aquí a diario,
y la casa sospecha que también él
está desolado; desolado
y avergonzado, incluso. La casa empieza
a mirarle de frente. Y sin saber cómo,
la tela en blanco va tomando despacio
la expresión de alguien acobardado,
que contiene el aliento bajo el agua.
Hasta que un día el hombre se va.
Es una última sombra de la tarde
que atraviesa la vía y se encamina
por el inmenso campo anochecido.
Pintará otras mansiones abandonadas,
y cristaleras de cafetería borrosas,
y escaparates mal rotulados al borde de los pueblos.
Tendrán siempre la misma expresión,
la desnudez total de alguien que sufre
una mirada fija, alguien americano y desgalichado.
Alguien que va a quedarse solo
una vez más, y ya no lo soporta.
Versión de Maria Luisa Balseiro
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Edward Hopper
AVES NOCTURNAS (de Daniel García Florindo)
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| Nighthawk (Edward Hopper) |
Hay un refugio para las aves nocturnas
de la avenida Greenwich, un lugar
pintado en los años cuarenta para
encerrar en una jaula de cristal
la soledad de los pájaros
con sombreros de ala ancha,
al camarero y a la mujer de rojo
perdida en su inmensidad callada.
Una nostalgia de cine negro,
un tipo duro —y no es Sam Spade
ni Humphrey Bogart— la acompaña
en la barra muda de este restaurante.
La noche es larga —dirá la chica.
Se han tomado dos cafés, y han parado
el instante
sin saber que jamás ahuecarán el ala.
A estas horas, en esta inquietante noche
nos atrapa para siempre el color pardo,
el rojizo y el azul eléctrico,
la verdadera América,
aquí, en esta pecera humana,
en este cuadro.
(del poemario "Amanecer en Pensilvania")
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Edward Hopper
HOPPER (de Manuel Rico Rego)
Es una carretera solitaria. Un cable del telégrafo
poblado de vencejos. Una casa que, quizá, abandonaron
no hace mucho sus dueños. Un surtidor inútil, vencido por el polvo.
Un fugaz automóvil, el silencio.
La luz es amarilla. Como el trigo segado no hace mucho,
sus cabellos gastados al fin se desvanecen contra un cielo
donde el abismo alienta.
Hierve el asfalto. Mensajes invisibles
de fugaces neumáticos
crecen sobre el silencio.
Es una carretera prendida al amarillo
de un sueño sin memoria.
Cruza el águila el aire
y la luz, con sigilo, lo retiene.
En la casa, como fruto del tiempo
detenido, tal vez llegando del fondo de los siglos,
se pinta en la ventana la silueta sin rostro
de un fantasma. Ha surgido de pronto. Es como si el tiempo
ocupara un lugar al mediodía, un borroso lugar
hecho a la soledad y hecho al silencio que, terco, amarillea
la luz.
No existimos o sólo en el reflejo
de la llanura, del cable del telégrafo, del fugaz automóvil
o de la casa dejada
a merced del fantasma sin rostro por sus dueños
junto a una carretera
perdida en un lugar desconocido.
Pero es la soledad un universo. También el amarillo
de la luz aquietada, lo negro del asfalto
que hierve, el vuelo hecho sigilo del águila o la dura
desolación de julio.
¿Por qué la escena aturde?
¿Por qué el miedo nos deja
su barniz, su desastre?
¿Por qué, sobre la claridad, se impone
la callada amenaza del vacío, el asedio
de las cosas perdidas, la urdimbre gris del miedo,
su trampa inabarcable?
Es como si en el aire
jamás la noche se anunciase, como
si sólo nos marcara
la extensa longitud que sobrecoge, como
si sólo el horizonte, con su color de teja, y el desierto
—un surtidor de polvo,
una casa vacía y un fantasma
detrás de los cristales—, fueran el aposento
de la pasión por detener las horas
que es el arte.
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| Gasolinera (Edward Hopper) |
Es una carretera solitaria. Un cable del telégrafo
poblado de vencejos. Una casa que, quizá, abandonaron
no hace mucho sus dueños. Un surtidor inútil, vencido por el polvo.
Un fugaz automóvil, el silencio.
La luz es amarilla. Como el trigo segado no hace mucho,
sus cabellos gastados al fin se desvanecen contra un cielo
donde el abismo alienta.
Hierve el asfalto. Mensajes invisibles
de fugaces neumáticos
crecen sobre el silencio.
Es una carretera prendida al amarillo
de un sueño sin memoria.
Cruza el águila el aire
y la luz, con sigilo, lo retiene.
En la casa, como fruto del tiempo
detenido, tal vez llegando del fondo de los siglos,
se pinta en la ventana la silueta sin rostro
de un fantasma. Ha surgido de pronto. Es como si el tiempo
ocupara un lugar al mediodía, un borroso lugar
hecho a la soledad y hecho al silencio que, terco, amarillea
la luz.
No existimos o sólo en el reflejo
de la llanura, del cable del telégrafo, del fugaz automóvil
o de la casa dejada
a merced del fantasma sin rostro por sus dueños
junto a una carretera
perdida en un lugar desconocido.
Pero es la soledad un universo. También el amarillo
de la luz aquietada, lo negro del asfalto
que hierve, el vuelo hecho sigilo del águila o la dura
desolación de julio.
¿Por qué la escena aturde?
¿Por qué el miedo nos deja
su barniz, su desastre?
¿Por qué, sobre la claridad, se impone
la callada amenaza del vacío, el asedio
de las cosas perdidas, la urdimbre gris del miedo,
su trampa inabarcable?
Es como si en el aire
jamás la noche se anunciase, como
si sólo nos marcara
la extensa longitud que sobrecoge, como
si sólo el horizonte, con su color de teja, y el desierto
—un surtidor de polvo,
una casa vacía y un fantasma
detrás de los cristales—, fueran el aposento
de la pasión por detener las horas
que es el arte.
(del poemario "Quebrada Luz": Editorial Sociedad Cultural Valle-Inclán)
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Manuel rico Rego
EDWARD HOPPER (de Enrique Lihn)
Historias ajenas al Acontecimiento,
el lugar en que los hechos ocurrieron y/o van a ocurrir,
eso pintó Edward Hopper,
un mundo de cosas frías
y rígidos encuentros entre maniquíes vivientes.
La luz extraterrestre con que empieza un domingo
sin fin o el resplandor de unos rieles crepusculares
eso pintó: un camino sin principio ni fin,
una calle de Manhattan entre este mundo y el otro.

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Enrique Lihn
HABITACIÓN DE HOTEL, 1931 (de Josefa Parra)
(Edward Hopper)
Si hubiera una promesa
entre tú y yo, una cita
prorrogada, una luz allá a lo lejos
con que poder guiarme;
si quedase esperanza
-aunque fuese una triste
diminuta esperanza-;
si alguna vez tus labios
hubiesen pronunciado
la palabra mortal que yo anhelaba,
o algo que me sonara parecido,
pienso que aún hallaría
razón para aguardarte.
¿Y quién sabe si el trueque de la carne
no fue, de alguna forma, una promesa?
Si hubiera una promesa
entre tú y yo, una cita
prorrogada, una luz allá a lo lejos
con que poder guiarme;
si quedase esperanza
-aunque fuese una triste
diminuta esperanza-;
si alguna vez tus labios
hubiesen pronunciado
la palabra mortal que yo anhelaba,
o algo que me sonara parecido,
pienso que aún hallaría
razón para aguardarte.
¿Y quién sabe si el trueque de la carne
no fue, de alguna forma, una promesa?
(del poemario "Alcoba del agua" 2002)
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Josefa Parra
CON EDWARD HOPPER (de Eduardo Mitre)
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| Habitación de Hotel. Edward Hopper |
qué hombros tan desfallecidos
los de esa hermosa mujer
semidesnuda, sentada
al borde de la cama,
en la vecina pieza del hotel.
¿Qué le dirán en la carta
que sostiene en las manos
y la sigue mirando
hace ya rato
como abismada?
¡Quién la habrá escrito!
¿Acaso su padre, rogándole
que olvide el agravio
y vuelva de inmediato a casa?
¿O el amante que no vino
ni vendrá más a la cita
-a la fuga prevista-
(porque la esposa, los hijos...)
a la que ella acudió
jubilosa, anhelante,
dejando su fino chal
en el verde sillón mazico
y el denso equipaje
intacto en el piso,
sin duda por la prisa,
en nervisismo
que siempre aguija
en toda pasión furtiva?
Y si no, dígame usted, tocayo:
¿Comó uno se ecplica
esta flor convertida
en un cactus de desolación?
Mi colega Mark Strand la ha visto
y dice qeu todo en ella rezuma
un pavor al futuro incierto, un deseo
de desaparecer ahora mismo.
Y es cierto. Pero al fin y al cabo,
¡qué futuro ni qué ocho cuartos, tocayo!,
si lo que en realidad hace falta
es sólo una llave
o un poco de imaginación
y las palabras precisas
para entrar en su habitación
cautamente, sin asustarla,
y, tras ganar su confianza,
cubrirla con un abrigo
y llevarla al parque Bryant
a escuchar la fuente de agua
donde eche al olvido esa carta.
O tal vez a Central Park,
a respirar aire puro
y pasearnos los tres juntos
del brazo, tocayo,
en esta luz natural
que ya dora las ramas
y empurpura las cejas
de Shakespeare al crepúsculo.
¡Ándele, pues, tocayo:
un brinco por la ventana
y manos a la obra!
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Edward Hopper
HABITACIÓN DE HOTEL /HOPPER/ (Cristina Peri Rossi)

Las noches en que uno estira las últimas copas
en la sala del hotel antes repleta
los invitados se han retirado
algún rezagado como yo destila su melancolía
mirando fijamente el contenido del vaso
¿una cucaracha en el whisky?
no, querido, es la moneda redonda de tu soledad
es la gota de sangre de tu hastío
son las tres de la mañana
los camareros cansados desean irse a dormir
han trabajado largo
han trabajado duro
pero óiganme bien, soy cliente,
pago para que estén despiertos
es el valor del dinero
mientras no se me antoje no me voy a la solitaria
habitación del hotel
también podría llamar a una puta
pero ya es demasiado tarde
las últimas putas ya se fueron con sus clientes
aquí mismo en el hotel
donde se celebró en congreso de accionistas
–Sala A-
y un congreso de escritores –Sala C-
hay que tener botellas bien surtidas
testículos hinchados
culos abiertos de mujeres sodomizadas
el otro cliente del bar tampoco tiene ganas de irse
mira el fondo de su vaso
como si escondiera una inscripción
la cifra del poema que no ha escrito todavía
ni va a escribir
yo tampoco
yo vacilo
quizás el aire de la calle (Princesa)
me vendría bien
pero siento las piernas pesadas
menor me voy a la habitación vacía del hotel
buen hotel
un hotel para congresos convenciones conferencias
dos camas sólo para mí
que no necesito más que una
un bar debajo del televisor
buenas cortinas
secador de pelo máquina de afeitar
palomitas de maíz olivas y barritas de chocolate
mejor me meto en la cama
me abrigo bien
–buenas mantas, las del hotel, y además, hay calefacción-
y busco una puta en el televisor
–conecte con la red privad de pornografía, canal 98, de pago-
para no dormir sola esta noche.
Del poemario "Habitación de hotel" de Cristina Peri Rossi. Ed: Plaza y Janes. 2007.
Cuadro: "Habitación de hotel", de Hopper.
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