LA POESIA Y LA PINTURA, 1626. Francesco Furini. Galería Palatina, Florencia. "La armonía es más fuerte que la luz"

Descripción de cuadros para Guillermo

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LA BELLEZA ARREBATA LAS PALABRAS QUE INTENTAN PROCLAMARLA (de Aníbal Núñez)



De la mutilación de las estatuas
a veces surge la belleza, de los
capiteles truncados cuyo acanto
cayera en la maleza entre el acanto:
perfección del azar que nada tiene
que hacer para ser símbolo de todo
lo que se quiera.
                             Triste
belleza –nunca es triste
la piedra en su lugar, nunca fue triste
la maleza en el suyo –la del símbolo.
Pues el azar que rompe la voluta,
cercena gestos imperecederos,
es el mismo que quiebra la hermosura
de edificios de sangre.
                                       Sólo quise
decirte –y me han salidos dos acantos
y tres tristes- que nada
hay para mí más bello que el ver que estás alegre
y  viva.




DISPUTA DE ERUDITOS ANTE "EL SUEÑO DE LA DONCELLA" -Lorenzo Lotto- (de Aníbal Núñez)


"Nuestro cuadro presenta, bajo una luz huidiza,
un bosque en que dos sátiros enmarcan
-en hermoso contraste- a una figura
que, si lloviera oro, sería Dánae..."

"Pero son flores lo que llueve
sobre la amada del poeta:
Laura, dice el laurel, es la doncella
cuya actitud amanerada
no ha podido explicarse satisfactoriamente..."

Actitud que sería de desprecio
si la pintura oyese.

El sueño de la doncella
Lorenzo Lotto




































DESDE ESTE ESCONDITE PUEDO VER LA BATALLA (de Aníbal Núñez)


Batalla entre Alejandro y Dario en Isso
Altdorfer



La batalla de Alejandro en Isso, 1529
Alte Pinakothek, Munich
Albrecht Altdorfer
Desde este escondite puedo ver la batalla,
pero prefiero ver ponerse el sol
(el sol y sus celajes
de jaspe que han estado
ensayando este ocaso desde el alba)

No sabe el sol -es ciego- que ilumina no sólo
el lago, las montañas
erizadas, las torres, los tejados, las tiendas
de lona, los velámenes...
sino algo más en ruinas que aún humea

Sí, ya sé que se lucha a vida o muerte,
que vuelan estandartes, que enarbola
el corazón coraje y una pica
una cabeza hostil ensangrentada

Sé que se juega el mundo
y que las huestes blancas
cuentan con el apoyo de los dioses

Quiero mirar al horizonte: todos
los días no se ve un atardecer
así. No me preguntes por el combate; corre,
si quieres y pregunta a algún macero
qué causa ha convocado tanta sangre

Yo sigo aquí: ninguna
flecha puede perderse donde nadie la llama
las ramas me protegen y las rocas
y nada me separa de la savia

Y, tras de la contienda, recordar
cómo con el silencio que sigue a los combates
cristaliza hasta el fango. -El pasto calcinado
tiene afán de azabache,
las ruinas humeantes prefiguran trofeos

Entre las hendiduras,
bullendo entre las rectas y las volutas, otros
seres terceros, más menesterosos,
su buscan -han caído-: su semilla no vuela,
son fuego sin volcán, lava sin dueño.




MELANCOLÍA - Durero- (de Aníbal Núñez)



Melancolía, 1514
Frankfurt am Main,Städel Museum
Albert Durero

¿Para qué proseguir con el trabajo
de Babel si hay señales en el cielo
de que llega el reinado de Saturno?
Sierra, garlopa, regla, esfera, clavos,
martillo que ha tallado un poliedro
se ofrecen de alimento a las raíces,
que no van a tardar como tampoco
el compás en caerse de tus manos.

Porque el reloj de arena y la campana
no pueden recordarte los horarios
del afán, te ha surgido esas dos alas
y alguien ha coranado tu cabeza.

Dieciséis, tres, dos trece;
cinco, diez, once, ocho;
nueve, seis siete, doce;
cuatro, quince, catorce, uno. Es la suma
-en diagonal incluso- en cada hilera
treinta y cuatro. ¡Que sea...! Que se afane
cupido en apuntar cuentas y dardos
sobre la piedra del molino inmóvil.

Ya no quieren saber nada tus ojos
de la llaves del Número, que penden
muertas de tu cintura. Ya se apaga
el crisol. Tu mirada se ha asomado
más allá de la bóveda celeste
y espera que descienda de los astros
la abolición de toda Geometría.





LA MUCHACHA CIEGA -Millais- (de Aníbal Núñez)


La muchacha ciega, 1855
Birmingham Museum and Art Gallery
 John Everett Millais




Te has sentado de espaldas a un arco iris doble
que no ves pero sientes: tus mejillas
aún húmedas de lluvia se encienden
-ha venido
el sol tan de repente, con tan buenas
palabras, que el rubor... -. En tu harapiento
regazo se entreabre
tu anciano acordeón con un suspiro.

Oyes pastar, revuelto de plumajes
azules. La campana
del santuario gótico está a punto
de tocar a oración. Tu frágil guía
olfatea en tu mantilla: huele a hermana
mayor, a estambre húmedo,
a todos los caminos.

Por fijarme
en una mariposa roja y negra,
que se posó en tu hombro sin que tú lo notaras
-así llega la muerte a los arcángeles-,
no he visto que tu mano
derecha acariciaba una corola
blanca. ¿Cómo has sabido que era blanca?

LA DERELITTA - Botticelli- (de Aníbal Núñez)

La derelitta, 1495
Palacio Pallavicini Rospigliosi, Roma
Sandro Botticelli

Lienzos de la tragedia por las gradas
tendidas a cordel. Se han congelado
el rosa, el siena, el gris. Desventurado
el que tiene las puertas clausuradas.

Clausuradas están. Soñar espadas
contra el bronce tenaz es un pecado
de inocencia. No hay llave ni candado
que te abran paso al Reino de las Hadas.

No te tapes la cara: nada puedes
hacer contra la faz del abandono
si ya pasó el umbral de tus retinas.

Por más que trates de abolir el trono
de la ausencia con llanto, las paredes
del dolor ya han formado cuatro esquinas.

EL PRÍNCIPE BALTASAR CARLOS –Velázquez- (de Aníbal Núñez)


  
¿Indica posesión de algún paisaje
el que sirva de fondo a tu retrato?
No, alteza; acaso eso crees tú bajo ese palio
–o sobre tu montura imaginada-
que te ofrecen el roble y el artista
que lo pintó por orden del sentido
de la composición. Nadie posee
lo que no sabe ver. Si das la espalda
a todo un territorio de matices,
¿cómo van a ser tuyas las montañas?
Son del pintor. No siempre. A veces pierde
la vista en recoger –es suya entonces-
tu candidez, tu gracia, que tampoco
será  tuya por mucho tiempo, príncipe:
tu altivez borrará tu donosura,
a no ser que la muerte antes lo haga.



VENUS CON EL AMOR Y LA MÚSICA Y VENUS RECRÁNDOSE EN LA MÚSICA -Tiziano- (de Aníbal Núñez)


Venus con el Amor y la Música
Museo del Prado
Tiziano





Venús recreándose en la Música
Museo del Prado
Tiziano


























Ha caído la tarde en la alameda
que converge en lo azul, sigue posada
en al fuente del sátiro (otra fuente
para la misma sed) la misma ave
de Juno; la pareja de amadores
y el ciervo se ha quedado suspendidos
en su apresuramiento hacia la nada.

Y tú, Venus de espuma, haces el mismo
caso al perrito fiel o al vil Cupido
-sólo un ligero cambio de aderezo
te hace seguir hermosamente vana.

Por más que se enmascare la Medusa
detrás de la carátula y el bozo
no sea tal bozo ya, todo prosigue:
la música inspirándose en tu pubis
y el cielo como única esperanza.




LE FENDEUR DE BOIS - Millet- (de Aníbal Núñez)



Le fendur de bois, 1855
Museo del Louvre
Francois Millet

Ese olor a resina, ese contorno
de leña palpitante – que si deja
pasar algo es la luz– bien te protege
de la rueda dentada en la que pones
toda tu ciega fe.
                            
                            (De aquella cinta
tricolor de Progreso, como ahorcado
penderá la ilusión de que tus nietos
no huelan a corteza).

                            Si supieras
que no, que ya ni huelen – que si huelen
a alguna cosa es a falso prado
debajo de los hombros–..., que del bosque
donde humea tu cabaña ya no queda  
– es una carretera– sino prisa
para olvidar del todo a los abuelos…,
buscarías una rama que pudiera contigo
o pondrías fuego a toda
–excepto a–  la madera de tu féretro.

ULISES Y CALIPSO -Böcklin- (de Aníbal Núñez)




Ulises y Calipso
Arnold Böcklin
 

























Una roca de pórfido en la playa
busca en el horizonte alguna vela
tejida por Penélope.

La lira
es un trasto inservible, un cepo inútil
en manos de la diosa de caliza
que, siguiendo el ejemplo de la gruta,
comienza a bostezar; ha sido en vano
llenarle de corales.

Las caricias
que aprendiste del mar, reina de alciones,
no hacen mella en la roca que quisiera
poder volar a Ítaca.




(del poemario "Figura en un paisaje")



VISTA DEL JARDÍN DE VILLA MÉDICIS (de Anibal Núñez)



Vista del jardín de la Villa Médicis
Diego Velázquez
 
Cuando se vayan esos tres lacayos
y cese su tarea misteriosa
–Qué hace en la balaustrada uno de ellos
desplegando ese lienzo?: pareciera
que pone una mortaja a muertas piedras
como si reclamaran los cipreses
un aire funeral – debo acercarme
a ver por las rendijas de esas tablas.

Qué habrá? No sé. La estatua
no esclarece el misterio, nada quiere
saber: es muda piedra. Me imagino
que nada malo habrá tras ese arco
donde la sombra es sólo mera ausencia
de la luz otoñal que todo invade.







(del poemario "Figura en un paisaje" )