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LA POESIA Y LA PINTURA, 1626. Francesco Furini. Galería Palatina, Florencia. "La armonía es más fuerte que la luz"
Descripción de cuadros para Guillermo
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CAPELLA SISTINA (de Jorge Eduardo Eielson)
hay personas
correctamente vestidas de gris
con camisa y corbata ciertamente
que a duras penas son personas
personas que se aventuran
con sus mil ojos cerrados
de escarabajos
bajo la cúpula divina
del florentino
personas que se arrodillan
ante sus pantorrillas
y sus inmensos traseros encendidos
antropófagos sin dientes
que ya no muerden
sino admiran sobre la pantalla atroz de la sixtina
en la carnicería final del buonarrotti
el sangriento banquete de un magnate
o una película en colores
sobre hiroshima
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Jorge Eduardo Eielson,
Miguel Ángel
SER ARTISTA (de Jorge Eduardo Eielson)
Es convertir un objeto cualquiera en un objeto mágico.
Es convertir la desventura, la imbecilidad y la basura en
un manto luminoso.
Es una enfermedad deslumbrante.
Es saborear el futuro, oler la inmensidad, palpar la soledad.
Es mirar, mirar, mirar, mirar.
Es escuchar el canto de Giotto.
La sonrisa de Leonardo.
El sollozo de Van Gogh.
El grito de Picasso.
La perfección de Mondrian.
El silencio de Duchamp.
Es desafiar a la razón, a la sociedad,a la época, a la muerte.
Es tener mujer e hijos como si fueran telas y pinceles.
Es tener telas y pinceles como si fueran armas de combate.
Es tener armas de combate como si fueran tubos de colores.
Es tener tubos de colores como si fueran pájaros vivos.
Es pintar el cielo estrellado como si fuera un basural.
Es pintar un basural como si fuera el cielo estrellado.
Es vivir como un príncipe, siendo solamente un hombre cualquiera.
Es vivir como un hombre cualquiera, siendo solamente un príncipe.
Es jugar, jugar, jugar, jugar.
Es cubrirse la cabeza de azul ultramar.
Es cubrirse las manos de amarillo de cadmio.
Es cubrirse el corazón de rojo escarlata.
Es jugarse la vida por una pincelada.
Es despertar todos los días ante una tela vacía.
Es no pintar nada.
Es convertir la desventura, la imbecilidad y la basura en
un manto luminoso.
Es una enfermedad deslumbrante.
Es saborear el futuro, oler la inmensidad, palpar la soledad.
Es mirar, mirar, mirar, mirar.
Es escuchar el canto de Giotto.
La sonrisa de Leonardo.
El sollozo de Van Gogh.
El grito de Picasso.
La perfección de Mondrian.
El silencio de Duchamp.
Es desafiar a la razón, a la sociedad,a la época, a la muerte.
Es tener mujer e hijos como si fueran telas y pinceles.
Es tener telas y pinceles como si fueran armas de combate.
Es tener armas de combate como si fueran tubos de colores.
Es tener tubos de colores como si fueran pájaros vivos.
Es pintar el cielo estrellado como si fuera un basural.
Es pintar un basural como si fuera el cielo estrellado.
Es vivir como un príncipe, siendo solamente un hombre cualquiera.
Es vivir como un hombre cualquiera, siendo solamente un príncipe.
Es jugar, jugar, jugar, jugar.
Es cubrirse la cabeza de azul ultramar.
Es cubrirse las manos de amarillo de cadmio.
Es cubrirse el corazón de rojo escarlata.
Es jugarse la vida por una pincelada.
Es despertar todos los días ante una tela vacía.
Es no pintar nada.
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Jorge Eduardo Eielson
VINCENT (de Jorge Eduardo Eielson)
Lo único que sabemos de Vincent
Es que nunca dormía
Ni comía ni bebía ni amaba
Y que su vida era un misterio. Sabemos
Que tenía ojos y botines enormes
El estómago vacío y el corazón
En el suelo. Que se pasaba las noches
Mirando y mirando una estrella
Sabemos también
Que para él nada era oscuro
Ni tampoco sencillo
Que su pincel no era un pincel
Sino un pájaro vivo
Que lo llenaba de pavor y de alegría
Pero nada sabemos
De su sexo ni de su pobre frente
Repleta de luz como un diamante
Vincent decimos con amargura
No era como nosotros
Criaturas cubiertas de sombra
Nietos de un esplendor
Que ya no existe. Pero tampoco él
Nos devolvió el fulgor perdido
La santidad de su arte
No nos libró del mal
Ni de los trapos sucios
De la vida. Nos deja solamente
Sollozos cuervos girasoles
Una oreja cortada y una pipa de madera
La destartalada luz de sus zapatos
Nos deja su mirada pura
El cielo brillante de Arles
Y una silla amarilla.
No es mucho probablemente
Pero desde entonces
La noche estrellada
No es obra de Dios sino de Vincent
Es que nunca dormía
Ni comía ni bebía ni amaba
Y que su vida era un misterio. Sabemos
Que tenía ojos y botines enormes
El estómago vacío y el corazón
En el suelo. Que se pasaba las noches
Mirando y mirando una estrella
Sabemos también
Que para él nada era oscuro
Ni tampoco sencillo
Que su pincel no era un pincel
Sino un pájaro vivo
Que lo llenaba de pavor y de alegría
Pero nada sabemos
De su sexo ni de su pobre frente
Repleta de luz como un diamante
Vincent decimos con amargura
No era como nosotros
Criaturas cubiertas de sombra
Nietos de un esplendor
Que ya no existe. Pero tampoco él
Nos devolvió el fulgor perdido
La santidad de su arte
No nos libró del mal
Ni de los trapos sucios
De la vida. Nos deja solamente
Sollozos cuervos girasoles
Una oreja cortada y una pipa de madera
La destartalada luz de sus zapatos
Nos deja su mirada pura
El cielo brillante de Arles
Y una silla amarilla.
No es mucho probablemente
Pero desde entonces
La noche estrellada
No es obra de Dios sino de Vincent
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