LA POESIA Y LA PINTURA, 1626. Francesco Furini. Galería Palatina, Florencia. "La armonía es más fuerte que la luz"

Descripción de cuadros para Guillermo

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ANÉMONAS DE MATISSE (de Joaquín O. Giannuzzi




Robe violette et anemones, 1937
Museo de Arte de Baltimore
Henry Matisse


Qué materia ligera para el ojo
sometido a presión. Girando
sobre cada eje verde, se agrupan
en explosiones suaves
de rojo, violeta y blanco totalmente recientes
hacia un centro de ingrávidos objetos.
Dominación frontal, casi con nada y al descuido
en la hora indistinta, cuando todo
está bien. Alegrías
de agua liviana en un solo plano. La gracia más conforme
de estar allí como en el campo
de una dulce costumbre. Un poco ebria
la perspectiva asegura
la inestable sociedad de las cosas.
Pero amar el mundo, su abundante presente,
es obtener más luz:
esta celebración de la apariencia
que sin embargo se sostiene hasta el fin.

EL CRISTO DE MANTEGNA (de Joaquín O. Giannuzzi)


Cristo muerto, 1480
Pinacoteca di Brera. Milán
andrea Mantegna





























El cuerpo verde pálido empieza en los pies
avanzado a proa. La ley del espacio
no dio otra opción
que empujar la cabeza hacia el fondo.
En esta yacencia clínica, la divinidad
es sometida a la autopsia
de la perspectiva. La superficie es terrosa
en el rostro de la aflicción, cercado
por cabellos de sombra y abajo
la sangre seca de los cuatro orificios
entregada a la gravitación.
Como prensada, la masa total
se aplasta al planeta
aplazando la gran promesa
por la belleza de la pesado
y la torturada arcilla
de la madre inclinada, su lagrima campesisna.
Este maníático del ojo realista
mantuvo a su padre difunto
sin sepultar por varios días. Quería
saber más de la muerte que el propio modelo,
demorar los límites del cadaver
y definir el cuerpo  místico
por la verdad terrestre de la forme sensible.
Por el moento, la escena
pertence a este mundo. En el sotamo clandestino
se consuma el sacrilegio y afuera
el claro cielo italiano espera su presa.


LOS PIES EN EL CRISTO DE GRUNEWALD (de Joaquin O. Giannuzzi)


La Crucifixion, 1515
Museo Unterlinden, Colmar
Mathias Grünelwald





El nervio expuesto y condenado
hace de todo sufrimiento un principio general.
Todavía es la hora de descenso
y toda carne debe seguir aquí, resolverse
en una pesada concentración.
El tono de la pintura
define el desagüe de la masa desesperada.
La anatomía es gruesa, de tierra sangrada
y allí donde los dedos se enciman
-los caminos de este mundo están bloqueados-
el límite de la torsión es crítico.
La promesa de toda resurrección tiende a la oscuridad
en las fibras musculares, giradas
sobre sí mismas. Cada detalle
aguarda un orgánico estallido,
pero el conjunto fija el tormento hasta el fin de los tiempos.
Un solo clavo y se acaba la vieja danza.