LA POESIA Y LA PINTURA, 1626. Francesco Furini. Galería Palatina, Florencia. "La armonía es más fuerte que la luz"

Descripción de cuadros para Guillermo

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CARMENCITA -Sargent- (de Manuel Machado)




      Esta española yanki, y tan francesa,
que es toda España —para el mundo— tiene
un ardor en los ojos, que le viene
de un corazón de virgen satiresa.

Mística, y tan carnal, sabe de amores
únicos y de espamos indecibles.
Y coloran sus labios los terribles
rojos de las heridas y las flores.

Pasión rugiente duerme en su ancha ojera,
y en el seno magnífico, que exulta,
un gran valor y un miedo milenario...

Puesta la mano en la gentil cadera,
junto de la morena carne oculta
una navaja y un escapulario.




La Carmencita. 
John Singer Sargent, 1890
Musée d'Orsay, París
 

ZURBARÁN - ENTIERRO DE UN MONJE- (de Manuel Machado)




Exposición del cuerpo de San Buenaventura. 
Francisco de zurbarán, 1629. 
Museo del Louvre, París
Dejando la quietud de los sitiales, 
en procesión de lívida gordura, 
surgen del claustro, en la humedad oscura, 
las blancas estameñas monacales. 

Campanudos acentos funerales
estremecen la vieja arquitectura, 
y el blanco vaho del alba se aventura 
por las altas ventana ojivales.  

Despojos son no más, miseria inerte,
polvo que torna, en brazos de la muerte,
a devolver sus átomos al suelo: 

que el blanco monje, de virtudes muestra, 
rodeado de santos, a la diestra 
de Dios Nuestro Señor, está en el Cielo.

LA LECCIÓN DE ANATOMÍA (de Manuel Machado)



La lección de anatomía del Dr. Nicolaes Tulp, 1632
Rembrandt
Mauritshuis, La Haya



























Los enemigos de la luz -rincones
y entrañas- surgen, por la vez primera,
en tremedas y fúlgidas visiones
de atroz verdad y resplandor de hoguera.

Lumíneos ocres, cálidos carmines,
ebúrneas y rosadas morbideces,
dejaron los dorados camarines
para ser sangre, podre y livideces.

Fue Rembrandt, cuyo nombre al mundo asombra,
artista poderoso e insensato,
pincel-puñal de palpitante nervio...

Fue Rembrandt, vencedor de luz y sombra;
y el dolor tuvo su primer retrato,
y la miseria su pintor soberbio.

DOÑA JUANA LA LOCA -VAN LAETHEM- (de Manuel Machado)


Retablo con retrato de Felipe el Hermoso y Juana la Loca
Museo d'Art Ancien, Bruselas
Jacob Van Laethem






Hierática visión de pesadilla,
en medio del paisaje está plantada
- alto el brïal y la color quebrada -,
la Reina Doña Juana de Castilla.

Liso el pelo a ambos lados de la frente,
bajo el velludo de la doble toca...
Ausente la palabra de la boca,
y de los ojos el mirar ausente.

Abierto el regio y blasonado manto,
como una flor enferma, el débil talle
deja ver, encerrado en el corpiño.

Y en una lejanía - más no tanto
que se pierda el más mínimo detalle -
hay el paisaje que soñara un niño.

UN PRÍNCIPE DE LA CASA DE ORANGE (de Manuel Machado)


James Stuart, Duke of Richmond and Lennox
Anthony Van Dyck

A este joven señor, tan bellamente 
vestido, blanco el traje y la gorguera, 
blanca la tez, envuelve en luz poniente 
el oro viejo de su cabellera. 

De su apostura la elegante gracia 
tiene una laxitud de laxitudes, 
y en el pecho, podridas, las virtudes 
de su clara y fatal aristocracia. 

Tedio y desdén en la orgullosa frente, 
vago pesar en la mirada infausta...., 
lujosísima espada en joyas rica. 

Cruza una banda el busto indiferente. 
Blanca mano espectral, de sangre exhausta, 
y en la mano un limón, que significa...

L´INDIFFERENT -Watteau- (de Manuel Machado)



L'ndifferent
Watteau






Galán desmemoriado y elegante,
surge en un grácil paso de gavota,
mientras la fuente frívola borbota
el soso y frío madrigal constante.

A la señora de Tourvel – su filis-
envío, en un billete perfumado,
un acróstico -¡oh celos!-dedicado
a las letras del nombre de Amarilis.

Y ella, furiosa con la Mariscala,
rompió, indignada, dos preciosos Sèvres
y una preciosa túnica de encaje…

El dijo bien una disculpa mala….
Salio; y, huyendo las celosas fiebres,
corre las gratas frondas del paisaje.

LOS FUSILAMIENTOS DE LA MONCLOA (de Manuel Machado)

El tres de mayo de 1808
(Goya)


























Él lo vio... Noche negra, luz de infierno...
Hedor de sangre y pólvora, gemidos...
Unos brazos abiertos, extendidos
en ese gesto de dolor eterno.

Una farola en tierra casi alumbra,
con un halo amarillo que horripila,
de los fusiles la uniforme fila
monótona y brutal en la penumbra.

Maldiciones, quejidos... Un instante,
primero que la voz de mando suene,
un fraile muestra el implacable cielo.

Y en convulso montón agonizante,
a medio rematar, por tandas viene
la eterna carne de cañón al suelo.

LA GIOCCONDA (de Manuel Machado)


La Gioconda
(Leonardo da Vinci)




Florencia, flor de música y aroma,
patria del gran Leonardo, inenarrable
madre de lo sutil y lo inefable...
Florencia del león y la paloma.

Mona Lisa sonríe, Madona Elisa
mira pasar los siglos sonriente.
Y nosotros también eternamente
llevamos en el alma su sonrisa.

Sonríe la Giocconda...¿Qué armonía,
qué paisaje de ensueño la extasía?
¿Por dónde vaga su mirar velado?...

¿Qué palabra fatal suena en su oído?...
¿Qué amores desentierra del olvido?...
¿Qué secreto magnífico ha escuchado?...

CARLOS V DE TIZIANO (de Manuel Machado)


El que en Milán nieló de plata y oro
la soberbia armadura; el que ha forjado
en Toledo este arnés; quien ha domado
el negro potro del desierto moro...

El que tiñó de púrpura esta pluma,
que al aire en Mulberg prepotente flota,
esta tierra que pisa, y la remota
playa de oro y de sol de Moctezuma...

Todo es de este hombre gris, barba de acero,
carnoso labio socarrón y duros
ojos de lobo audaz, que, lanza en mano,

recorre su dominio, el Mundo entero,
con resonantes pasos, y seguros.
En este punto lo pintó el Tiziano.

LAS MUJERES DE ROMERO DE TORRES (de Manuel Machado)


Carmen de Códoba. Julio Romero de Torres

Rico pan de esta carne morena, moldeada
en un aire caricia de suspiro y aroma...
Sirena encantadora y amante fascinada,
los cuellos enarcados, de sierpe o de paloma...

Vuestros nombres, de menta y de ilusión sabemos:
Carmen, Lola, Rosario... Evocación del goce,
Adela... Las Mujeres que todos conocemos,
que todos conocemos ¡y nadie las conoce!

Naranjos, limoneros, jardines, olivares,
lujuria de la tierra, divina y sensual,
que vigila la augusta presencia del ciprés.

En este fondo, esencia de flores y cantares,
os fijó para siempre el pincel inmortal
de nuestro inenarrable Leonardo cordobés.

EL CABALLERO (Manuel Machado)

Este desconocido es un cristiano
de serio porte y negra vestidura,
donde brilla no más la empuñadura,
de su admirable estoque toledano.

Severa faz de palidez de lirio
surge de la golilla escarolada,
por la luz interior, iluminada,
de un macilento y religioso cirio.

Aunque sólo de Dios temores sabe,
porque el vitando hervor no le apasione
del mundano placer perecedero,

en un gesto piadoso, y noble, y grave,
la mano abierta sobre el pecho pone,
como una disciplina, el caballero.