LA POESIA Y LA PINTURA, 1626. Francesco Furini. Galería Palatina, Florencia. "La armonía es más fuerte que la luz"

Descripción de cuadros para Guillermo

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ALHAMBRA (de Jorge Luis Borges)






















Grata la voz del agua
a quien abrumaron negras arenas,
grato a la mano cóncava
el mármol circular de la columna,
gratos los finos laberintos del agua
entre los limoneros,
grata la música del zéjel,
grato el amor y grata la plegaria
dirigida a un Dios que está solo,
grato el jazmín.

Vano el alfanje
ante las largas lanzas de los muchos,
vano ser el mejor.
Grato sentir o presentir, rey doliente,
que tus dulzuras son adioses,
que te será negada la llave,
que la cruz del infiel borrará la luna,
que la tarde que miras es la última.

EL ADVENIMIENTO (de Jorge Luis Borges)


Soy el que fui en el alba, entre la tribu.
Tendido en mi rincón de la caverna,
pujaba por hundirme en las oscuras
aguas del sueño. Espectros de animales
heridos por la esquirla de la flecha
daban horror a las tinieblas. Algo,
quizá la ejecución de una promesa,
la muerte de un rival en la montaña,
quizá el amor, quizá una piedra mágica,
me había sido otorgado. Lo he perdido.
Gastada por los siglos, la memoria
sólo guarda esa noche y su mañana.
Yo anhelaba y temía. Bruscamente
oí el sordo tropel interminable
de una manada atravesando el alba.
Arco de roble, flechas que se clavan,
los dejé y fui corriendo hasta la grieta
que se abre en el confín de la caverna.
Fue entonces que los vi. Brasa rojiza,
crueles los cuernos, montañoso el lomo
y lóbrega la crin como los ojos
que acechaban malvados. Eran miles.
Son los bisontes, dije. La palabra
no había pasado nunca por mis labios,
pero sentí que tal era su nombre.
Era como si nunca hubiera visto,
como si hubiera estado ciego y muerto
antes de los bisontes de la aurora.
Surgían de la aurora. Eran la aurora.
No quise que los otros profanaran
aquel pesado río de bruteza
divina, de ignorancia, de soberbia,
indiferente como las estrellas.
Pisotearon un perro del camino;
lo mismo hubieran hecho con un hombre.
Después los trazaría en la caverna
con ocre y bermellón. Fueron los Dioses
del sacrificio y de las preces. Nunca
dijo mi boca el nombre de Altamira.
Fueron muchas mis formas y mis muertes.

THE UNENDING GIFT (de Jorge Luis Borges)



     Un pintor nos prometió un cuadro. 
Ahora, en New England, se que ha muerto. Sentí, como otras 
veces, la tristeza de comprender que somos como un sueño. 
Pensé en el hombre y en el cuadro perdidos.
     (Solo los dioses pueden prometer, porque son inmortales)
     Pensé en un lugar prefijado que la tela no ocupará. 

     Pensé después: si estuviera ahí, con el tiempo sería esa cosa 
más, una cosa, una de las vanidades o hábitos de mi casa; aho-
ra es ilimitada, incesante, capaz de cualquier forma y cual-
quier color y no atada a ninguno. 
     Existe de algún modo. Vivirá y crecerá como una música y 
estará conmigo hasta el fin. Gracias, Jorge Larco.
     (También los hombres pueden prometer, porque en la pro-
mesa hay algo inmortal)

DOS VERSIONES DE "RITTER, TOLD UND TEUFEL" (de Jorge Luis Borges)




El caballero, la muerte y el diablo, 1513
Albert Durero


































                         I

Bajo el yelmo quimérico el severo
perfil es cruel como la cruel espada

que aguarda. Por la selva despojada
cabalga imperturbable el caballero.

Torpe y furtiva, la caterva obscena

lo ha cercado: el Demonio de serviles
ojos, los laberinticos reptiles
y el blanco anciano del reloj de arena.

Caballero de hierro, quien te mira
sabe que en ti no mora la mentira
ni el pálido temor. Tu dura suerte

es mandar y ultrajar. Eres valiente
y no serás indigno ciertamente,
alemán, del Demonio y de la Muerte.


                           II

Los caminos son dos. El de aquel hombre
de hierro y de soberbia, y que cabalga,
firme en su fe, por la dudosa selva
del mundo, entre las befas y la danza
inmóvil del Demonio y de la Muerte,
y el otro, el breve, el mio. ¿En qué borrada
noche o mañana antigua descubrieron
mis ojos la fantástica epopeya,
el perdurable sueño de Durero,
el héroe y la caterva de sus sombras
que me buscan, me acechan y tue encuentran?
A mi, no al paladín, exhorta el blanco
anciano coronado de sinuosas
serpientes. La clepsidra sucesiva
mide mi tiempo, no su eterno ahora.
Yo seré la ceniza y la tiniebla;
yo, que parté después, habré alcanzado
mi término mortal; tú, que no eres,
tú, caballero de la recta espada
y de la selva régida, tu paso
proseguirás mientras los hombres duren.
imperturbable, imaginario, eterno.


EL RELOJ DE ARENA (de Jorge Luis Borges)




Está bien que se mida con la dura
sombra que una columna en el estío
arroja o con el agua de aquel río
en que Heráclito vio nuestra locura.

El Caballero, la Muerte y el Diablo. 1513
Albert Durero
 El tiempo, ya que al tiempo y al destino
se parecen los dos: la imponderable
sombra diurna y el curso irrevocable
del agua que prosigue su camino.

Está bien, pero el tiempo en los desiertos
otra substancia halló, suave y pesada,
que parece haber sido imaginada
para medir el tiempo de los muertos.

Surge así el alegórico instrumento
de los grabados de los diccionarios,
la pieza que los grises anticuarios
relegarán al mundo ceniciento

del alfil desparejo, de la espada
inerme, del borroso telescopio,
del sándalo mordido por el opio,
del polvo, del azar y de la nada.

Melancolía. 1514
Albert Durero
¿Quién no se ha demorado ante el severo
y tétrico instrumento que acompaña
en la diestra del dios a la guadaña
y cuyas líneas repitió Durero?

Por el ápice abierto el cono inverso
deja caer la cautelosa arena,
oro gradual que se desprende y llena
el cóncavo cristal de su universo.

Hay un agrado en observar la arcana
arena que resbala y que declina
y, a punto de caer, se arremolina
con una prisa que es del todo humana.

La arena de los ciclos es la misma
e infinita es la historia de la arena;
así, bajo tus dichas o tu pena,
la invulnerable eternidad se abisma.
San Jerónimo en su celda. 1514
Albert Durero
 No se detiene nunca la caída.
Yo me desangro, no el cristal. El rito
de decantar la arena es infinito
y con la arena se nos va la vida.

En los minutos de la arena creo
sentir el tiempo cósmico: la historia
que encierra en sus espejos la memoria
o que ha disuelto el mágico Leteo.

El pilar de humo y el pilar de fuego,
Cartago y Roma y su apretada guerra,
Simón Mago, los siete pies de tierra
que el rey sajón ofrece al rey noruego,

todo lo arrastra y pierde este incansable
hilo sutil de arena numerosa.
No he de salvarme yo, fortuita cosa
de tiempo, que es materia deleznable.

LA SUMA (de Jorge Luis Borges)

Ante la cal de una pared que nada
nos veda imaginar como infinita
un hombre se ha sentado y premedita
trazar con rigurosa pincelada
en la blanca pared el mundo entero:
puertas, balanzas, tártaros, jacintos,
ángeles, bibliotecas, laberintos,
anclas, Uxmal, el infinito, el cero.
Puebla de formas la pared. La suerte,
que de curiosos dones no es avara,
le permite dar fin a su porfía.
En el preciso instante de la muerte
descubre que esa vasta algarabía
de líneas es la imagen de su cara.


(del poemario: Los conjurados, 1985)




Fragmento del Prólogo de "Nueve ensayos dantescos" (de Jorge Luis Borges)

Imaginemos, en una biblioteca oriental, una lámina pintada hace muchos siglos. Acaso es árabe y nos dicen que en ella están figuradas todas las fábulas de las Mil y una noches; acaso es china y sabemos que ilustra una novela con centenares o millares de personajes. En el tumulto de sus formas, alguna -un árbol que semeja un cono invertido, unas mezquitas de color bermejo sobre un muro de hierro- nos llama la atención y de ésa pasamos a otras. Declina el día, se fatiga la luz y a medida que nos internamos en el grabado, comprendemos que no hay cosa en la tierra que no esté ahí. Lo que fue, lo que es y lo que será, la historia del pasado y la del futuro, las cosas que he tenido y las que tendré, todo ello nos espera en algún lugar de ese laberinto tranquilo… He fantaseado una obra mágica, una lámina que también fuera un microcosmos; el poema de Dante (La divina comedia) es esa lámina de ámbito universal.

NUBES ( de Jorge Luis Borges)


(Escrito por Santiago Elso Torralba)

Todos los poemas que, hasta el día de hoy, han ido apareciendo en este blog son, o bien “écfrasis” (término con el que se denomina al poema que describe un cuadro), o bien poemas que algún artista ha ilustrado con su obra pictórica. Écfrasis e ilustración son las dos principales encrucijadas donde confluyen poesía y pintura. En la primera, cada poema está inequívocamente unido al cuadro en el que se inspira; en la segunda, cada cuadro lo estará con los versos que ilustra. Pero hay otros puntos de intersección, otros nudos, otros  cruces donde se producen encuentros y se dan correspondencias entre el mundo de los versos y el de las pinturas. Entre un poema y un cuadro, incluso cuando han sido creados sin ningún tipo de dependencia mutua, siempre es posible encontrar similitudes estéticas. Sucede así con el cuadro que nos evoca vagamente a un poema;  o con el poema nos trae a la memoria el recuerdo de unos versos. Y, aunque forzoso será reconocer que, en estos casos, el paralelismo encontrado entre las obras sólo tendrá un carácter personal o subjetivo, la unión entre las dos permanecerá indisoluble en nuestras mentes.

En mí, algo de esto último sucede entre las dos piezas que a continuación presento. Una pertenece al poeta Jorge Luis Borges y lleva por título “Nubes”; la otra es de un pintor surrealista, el polaco Jacek Yerka, y su título es “La ciudad está aterrizando”. Sé que el poeta no se inspiró en el cuadro para escribir su obra, ni el pintor en el poema para crear la suya. Y, no obstante, siempre que releo este fascinante doble soneto , me parece estar viendo el cuadro; y cuando veo de nuevo este maravilloso cuadro, rememoro igualmente el poema. Algo me dice que un mismo aliento poético inspiró al poeta y al pintor, y que el mismo o parecido mensaje nos traen poema y cuadro.

Algunos, no sin razón, podrán argüir que dicho paralelismo es vano y ficticio, o, en el mejor de los casos, puramente casual, que sólo es una construcción de mi mente. Sin duda es verdad, y nada puedo replicar a esta objeción; salvo que, puestos ya a ser tan racionales, existe al menos una muy clara  y objetiva afinidad pese a todo: la de que ambos dos -poema de Borges y cuadro de Yerka- son incontestablemente admirables.




           NUBES   (de Jorge Luis Borges)

I.

No habrá una sóla cosa que no sea
una nube. Lo son las catedrales
de vasta piedra y bíblicos cristales
que el tiempo allanará. Lo es la Odisea,
que cambia como el mar. Algo hay distinto
cada vez que la abrimos. El reflejo
de tu cara ya es otro en el espejo
y el día es un dudoso laberinto.
Somos los que se van. La numerosa
nube que se deshace en el poniente
es nuestra imagen. Incesantemente
la rosa se convierte en otra rosa.
Eres nube, eres mar, eres olvido.
Eres también aquello que has perdido.

II.

Por el aire andan plácidas montañas
o cordilleras trágicas de sombra
que oscurecen el día. Se las nombra
nubes. Las formas suelen ser extrañas.
Shakespeare observó una. Parecía
un dragón. Esa nube de una tarde
en su palabra resplandece y arde
y la seguimos viendo todavía.
¿Qué son las nubes? ¿Una arquitectura
del azar? Quizá Dios las necesita
para la ejecución de Su infinita
obra y son hilos de la trama oscura.
Quizá la nube sea no menos vana
que el hombre que la mira en la mañana.


The city is landing
(Jacek Yerka)




Otros cuadros de Jacek Yerka: