LA POESIA Y LA PINTURA, 1626. Francesco Furini. Galería Palatina, Florencia. "La armonía es más fuerte que la luz"

Descripción de cuadros para Guillermo

Mostrando entradas con la etiqueta Van Eyck. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Van Eyck. Mostrar todas las entradas

GIOVANNI ARNOLFINI Y SU ESPOSA – De Jan Van Eyck- (de Hebert Abimorad)



cabe tanto
en este pequeño mundo
en esta inmensidad
de colores radiantes
las manos invitan a entrar
toda escena seductora
esconde algo
dudo antes de atravesar el umbral
de la habitación confortable
donde la luz ilumina y unifica
suavidad en la prendas de vestir
quiero entrar me detengo
es una trampa
el brillo del metal pulido
la talla de ebanistería
¿qué se esconde?
en esos objetos corrientes
la cualidad mística atrapa
ellos se aman
una mano en alto indica
un juramento sin sacerdotes
boda con testigos
ocultos en el espejo de la puerta
sin atreverse a entrar
el artista da testimonio
de su presencia en la habitación
cae en la trampa
escribiendo con escritura florida
Jan Van Eyck estuvo aquí
y añade la fecha
una vela encendida en el candelabro
un perrito representa la fidelidad
los frutos sobre el arca
el alféizar
rosarios de cristal cuelgan de la pared
los dos personajes están descalzos
unas zapatillas a la izquierda  
en el pirmer plano
otras en el centro al fondo
símbolos camuflados
ellos no escaparán
son la trampa de la habitación.

AQUÍ CON LA SEÑORA ARNOLFINI (María Mercedes Carranza)

Bueno, Señora, Arnolfini, es
el momento de que se decida.
Está muy bien
que mire a su esposo con ojos de
oh dulces prendas por mí bien halladas
pero va siendo hora de que tenga su hijo
y de que ingiera las naranjas,
porque no todo es dulce
y alegre cuando Dios quería
y de pronto empiezan las naranjas
–digo- a oler a feo. No
me explico por qué sigue posando,
si hasta el mismo Van Eyck está requete-
muerto
y su pinocho –perdone- su marido ya no es
el hábito del alma suya, pues es
sabido que últimamente las señoras
prefieren otras fibras.
Venda su palacio y sus alhajas
y recorra el mundo en auto-stop; beba
la pausa que refresca, compre
lo que tarde o temprano será
un Philips y lea el Reader´s Digest;
dedíquese a coleccionar llaveritos y
hágase al cirugía plástica; después
tome barbitúricos. Haga algo señora
para no verla morir entre memorias tristes,
como tanto les ocurre a las palomas
en la Piazza della Signoria.