LA POESIA Y LA PINTURA, 1626. Francesco Furini. Galería Palatina, Florencia. "La armonía es más fuerte que la luz"

Descripción de cuadros para Guillermo

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ÁNGULO DOMÉSTICO (de Jorge Guillén)




 




Aquellos muros trazan la intimidad de un ángulo
Tan luminosamente sensible en su reserva
Que a los dos personajes allí dialogadores
-Discursivo el galán, muy cortés la señora-
Se ofrecen en concierto la ventana y un mapa.
El día de una calle, quizá de algún jardín
Acompaña dorando, templando su valor
En vidriera y pared. Continentes, océanos,
Todo converge allí. ¡Qué intimidad de estancia,
Qué azul de terciopelo! La atención es un éxtasis.





Officer and Laughing Girl
Johannes Vermeer, 1657
The Frick Collection, New York




VERMEER (Wislawa Szymborska)







Mientras esa mujer del Rijksmuseum
con esa calma y concentración pintada
siga vertiendo día tras día
leche de la jarra al cuenco
no merecerá el Mundo
el fin del mundo.



LA LECHERA (de Manuel Rivas)


A Carmen, de Corpo Santo, que me crió


Hace siglos, madre, en Delf, ¿recuerdas?,
tú vertías la jarra en casa de Johannes
Vermeer, el pintor, el marido de Catharina Bolnes,
hija de la señora María Thins, aquella estirada,
que tenía otro hijo medio loco,
Willen, si mal no recuero,
 el que deshonró a la pobre Mary Gerrits,
la criada que ahora abre la puerta
para que entres tú, madre,
y te acerques a la mesa del rincón
y con la jarra derrames mariposas de luz
que el ganado de los tuyos apacentó
en los verdes y sombríos tapices de Delft.
La misma que yo soñé en el Rijksmuseum,
Johannes Vermeer encalará con leche
esas paredes, el latón, el cesto, el pan,
tus brazos,
aunque en la ficción en el cuadro
la fuente luminosa es la ventana.
La luz de Vermeer, ese enigma de siglos,
esa claridad inefable sacudida de las manos de Dios,
leche por ti ordeñada en el establo oscuro
a la hora de los murciélagos.

Cansa ver la ciudad, esas fachadas... (de Carlos Pujol)



Vista de Delf
Johannes Vermeer
Royal Pictura Gallery Mauritshuis



Cansa ver la ciudad, esas fachadas
de colores ingenuos, los canales,
todo visto mil veces día a día,
repitiendo el engaño
del tiempo que se va.
La puerta de Schiedam y su reloj,
y la puerta de Rotterdam
con sus torres gemelas,
la vida amurallada que protege
en vano de pretextos tentadores.
Hay una alegoría en esta imagen
de quietud que se mira en un espejo
que finge no existir.

ENCUENTRO CON VERMEER EN DELFT (de Jorge de Sena)


Fui deambulando por las calles,
cruzando unos canales, siguiendo la orilla de otros,
en dirección a la plaza principal,
a los esparcidos bultos que emergían de la quietud
(como en la vista de la ciudad con el petit pan de mur jaume)
pregunto dónde vivió Vermeer.

Nadie lo sabía. Y  fui de calle en calle
hasta llegar a una pequeña tienda
que vendía sencillos recuerdos de la ciudad
(azulejos pequeños, porcelanas, etc., para turistas).

Sonrió, me llevó a otra puerta
que daba a una gran plaza, y me enseño
la placa en al fachada de la casa.

Vista de Delf, 1658-1660
Mauritshuis, La Haya
Vermeer

MUCHACHA CON TURBANTE -La joven del arete de perla- (de Juan Manuel Roca)







Tendrás que cubrir con velos
La botella de vino púrpura,
Los trajes de satén
Dibujados sobre otras formas de mujer.
Serás una espía de la luz.
Al amparo de los candelabros
La vida es sólo un tema,
Un boceto olvidado de dios
A su paso por la casa de Vermeer.
Incansable mucama,
Limpiarás los objetos con un paño
Y con una gasa la luz.
Mirarás nubes en celo
Sobre los techos de Delf,
Nubes blancas como tu cofia de nieve
Reflejada en los vasos de cristal.
La música caminará por una sala
Buscando la blancura de tus pies.
En los talleres del mar
Una ostra talla la perla
Que lucirás en un cuadro de Vermeer.

MUJER EN AZUL LEYENDO UNA CARTA (de Jesús Górriz Lerga)


Mujer leyendo una carta, 1663
Johannes Vermeer



Es un silencio mate,
denso, domesticado,
este que nos ofrece
la mano prodigiosa
de Vermeer. Un silencio
y una quietud que ampara
la inquietante lectura
de la mujer que pone
(¿amor, duda, tristeza?)
su caricia en el pliego
que sostiene en sus manos.

(Delf atardece fuera,
palideciendo el oro
de la luz que declina).

EL GEÓGRAFO SOY YO, Y CON LA MIRADA (de Carlos Pujol)


El geógrafo 1669
Museo Städel,Fráncfort del Meno
Vermeer




El geógrafo soy yo, y con la mirada
perdida abrazo lejanías. Uso
compás para medir lo que en mi mente
es incomensaurable.
Delante de mis mapas y en mi cuarto
miro el vació y veo
el sinfín de los mares y las tierras
que en la distancia puedo dibujar;
como se reconstruye
el perfil minucioso y el azul
de la imaginación.















(del poemario "La pared amarilla")

LA DAMITA QUE BEBE, SU GALÁN... (de Carlos Pujol)


 
Dama bebiendo con un caballero, 1660
Johannes Vermeer
 La damita que bebe, su galán
de pie,  como esperando
ver el efecto que le causa el vino.
Parece un visitante,
no se ha quitado aún capa y sombrero.
O se despide, y ella acopia fuerzas
para decirles adiós. ¿Un episodio
de seducción o compra de favores?
Entre los dos hay una intimidad,
no sabemos cuál es.
Es turbador ese montón de indicios
ambiguos, divergentes,
vemos la vida en todos sus detalles
y nos quedamos sin saber qué pasa.
No hay más explicación.








NI YO MISMO SABRÍA... (de Carlos Pujol)


Muchacha dormida, 1657
Vermeer van Delf
Ni yo mismo sabría 
decir qué es lo que pasa en este cuadro. 
Una historia  se agota en su misterio,  
hasta que se confunde
en rompecabezas muy dudoso, 
con piezas que no existen.  
Hay que dar algo más que esté a las claras 
y que por eso mismo 
se convierta en enigma.
A esa joven que duerme 
delante de la mesa, 
¿la ha vencido el cansancio o la embriaguez? 
¿O se abandona a la desolación 
de cuitas amorosas?
(pinté en la oscuridad 
un Cupido y su máscara).
Tras de la adivinanza está la excusa 
que figurase el sueño 
intangible y vugar:
la puerta a medio abrir, 
y al fondo la pared y su luz ambigua.

DOS HOPPERS (de John Updike)


















A la más pequeña, menos joven
"Muchacha con la máquina de coser"
nos la muestra, pálido perfil oscurecido por su pelo,
trabajando ante un muro naranja mientras el cielo
en columnas de puro azul
se mantiene a la espera tras la ventana.
Está sola y en silencio. La protagonista
de "Habitación de hotel", casi desnuda, mira fijamente
una carta desdoblada sobre sus rodillas descubiertas.
Sus ojos y su rostro están en penumbra. El día
y su ruido sordo de tráfico invisible se mantiene fuera
de la habitación con paredes amarillas, en la que
un bureau nos bloquea el camino y el equipaje
espera a ser pronto deshecho cerca de un sillón
verde desgastado por el sol: felpa de los años treinta.

Hemos estado aquí antes. La luz oblicua,
la mujer sola y atrapada entre los planos
de la pintura. Algún misterioso testigo nos ha invitado
a respirar junto a ellas. La chica que cose,
la carta. Hopper dice: "yo soy Vermeer".



LA JOVEN DE LA PERLA (de Ramón Cote Baraibar)


La muchacha de la perla
Vermeer


Suplicantes me miran tus ojos
como las olas que en alta mar
preguntan entre espumas por sus islas.

Porque ese beso prohibido que todavía aturde
las vocales de nuestros labios
me ha condenado para siempre
a amarte a distancia y a ti,
a permanecer en dolorosa lejanía.

Antes de iluminar con tu perla
la sombra que te reclama y te castiga
te detienes para mirarme por última vez

pidiéndome que te haga compañía,
como si yo, impedido a este lado del tiempo,
pudiera acompañarte,

como si tú, atrapada en un cuarto
de la vieja ciudad de Delft,
hubieras olvidado por completo
que únicamente existes

para despedirte.

 
 
 
(del poemario " Colección privada" Ed: Visor)
 

A GIRL ASLEEP (de Enrique Lihn)


A girl asleep
(Vermeer)





































Desde hace trescientos años
está por despertar la muchacha sentada
a la mesa, en Vermeer, que sueña con los ángeles
pero ligeramente, pues el amor la cela
A su espalda, en un cuadro - sostiene la leyenda -
Cupido está pintado - pintura en la pintura -:
un simulacro doble, y, a sus pies, una máscara
hace juego con él

Al fondo, en el dintel de la puerta entornada
borró el pintor - se dice - la figura
de un hombre enamorado - ¿celoso de ese intruso? -
Y el pintor y nosotros y el no ser de ese joven
entreabrimos in absentia la puerta
contenido el aliento para que el sueño siga
por lo que nos ofrece: el fruto inaccesible.

VERMEER ( de Tomas Tranströmer)

La lección de música. Vermeer





































Mujer de azul que lee una carta. Vermeer







































No un mundo protegido… Justo tras la pared comienza el estrépito
comienza la posada
con risas y rabietas, dentaduras, tañido de campanas
y el cuñado demente, donador de la muerte ante el cual todos deben temblar.

La gran explosión y los pasos tardíos del salvamento,
los barcos que se pavonean el la rada. El dinero que se desliza en el bolsillo equivocado,
exigencias que se amontonan sobre exigencias,
rojos cálices abiertos que sudan presentimientos de guerra.

Desde allí y atravesando la pared entra al luminosos estudio
entra en el instante que vivirá siglos.
Cuadros que se llaman “La lección de música”
o “Mujer de azul que lee una carta”:
embarazada, en el octavo mes, dos corazones golpean dentro de ella.
Detrás de la pared, cuelga un mapa arrugado de la “Terra Incógnita”.

Respirar en calma… Una desconocida materia azul está clavada en las sillas.
Los remaches de oro entraron volando a increíble velocidad
y se detuvieron en seco
como si no hubiesen sido nunca más que quietud.

Zumban los oídos, ya sea por la profundidad o por la altura.
Es la presión del otro lado de la pared.
Hace que cada hecho levite
y afirma el pincel.

Duele atravesar paredes, uno se pone enfermo de eso
pero es imprescindible.
El mundo es uno. Pero las paredes…
Y la pared es parte de ti mismo:
uno lo sabe o no lo sabe, pero así es para todos
salvo para los niños. Para ellos no hay pared.

El cielo claro se ha apoyado en la pared.
Es como una oración al vacío.
Y lo vacío vuelve su rostro hacia nosotros
y susurra
“Yo no estoy vacío, sino abierto”.


(del poemario "El cielo a medio hacer". Ed: Nórdica)

LA MUCHACHA DE VEERMER (Adam Zagajewski)

La muchacha de Vermeer, famosa ahora,
me está mirando. La perla me mira.
La muchacha de Vermeer tiene los labios
rojos, húmedos y brillantes.


Muchacha de Vermeer, perla,
turbante azul: eres la luz,
y yo estoy hecho de sombra.
La luz mira a la sombra con altivez,
con indulgencia, quizá con tristeza.

(del poemario “Tierra de fuego”, Editoral El acantilado)